Yo tampoco tengo la culpa

Raúl Castro durante su discurso en la Cumbre de las Américas (EFE/Señal Instucional)
Raúl Castro durante su discurso en la Cumbre de las Américas (EFE/Señal Instucional)

Durante la Cumbre de las Américas, cuando Raúl Castro aseguró que Barack Obama no tenía culpa de las decisiones tomadas por los diez presidentes que lo antecedieron, la confusión me embargó y no es para menos.

Al escuchar aquel discurso, pronunciado frente a más de una treintena de mandatarios reunidos en Panamá, se me hizo más difícil comprender por qué los aguerridos miembros de la “sociedad civil” progubernamental cubana que llegaron a esa ciudad, seguían llamando asesinos a los activistas, disidentes y representantes independientes que acudieron a participar en los foros paralelos a la cita histórica.

Si Obama no es culpable de lo ocurrido en Bahía de Cochinos, ni de la ayuda logística a los alzados del Escambray; si no tiene responsabilidad alguna con la creación de Radio Martí, ni con la Ley de ajuste cubano… ni siquiera con la implementación del embargo, entonces ¿cuál es la culpa que le quieren endilgar a los activistas defensores de los derechos humanos?

Ahora, que el general presidente ya ha absuelto al dignatario del país que la propaganda oficial ve como “el enemigo”, vale la pena preguntarle por qué sus seguidores acusan de hechos ocurridos hace décadas a quienes se organizan en partidos opositores y en proyectos de bibliotecas o periodismo independiente, con el único propósito de proponer un país diferente al que trazan los lineamientos del sexto congreso del Partido Comunista.

Cuando ocurrió el horrendo sabotaje al avión cubano saliendo de Barbados, Guillermo Fariñas cumplía o se preparaba para cumplir una misión internacionalista en África. En el momento en que le dispararon al prisionero Ernesto Guevara en Bolivia no habían nacido Eliécer Ávila ni Henry Constantin. Sería como culpar a Abel Prieto de los fusilamientos, del traslado obligatorio de campesinos desde el centro del país hacia pueblos cautivos, de las atrocidades de la Ofensiva Revolucionaria, del desastre de la zafra del 70, del quinquenio gris y de tantas cosas más.

Los panameños (...) nos dieron durante la Cumbre un claro ejemplo de esa actitud positiva que se resume en mirar más hacia el futuro

Cuando menciono a Abel Prieto pudiera incluir los nombres de casi toda la delegación cuyos pasajes y alojamiento fueron sufragados por el gobierno cubano. ¿Son conscientes ellos de que cuando acusan a otros de un pasado en el que no existían ni tomaban decisiones, serán también evaluados bajo la misma óptica? ¿Están preparados para asumir todas las atrocidades que cometieron sus predecesores?

Los panameños, sin embargo, nos dieron durante la Cumbre un claro ejemplo de esa actitud positiva que se resume en mirar más hacia el futuro que hacia atrás. Me gustaría creer que Raúl Castro no es responsable de nada… aunque las evidencias apuntan en otra dirección.

Quizás va siendo hora de que nos ocupemos más de las soluciones que de las culpas.

Sé que muchos compatriotas, con todo derecho, no estarán de acuerdo conmigo, sobre todo porque hay heridas imposibles de cicatrizar y agravios difíciles de olvidar. Si hubiera que votar al respecto, levantaría  la mano a favor de que se jubilen en paz. Su penitencia, su peor castigo, será vernos a todos construir una nación sin odios ni rencores. Otra vez los cubanos, todos, en la misma fiesta.

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