Por qué Obama tiene razón respecto a Cuba

El argumento de un republicano sobre la política de Obama hacia Cuba

Obama durante su discurso
Obama durante el discurso del 17 de diciembre en el que anunció su cambio de política hacia Cuba

Nací en La Habana en noviembre de 1953, seis años antes de que Fidel Castro encabezara la revolución en Cuba. En julio de 1960 mi familia huyó a los Estados Unidos en busca de libertad. Como muchos cubanos, dejamos atrás parientes cercanos, un negocio, propiedades y recuerdos. Perdimos todo.

La decisión de mis padres de buscar el exilio en los Estados Unidos ha sido el acontecimiento más importante de mi vida. Gracias a su visión, y a la seguridad y las oportunidades en este país, he alcanzado un éxito en lo personal y profesional mucho mayor del que habría imaginado cuando era un niño de siete años refugiado en Miami. Me hice ciudadano, hice mi vida como nuevo estadounidense y me convertí en fanático de los Yankees de Nueva York.

En diciembre de 2014, al igual que muchos compañeros republicanos y cubano-americanos, critiqué al presidente Obama cuando anunció que su Gobierno comenzaría a normalizar las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Tras años de hostilidades y fallidos intentos de distensión, me pregunté entonces: ¿quiere realmente el Gobierno de Cuba tener mejores relaciones con Estados Unidos, o se trata simplemente de una jugada de ajedrez en un juego desgastado? Después de todo, Obama no es el primer presidente que trata de cambiar la relación con Cuba, pues la revolución de Castro ha sobrevivido a 10 presidentes de Estados Unidos.

Hoy, por primera vez en 56 años, me siento cautelosamente optimista. Veo una luz de esperanza porque, al Cuba permitir una cierta cantidad de emprendimiento empresarial, y con muchas compañías estadounidenses entusiasmadas por entrar a este nuevo mercado, verdaderamente podríamos ayudar a los cubanos.

"Al Cuba permitir una cierta cantidad de emprendimiento empresarial, y con muchas compañías estadounidenses entusiasmadas por entrar a este nuevo mercado, verdaderamente podríamos ayudar a los cubanos"

Mi carrera de 30 años en la empresa Kellogg me enseñó que las compañías pueden tener un impacto transformador e inspirador en la comunidad y en la sociedad. Por esa convicción, siempre me he sentido orgulloso de ser republicano.

Como secretario de Comercio del Gobierno de George W. Bush, fui la voz de las empresas estadounidenses en el exterior y observé de primera mano que nuestro sector privado podía ser el mejor embajador de los valores estadounidenses, como, por ejemplo, el poder de la libre empresa para mejorar el nivel de vida, y la importancia de la libertad para trabajar donde uno quiera.

Creo que es hora de que los republicanos y la comunidad empresarial estadounidense dejen de obsesionarse con el pasado y adopten un nuevo enfoque hacia Cuba.

Ya han transcurrido seis meses desde que se anunció el cambio de política de Obama. Ambos Gobiernos han confirmado sus planes de abrir embajadas y las negociaciones han abarcado una variedad de temas, incluyendo la extradición de estadounidenses fugitivos que huyeron a Cuba. Casi todas las semanas una nueva delegación del Congreso aterriza en La Habana. De Gobierno a Gobierno, no ha habido tanta comunicación entre los Estados Unidos y Cuba en 50 años. Nunca esperé que las negociaciones llegaran tan lejos.

En el aspecto empresarial, un gran número de estadounidenses han comenzado a viajar a Cuba. Compañías de tarjetas de crédito estadounidenses han sido autorizadas para manejar transacciones en Cuba. Algunas de las empresas más innovadoras del mundo, tales como Airbnb y Netflix, han comenzado a ofrecer servicios en Cuba. El equipo de fútbol Cosmos de Nueva York ha jugado partidos de exhibición en la Isla y la NBA ha auspiciado un taller en La Habana.

"Algunos candidatos presidenciales argumentan que Obama ha cedido demasiado. La verdad es que los cambios hasta ahora han sido graduales"

Algunos candidatos presidenciales, incluyendo los senadores cubano-americanos Marco Rubio y Ted Cruz, argumentan que Obama ha cedido demasiado. La verdad es que los cambios hasta ahora han sido graduales y este será un proceso largo y gradual.

En contra de la creencia popular, las acciones ejecutivas del presidente Obama no permiten el comercio libre y abierto con Cuba, ni tampoco abren las puertas a los estadounidenses para que visiten la Isla como turistas. La Ley Helms Burton de 1996 codificó el embargo que prohíbe a la mayoría de las empresas estadounidenses efectuar transacciones con Cuba. Los viajes siguen restringidos. En cambio, las reformas han permitido a ciertas compañías estadounidenses y a particulares participar en algunas otras actividades en Cuba.

Tal vez la más sensible dentro de estas actividades es otorgar a los estadounidenses el derecho de apoyar a una nueva generación de empresarios nacidos en Cuba, así como pequeñas empresas manejadas por cubanos. Esta es una respuesta lógica a un cambio autorizado por el régimen de Castro en años recientes. Los propietarios de las pequeñas empresas y sus empleados necesitarán herramientas, suministros, materiales de construcción y capacitación en contabilidad, logística y otras áreas. Las nuevas reformas les permiten a los ciudadanos y empresas estadounidenses ocuparse de tales necesidades. Tengo la esperanza de que el Gobierno de Cuba les va a permitir a sus ciudadanos aprovechar plenamente esa ayuda.

Los cubanos no sólo anhelan estos acercamientos sino también el momento en el que puedan aprovechar las oportunidades para trazar su propio camino en la vida sin tener que irse de su casa, como tuve que hacerlo yo hace 55 años.

"Me pregunto si los cubanos que tienen que hacer fila durante horas bajo el sol ardiente de La Habana para comprar productos básicos sienten que esta política les ayuda"

Hay quienes siempre añoran el pasado, ya sea la Cuba antes de Castro o el período previo al acercamiento actual. Algunos de mis compañeros cubano-americanos insisten que continuar apretando a Cuba económicamente ayudará a los cubanos porque conducirá a la democracia. Pero yo me pregunto si los cubanos que tienen que hacer fila durante horas bajo el sol ardiente de La Habana para comprar productos básicos sienten que esta política les ayuda.

Estados Unidos debe, en cambio, mirar al futuro y aprovechar esta oportunidad de apoyar a los cubanos en la construcción de una nueva economía. Hay mucho trabajo por hacer y el progreso será lento. Sin embargo, la comunidad empresarial y mis compañeros cubano-americanos y republicanos no deberían ignorar las futuras oportunidades. Los cubanos necesitan, y merecen, nuestra ayuda.

*Carlos M. Gutiérrez, ex director ejecutivo de Kellogg y ex secretario de Comercio (2005-2009). Actualmente es copresidente del Grupo Albright Stonebridge.

** Este artículo fue publicado originalmente en The New York Times y ha sido reproducido con autorización de su autor.

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