Dos enfoques y una solución

Encuentro de papa Francisco con los jóvenes de la Cátedra Félix Varela y la FEU este domingo en La Habana. (Manuel Mons/14ymedio)
Encuentro de papa Francisco con los jóvenes de la Cátedra Félix Varela y la FEU el pasado domingo en La Habana. (Manuel Mons/14ymedio)

Un artículo de la periodista independiente Miriam Celaya, Sin prisa...que no hay prensa, y una carta al Congreso de EE UU del Foro Democracia y Libertad (FDL) reflejan con bastante claridad los enfoques predominantes en la oposición tradicional en relación con el levantamiento del bloqueo-embargo y su impacto en la sociedad cubana.

Al valorar las últimas medidas del Ejecutivo estadounidense en vísperas de la visita del papa Francisco, la periodista precisa: "Con este nuevo paso de acercamiento del presidente Barack Obama, que amplía las posibilidades de beneficios tanto para los estadounidenses como para los cubanos, el tan cacareado 'bloqueo' no pasa de ser un cascarón vacío de contenido, y queda en evidencia la falta de voluntad política del régimen cubano para permitir la prosperidad de sus 'gobernados'. Literalmente, 'el Rey está desnudo', por más que el discurso oficial trate de cubrir con su vieja retórica de trincheras las intimidades expuestas".

En contraste, la carta del FDL, según Diario de Cuba, expone "que el levantamiento del embargo, tal y como lo plantea la administración de Barack Obama, permitirá que la vieja élite transfiera el poder a sus herederos políticos y familiares, brindando muy pocas oportunidades al pueblo de enfrentar este poder despótico".

Para Miriam Celaya, la nueva política de EE UU evidencia la debilidad del régimen cubano; para el Foro, dicha política lo consolida

Simplificando: para la escritora la nueva política del Gobierno de EE UU pone en evidencia la debilidad del discurso oficial y su modelo estatal centralizado; para el Foro dicha política resultará en la consolidación del régimen.

Me atrevo a considerar que esas son las esencias de las diferencias entre los dos enfoques.

Desde las posiciones del socialismo democrático que defiende una parte de la izquierda cubana, coincido con Miriam Celaya en que la política actual de EE UU, encaminada a empoderar a los emprendedores y a fomentar las inversiones mayores de capital norteamericano, evidenciaría las debilidades del modelo estatal y, además, lo llevaría a su paulatina transformación hacia un modelo económico más democrático.

Al mismo tiempo, estoy de acuerdo en parte con el Foro: la política estadounidense podría llevar a un fortalecimiento de la élite y su modelo estatal-centralizado, pero si se concentrara en que el gran capital coopere con las empresas estatales.

En cuanto a la forma de alcanzar la democratización de la sociedad cubana, por la que abogan tanto Miriam como la carta del Foro, el texto de la escritora no lo expresa con toda claridad, pero trasluce su criterio de que la negociación y el diálogo, que caracterizan la nueva política de Obama, serían el camino adecuado, al señalar: "La distensión y el entendimiento son armas mortales para el castrismo".

No puedo concordar con la idea de que la democratización nos vendrá por obra y gracia de las presiones del Norte

Por su parte el Foro cree que el camino de la democratización vendría por las presiones de EE UU. En tal sentido señala: "Si no existe una política coherente hacia el régimen, los cubanos pagaremos un mayor costo en el camino de la democratización de nuestra nación...y expresa profunda preocupación por la fuerte campaña que se ha desplegado para levantar las sanciones económicas que pesan sobre la dictadura cubana, sin la existencia de condicionamientos o pasos para el respeto de los derechos humanos y la promoción de la democracia".

Y aquí comparto plenamente la idea de Miriam de que el camino hacia la democratización pasa por el diálogo y la negociación, al tiempo que recuerdo también que las políticas de presiones solo han servido hasta ahora para consolidar las posiciones más extremas del estatalismo y sus políticas antidemocráticas y represivas.

De manera que no puedo concordar con la idea de que la democratización nos vendrá por obra y gracia de las presiones del Norte.

Esa es una tarea que nos corresponde a nosotros los cubanos, todos, incluidos los cubanos de fuera, sin excluir los que en el Estado-Partido-Gobierno estén dispuestos verdaderamente a hacer avanzar el país por un camino donde lo más importante, lo que se ponga en primer plano, sean los intereses del pueblo, de los trabajadores y no los del Estado o unas élites controladoras de los capitales, sean privados o estatales.

Ahora bien, los cubanoamericanos con los cuales se relaciona el FDL, posesionados en el Congreso estadounidense y tan interesados como toda la oposición en la democratización en Cuba, bien podrían ayudar a desbloquearla, contribuyendo a eliminar los pretextos del embargo-bloqueo, que argumenta el Gobierno cubano para mantener sus políticas represivas y antidemocráticas.

Si el interés primero de los cubanoamericanos en el Congreso de EE UU es la democracia en Cuba, en sus manos está contribuir con ella

Ellos, como cubanos, aunque formen parte del congreso de otro país, tienen en sus manos la posibilidad de entrar a negociar directa o indirectamente con el Gobierno cubano un quid pro quo que posibilite, paulatinamente, tanto el levantamiento de todas las medidas del embargo-bloqueo, como el anhelado proceso de democratización en Cuba.

En artículo anterior, Las extremas frente a frente, expuse esa tesis que ahora retomo con motivo del artículo de Miriam y la carta del Foro al Congreso de EE UU.

Si el interés primero de los cubanoamericanos en el Congreso estadounidense es la democracia en Cuba, en sus manos está contribuir con ella de esa manera. Si el interés primero del Gobierno cubano es el levantamiento completo del bloqueo-embargo, como precondición para la solución de todos los problemas de Cuba, bien pudiera conseguirlo de iniciar un proceso de democratización.

Si el interés de ambos es resolver los problemas de Cuba y no el de mantener caprichos de elites enfrentadas, asuman entonces eso que el papa Francisco llamó la "amistad social", capaz de poner en primer plano las coincidencias y echar a un lado las diferencias.

En tal sentido no es ocioso recordar lo que dijo en su reunión con los jóvenes católicos cubanos en el Centro Félix Varela: "La enemistad social destruye una familia, un país, el mundo".

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