Seguimos con un “socialismo” sin democratización ni socialización

Raúl Castro durante la lectura del informe central al VII Congreso del Partido Comunista. (Internet)
Raúl Castro durante la lectura del informe central al VII Congreso del Partido Comunista. (Internet)

El informe central del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) es concluyente: la élite burocrática que administra el PCC, el Gobierno y el Estado pretende que el pueblo cubano siga viviendo bajo los cánones del modelo económico-político y social de capitalismo monopolista de Estado, cargado de populismo y paternalismo, instaurado en nombre de un socialismo que todo el mundo sabe fracasado.

Sus esencias, la propiedad estatal sobre los medios de producción, el control centralizado de los recursos y el partido único sin opciones democráticas acaban de ser ratificadas por el general Raúl Castro.

La llamada "conceptualización, como la actualización y los lineamientos no han sido más que adaptaciones a la ausencia de la figura que encarnaba el modelo populista-paternalista, la falta de un claro soporte económico internacional luego de la caída de la URSS y el campo socialista, el desgaste natural del esquema y su pérdida de apoyo y el acercamiento al enemigo histórico del que esperan el cabo salvador.

Para la dirección permanente hay que seguir abriendo espacio a la propiedad privada, en pequeñas y medianas empresas, pero bien limitado y controlado. En cambio hay que seguir experimentando con las cooperativas no agropecuarias, semi-estatales, de manera que el cooperativismo auténtico e independiente tiene que seguir esperando. Nadie fuera de la burocracia estatal puede concentrar riquezas.

Para la dirección permanente hay que seguir abriendo espacio a la propiedad privada, en pequeñas y medianas empresas, pero bien limitado y controlado

Aun cuando Raúl Castro reconoce que ni el cooperativismo ni el cuentapropismo son contrarrevolucionarios ni antisocialistas, su visión de que el apoyo externo a los emprendedores es actividad enemiga solo evidencia la concepción estadocéntrica y antidemocrática sobre la economía de la dirección del PCC y su oposición a esas formas de producción. Interesante: no piensa igual de la amplia inversión extranjera en los negocios de la burocracia.

Ni una palabra de la participación de los trabajadores en la dirección, gestión y las ganancias en las empresas estatales: Tema tabú. Los asalariados explotados por el Estado seguirán dependiendo de sueldos decididos por la burocracia que seguirá apropiándose de todas las ganancias y plusvalías para "garantizar salud y educación para todos".

Tampoco ni una palabra sobre la descentralización del presupuesto y las autonomías municipales.

Igual, según el discurso, solo el actual Partido Comunista es el único capaz de garantizar la independencia, la Revolución y el socialismo que nunca ha sabido cómo hacer. Es la consecuencia de identificar revolución, socialismo y país con el partido y su dirección. No importa que haya convertido la palabra socialismo en un vocablo despreciable para una gran parte de la población y que esté jugando con la anexión virtual, al buscar la salvación de su economía en el turismo y las inversiones provenientes de EE UU.

Tampoco importa que ese partido haya impedido el empoderamiento de los trabajadores, que haya dejado al marabú la mitad de las tierras, haya sido incapaz de garantizar la alimentación en un país agrícola, que haya destruido la industria azucarera y desindustrializado el país, que haya ejercido la exclusión o la represión del pensamiento diferente, incluso de izquierda, a intelectuales de pensamiento libre, a homosexuales, religiosos, negros y mestizos y no habaneros.

Según esos criterios no puede haber otros partidos ni demócratas, ni socialistas tampoco, no puede haber libertad de asociación, ni por tanto libertad para defender organizadamente un pensamiento diferente al de la actual dirección. No puede haber en definitiva democracia para nadie que no sea del PCC.

No puede haber en definitiva democracia para nadie que no sea del PCC

No podemos compartir esos criterios quienes creemos que el centralismo- estatalista- asalariado, nada tiene que ver con la democracia y el socialismo, quienes no admitimos la imposición de ningún pensamiento único, quienes creemos que todos los cubanos ‒no importa su ideología, religión, preferencia sexual, procedencia social o regional, color de la piel‒ tienen todos los derechos reconocidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y sus Pactos.

El presidente Raúl Castro puede no haberse dado cuenta, pero este discurso es un cubo de agua helada sobre las pocas expectativas de apertura y cambio generadas con el acercamiento a EE UU y en lugar de estimular a la juventud emprendedora a quedarse y desarrollar a Cuba puede generar un mayor drenaje de jóvenes y profesionales; y en vez de estimular la inversión extranjera, inhibirla y endurecer el embargo.

Los socialistas democráticos hemos explicado hasta la saciedad: no hay socialismo sin democratización de la política ni socialización de la economía. En este discurso se rechazan ambos conceptos.

Pero no hay que hacerle el juego a la intransigencia, ni caer en provocaciones, enfrentamientos, ni en ningún tipo de violencia.

La lucha por la democracia y el socialismo, por vías afines, continúa.

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