El pesado legado de 'Furry'

El general Abelardo Colomé Ibarra, alias 'Furry', ministro del Interior desde 1989 hasta su renuncia, este lunes (EFE/Alejandro Ernesto)
El general Abelardo Colomé Ibarra, alias 'Furry', ministro del Interior desde 1989 hasta su renuncia, este lunes (EFE/Alejandro Ernesto)

Todo cubano tiene un ministro a cargo de sus asuntos, pero el del Interior se ocupa de todos. Esa ha sido la razón por la que cuando alguien dice "El ministerio" todo el mundo sobreentiende que se habla del Minint, esa macro entidad que controla, entre otros, la inmigración, los bomberos, las tropas guarda-fronteras, las oficinas del carné de identidad, la policía y ese colosal aparato que de manera genérica se denomina "los órganos de la Seguridad el Estado".

Abelardo Colomé Ibarra fue hasta ayer, y desde 1989, el todopoderoso ministro del Interior. Su larga hoja de servicio comienza el 30 de noviembre de 1956, cuando se une a los revolucionarios que tomaron la ciudad de Santiago de Cuba para apoyar el desembarco de los expedicionarios del Granma. Terminó la guerra contra Batista con grados de comandante, cuando todavía no había cumplido los 20 años y desde entonces ha sido ese hombre de confianza del Gobierno (especialmente de Raúl Castro, por haber sido jefe de su escolta) al que se le han encargado misiones como ser el jefe de la Seguridad del Estado, dirigir la policía o comandar la guerra de Angola.

Furry, como le dicen sus allegados, fue hasta este lunes uno de esos siete hombres vivos y en activo que aparecen en la lista, casi nunca desglosada, de la generación histórica de la Revolución. Su condición de fundador del primer Comité Central del Partido Comunista y de la Asamblea Nacional del Poder Popular, sumado a su denominación de Héroe de la República de Cuba, avalan los méritos que le han permitido hacer algo inusual: renunciar a su cargo y recibir un homenaje.

Hace ya unos años que circulaba el rumor sobre su deteriorado estado de salud, pero se le seguía teniendo como uno de los decisores de la política del Gobierno y eso también lo hace responsable de los asuntos más turbios como el hundimiento del remolcador 13 de marzo en julio de 1994, el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en febrero de 1996, la detención en la primavera de 2003 de 75 opositores y las muchas veces denunciadas pésimas condiciones de los centros penitenciarios cubanos. Bajo el mandato de Furry murió el activista Orlando Zapata Tamayo, a principios de 2010, después de una prolongada huelga de hambre sobre la que se ha denunciado que los carceleros le negaron el agua.

A 'Furry' se le seguía teniendo como uno de los decisores de la política del Gobierno y eso también lo hace responsable de los asuntos más turbios

¿Quién no sabe que resulta casi imposible organizar un mitin de repudio sin la anuencia de la Seguridad del Estado? Cuando cada domingo se llevan a cabo operativos en diferentes provincias para reprimir a las Damas de Blanco, al final hay un informe que termina en el despacho del ministro. Detrás de cada una de esas detenciones breves y arbitrarias, de las golpizas, los asaltos a viviendas de opositores, los registros, ocupaciones de medios, han estado el Minint y Furry.

Durante todos los años que duró el humillante "permiso de salida" para viajar fuera del país, las listas de quién salía y quién no eran confeccionadas en esa institución. De igual manera, de esas oficinas ha salido –sale todavía– la negativa a que un cubano residente en el exterior pueda regresar a su país, ni siquiera de visita.

Según los enterados, Colomé Ibarra pasaba cada vez menos tiempo en su oficina y le correspondía al viceministro, Carlos Fernández Gondín, ocuparse de todo. La designación del general de división Gondín, también miembro del Comité Central del PCC y diputado a la Asamblea Nacional, como nuevo ministro del Interior no ha sido una sorpresa, pero despeja los rumores que insinuaban la promoción al cargo de Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro.

Dentro de seis meses Fernández Gondín será probablemente ascendido al Buró Político como parte de la renovación que se espera del próximo VII Congreso del PCC. Su rostro pocas veces aparece en los medios y tiene reputación de ser fiel e inflexible. En pocos años, cuando ya no quede nadie de la generación histórica tomando decisiones, él se verá rodeado de personas a las que no debe obediencia y de las que sabe mucho porque habrá leído los informes secretos de cada uno. Eso puede ser interpretado como una mala noticia para el futuro de Cuba.

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