En defensa de nuestros médicos

Médicos cubanos antes de salir a una misión. (EFE)
Médicos cubanos antes de salir a una misión. (EFE)

Anoche mientras veía las imágenes del recibimiento a los médicos que participaron en la lucha contra el ébola en África, me sentí muy emocionado. Considero que cada hombre o mujer que en el mundo decide correr estos riesgos por salvar vidas de seres humanos desconocidos a miles de kilómetros de distancia merece todo el respeto y la admiración. En mi propia familia hay ejemplos en este sentido.

Se equivocan totalmente los que piensan que por el hecho de tener ideas políticas distintas, por querer Internet para todos, salarios reales y libertades fundamentales, la oposición tiene que estar en contra de la solidaridad o no reconocer la valentía y el heroísmo de nuestros galenos. Nada más alejado de la verdad.

Por el contrario, si pudiéramos asistir a un parlamento democrático, muchos lucharíamos todo el tiempo a favor de mejores condiciones de vida y de trabajo para ellos. Considero que de la misma forma en la que es legítimo el ejercicio de compartir recursos materiales y humanos con los más necesitados, también es legítimo librar un debate serio en nuestro país sobre los salarios, la seguridad y el papel del Estado en general respecto a nuestros cooperantes. Muchos de ellos nos han escrito varias cartas contándonos sus experiencias, con sus luces y sombras.

Por otro lado, persiste el problema fundamental sobre los ingresos de los profesionales cubanos dentro el país. Y esto es extensivo a todos los sectores y atenta directamente contra lo que debiera ser el objetivo primordial, que es la adecuada atención a nuestra propia gente.

Tanto derecho tiene a progresar en la vida el médico que atiende a las familias de la montaña en la Sierra Maestra, como el que opera en un salón del Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular en el Vedado capitalino o el que ejerce su labor fuera del país. Todos se sacrifican de igual forma y el costo de ese sacrificio es extensivo a sus familias, cuyos daños a todos los niveles están por estudiar, publicar y discutir.

Se equivocan totalmente los que piensan que por el hecho de tener ideas políticas distintas, la oposición tiene que estar en contra de la solidaridad o no reconocer la valentía y el heroísmo de nuestros galenos

Conozco a especialistas clínicos y cirujanos que no tienen ni una bicicleta para llegar al trabajo y hacen guardias interminables con meriendas que a veces no pasan de una bola de plátano burro y un vaso de agua de azúcar. También conozco a muchachos que pasaron un curso de un mes de optometría, salieron de misión y a su regreso ya pueden darle botella a su profesor en su propio carro. Y lo que está mal, no es lo segundo, sino lo primero.

En todo caso, no pretendo abordar en su totalidad este tema en un solo artículo. Así que retomo la idea original, que no es más que felicitar de todo corazón a los médicos, enfermeros y personal de apoyo que llegaron ayer. Quiero reiterarles que en nosotros tendrán siempre un aliado. La lucha por la democracia es también una lucha por la vida, por la paz y por la felicidad material y espiritual de los pueblos, sin la cual no puede haber salud posible.

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