Miguel Díaz-Canel, ¿un futuro Lenín Moreno?

El primer vicepresidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel. (EFE)
Miguel Díaz-Canel, el actual vicepresidente cubano, verá morir a la generación histórica que ahora mismo lo considera un advenedizo manejable. (EFE)

Cada gobernante marca su impronta. Hace más de una década Fidel Castro abandonó el poder y su hermano le prometió continuidad, pero desmanteló los preuniversitarios en el campo, el ejército de trabajadores sociales y las tribunas abiertas antiimperialistas. En febrero próximo Miguel Díaz-Canel puede asumir la presidencia de Cuba y quienes creen que seguirá al pie de la letra el guion subestiman los avatares de la política.

En los últimos días las noticias sobre la crisis venezolana no han logrado apagar el impacto político de lo que ocurre en Ecuador. El país, que hasta hace poco estaba liderado por un hombre de discurso arrogante y maneras agresivas contra la prensa o sus adversarios, tiene ahora un mandatario de talante más sosegado que –a toda velocidad– está marcando distancias con su predecesor.

Lenín Moreno llegó al poder envuelto en la polémica sobre un acomodo de los votos a su favor. En junio pasado, durante una conferencia en Madrid, su principal contrincante electoral, Guillermo Lasso, definió aquella victoria sin miramientos: "en febrero se produjo el más descarado fraude que se haya visto en el Ecuador", expresó. Las dudas sobre la limpieza de los comicios y la cercanía del candidato oficialista a Rafael Correa no auguraban nada bueno.

Sin embargo, pocos meses después de asumir el más alto cargo del Estado, Moreno parece dispuesto a trazar su propio camino. Tiene grandes motivos para separarse de Correa porque el escándalo de la constructora brasileña Odebrecht le pisa los talones a la anterior administración y el país tiene una deuda superior a los 41.000 millones de dólares. Una cifra que el presidente saliente intentó maquillar antes de irse pero que ha sido finalmente revelada por el actual ejecutivo.

Pocos meses después de asumir el más alto cargo del Estado, Moreno parece dispuesto a trazar su propio camino

Moreno ha llegado a conversar con varios opositores, entre ellos el expresidente Abdalá Bucaram (1996-1997) exiliado durante años en Panamá. Este es un paso que evidencia un claro cambio de rumbo del Palacio de Carondelet, que hasta hace poco combatía las diferencias políticas a golpe de insultos y amenazas.

Esta semana, la diferencia entre ambos escaló un paso más y Moreno vació de poderes al vicepresidente, Jorge Glas, una especie de tutor dejado por Correa para velar por el curso de la llamada Revolución Ciudadana. El cisma amenaza con fracturar al partido Alianza País, sacudido entre los que apoyan al expresidente y quienes claman porque se respete la decisión del actual mandatario.

Desde la lejana Bélgica, Correa arde de ira ante lo que considera una traición. Su impetuoso carácter, que diez años de estancia en el poder alimentaron aún más, lo ha llevado a escribir en la red social Twitter numerosos mensajes críticos contra Moreno. El sucesor se ha convertido así en antagonista y se ha negado a seguir la ruta que el economista de 54 años dejó definida para su colega de partido.

En estos meses Moreno, como le ocurrirá a Díaz-Canel, ha tenido que poner la cara ante su pueblo y la comunidad internacional

En estos meses Moreno, como le ocurrirá a Díaz-Canel, ha tenido que poner la cara ante su pueblo y la comunidad internacional. Se ha percatado de que una cosa es ser el benjamín designado, mientras que otra bien diferente es tomar el timón en la sala de mando de un país que ha sido durante largo tiempo gobernado bajo el capricho de un hombre. Liderar con cierta eficiencia la nación pasa, en ambos casos, por romper con quienes los colocaron en esos cargos.

Las diferencias son marcadas entre el caso ecuatoriano y el cubano. Mientras el Gobierno de Rafael Correa duró una década, en la Isla los hermanos Castro han controlado cada detalle de la economía y la política por más de medio siglo. La huella que dejó el correísmo en Ecuador es intensa y se evidencia en una mayor polarización junto a un debilitamiento de la sociedad civil, pero el efecto del castrismo es mucho más profundo.

Moreno ha logrado distanciarse de su antecesor entre otras razones porque existen en el país estructuras democráticas que lo respaldan en ese empeño, algo lejos del panorama cubano. A pesar de los cuestionamientos internacionales sobre su llegada a la presidencia, el ecuatoriano cuenta con el beneplácito de la mayor parte de los Gobiernos de la región y de los organismos internacionales. Alguno de los cuales lo ven como un preocupado administrador que intenta poner orden en el manicomio.

Sentado en la silla presidencial y con el guion de cada paso escrito sobre la mesa, Miguel Díaz-Canel se enfrentará al dilema de tener que tomar sus propias decisiones

Miguel Díaz-Canel, menos carismático y más gris, tendrá a su favor la biología. Mientras no se puede descartar que Rafael Correa ponga punto final a su retiro belga e intente rescatar la presidencia ecuatoriana, el actual vicepresidente cubano verá morir a la generación histórica que ahora mismo lo considera un advenedizo manejable, sin batallas ni muertos que mostrar a su favor.

No obstante, el abismo económico que el delfín isleño encontrará será aún más insondable. El país que recibirá en febrero vive un proceso de estancamiento económico, no ha logrado superar la dualidad monetaria, experimenta un frenazo en la expansión del sector privado y ni siquiera ha podido convencer a un número significativo de inversionistas extranjeros para poner su dinero en la Isla.

Sentado en la silla presidencial y con el guion de cada paso escrito sobre la mesa, Miguel Díaz-Canel se enfrentará al dilema de tener que tomar sus propias decisiones. Con las miradas de los comandantes y generales fijas en su nuca, es probable que opte por la sumisión. Pero algo de su impronta, de su personalidad, se irá colando en la agenda. Un día, por valentía o por miedo, terminará dándole algunos golpes mortales al castrismo.

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