El gran error de la izquierda: confundir estatalismo con socialismo

Mijaíl Alexandrovich Bakunin y Karl Marx.
Mijaíl Alexandrovich Bakunin y Karl Marx.

El gran error de la izquierda en el siglo XX y en lo que va del XXI ha sido confundir estatalismo con socialismo, con la idea que sería el Estado el encargado de desarrollar la nueva sociedad libre y democrática.

Su origen puede estar en la discusión entre Marx y Bakunin durante la Primera Internacional. En términos generales, Marx consideraba que el Estado se extinguiría en el socialismo y Bakunin abogaba por su disolución inmediata. Primó la corriente marxista y los anarquistas quedaron en minoría.

Tras la muerte de Marx, corrientes de izquierda, como la socialdemocracia o el comunismo, terminaron resaltando la importancia del control del Estado: para los primeros como Estado de bienestar y para los segundos como dictadura del proletariado.

La esencia marxista del socialismo, el cambio en la base económica y en las relaciones de producción que caracterizarían al socialismo y liberarían a los seres humanos de todas sus ataduras, pasó a un segundo plano. Lenin llegó a decir que no era marxista quien no reconociera la dictadura del proletariado, mientras que la socialdemocracia consideraba que la contradicción entre el capital y el trabajo las resolvería el Estado de bienestar, compartido entre la burguesía y el proletariado.

Tanto la corriente socialdemócrata como la comunista-estatalista se desviaron del objetivo final del socialismo: la abolición del trabajo asalariado, la liberación del trabajo de sus ataduras al capital y el desarrollo de una nueva sociedad sustentada en un nuevo modo de producción distinto y superior al asalariado: el de los trabajadores libres, asociados o privados, de tipo autogestionario.

Para socialdemócratas y comunistas, el Estado, de ser un medio pasó a ser un fin en sí mismo

Para socialdemócratas y comunistas, el Estado, de ser un medio pasó a ser un fin en sí mismo. La historia demostró una vez más que los fines son genéricamente iguales a los medios, y que cuando un método, un medio, se impone llega a determinar sobre los fines.

Mientras más democracia, menos Estado. Son dos conceptos inversamente proporcionales. Y tanto socialdemócratas como comunistas se casaron con un Estado fuerte. Los socialdemócratas al menos apostaron por la democracia, pero los comunistas lo hicieron por la "dictadura" dizque del proletariado.

Para los comunistas, la clase obrera -una clase subordinada al capital- sería la encargada de la liberación social, de alcanzar la libertad y la democracia plenas, la desenajenación de la sociedad. Error: la clase obrera no porta nuevas relaciones de producción. Solo cuando los obreros rompen sus ataduras con el capital, participan de la propiedad y las ganancias y crean sus propias empresas cooperativas, autogestionarias, se convierten en revolucionarios.

Por tanto ni el Estado ni el trabajo asalariado podrían ser abolidos por decreto, sino producto de un periodo relativamente prolongado de empoderamiento popular en el cual los trabajadores libres, particulares o asociados, crearían sus propias empresas, manejadas democráticamente en forma autogestionaria o cooperativa hasta que las mismas predominaran en la economía y llevaran la democratización de la sociedad de sus formas representativas a las más directas.

Pero el fortalecimiento y la llegada al poder de las corrientes socialdemócratas y comunistas en el siglo XX terminaron por hacer creer a casi toda la izquierda internacional que el socialismo se alcanzaría controlando el Estado y construyendo la nueva sociedad desde arriba. Grave error que ha traído nefastas consecuencias y atraso en vez de avances del socialismo.

Casi toda la izquierda internacional empezó a cree que el socialismo se alcanzaría controlando el Estado. Grave error que ha traído nefastas consecuencias y atraso

El resultado más inmediato fue la estructuración de enormes aparatos burocráticos por los gobiernos populistas controlados por ambas tendencias, que mantuvieron la explotación asalariada y se dedicaron a hacer la "justicia social" sobre la base de una "mejor distribución de la renta nacional". Olvidando ambos que el socialismo no está en las relaciones de distribución sino en las de producción.

Los estatalistas de todas las tendencias, quizás sin saberlo, han trabajado para fortalecer el capitalismo, unos "resolviendo en el Estado" las contradicciones entre patrones y asalariados y otros desarrollando el Estado monopolista capitalista que al fracasar ha servido para que la gente sienta más rechazo por el "socialismo".

Fueron los estatalistas del siglo XX las versiones modernas de Robin Hood: quitar a los más ricos para dar a los más pobres, desde el poder, alcanzado democráticamente o por la fuerza, pero igualmente equivocados.

Por esa gran confusión sobre el papel del Estado y a la subestimación de las relaciones de producción, surgieron gobiernos de "izquierda" que mantuvieron la explotación asalariada en defensa de la cual reprimieron y establecieron dictaduras como las de Stalin y sus posteriores seguidores de igual signo, más o menos represivos como el cubano o el del mismo Chávez en Venezuela. Todos igualmente fracasados.

Hoy, en el seno de las izquierdas, especialmente en Cuba y Venezuela, ante el fracaso de las variantes estatales de socialismo que se han intentado, los socialistas democráticos hablamos del socialismo como de un proceso de democratización de la política y socialización de la economía, desde abajo, y reconocemos el desastre ocasionado por ambos gobiernos.

Los socialistas democráticos no tememos al liberalismo clásico

Los socialistas democráticos no tememos al liberalismo clásico. Es más compartimos ideas sobre la libertad individual, la libertad de mercado y la democracia, solo que deseamos que esos principios no se restrinjan bajo ninguna circunstancia, no sirvan para tratar de ocultar las nuevas formas de esclavitud del trabajo, permitan el libre desarrollo de las formas autogestionarias de producción, sean asociativas o particulares y se extiendan para favorecer la plena liberación del ser humano de todos las ataduras económicas, políticas, sociales, regionales, raciales, religiosas, sexuales, etarias y de todo tipo, generadas por las sociedades divididas en clases.

Ojala que lo que ha ocurrido en Cuba y Venezuela sirva a la izquierda internacional para acabar de sacudirse del estatalismo y del espíritu de Robin Hood y entender que el papel principal de los socialistas no es la toma del poder para hacer el socialismo desde arriba, desde el Estado, sino luchar por crear las condiciones económicas y políticas para el amplio desarrollo de las nuevas relaciones de producción socialistas de tipo autogestionarias, asociadas o privadas y su nueva clase revolucionaria de los emprendedores que rompen con el trabajo asalariado.

Por eso deben ponerse en primer plano la lucha por la plena democratización de la sociedad y el desarrollo de nuevas formas democráticas que empoderen a los de abajo, como la democracia participativa con sus presupuestos locales, los referendos y la plena libertad de elección y voto para elegir a los representantes públicos a todos los niveles. Y, segundo,la lucha por las libertades económicas que posibiliten el pleno desarrollo de todas las formas de producción, especialmente las formas de trabajo libre de explotación y de vínculos de subordinación al capital privado o estatal.

Con esos objetivos debemos ser capaces de forjar alianzas políticas con otras fuerzas democráticas, a menor o mayor plazo, que nos permitan ir avanzando, sin comprometer nuestras metas socialistas finales.

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