El internacionalismo cubano y la nueva situación externa

La solidaridad internacional con los pueblos que sufren por la violación de sus derechos es una avenida de dos vías

Banderas en la sede de Naciones Unidas
Banderas en la sede de Naciones Unidas

El Gobierno surgido de la revolución democrática y popular de 1959 se caracterizó desde un principio por una política internacionalista de solidaridad, ayuda y colaboración con los movimientos revolucionarios y de liberación nacional en América Latina y en casi todos los rincones del mundo.

La práctica del internacionalismo ha sido una norma en la actividad foránea del Gobierno, siempre como parte de los principios "marxistas leninistas" que lo han regido.

Tiene raíces en nuestra historia, en la participación de muchos extranjeros en nuestras luchas patrias e incluso en la última gesta contra la tiranía batistiana y, también, en la participación de cubanos en las luchas por la liberación del coloniaje inglés de las Trece Colonias del Norte. Además, en las gestas americanas contra el colonialismo español, en la guerra civil española y en la segunda Guerra Mundial contra el fascismo, por señalar acontecimientos históricos bien conocidos.

La solidaridad del Gobierno cubano nunca se quedó en simples declaraciones. Son conocidas muchas acciones de respaldo directo en armas, entrenamientos, dinero en efectivo y en hombres a muchos de esos movimientos a lo largo de toda la historia de la última mitad del siglo XX.

Baste recordar las gestas del Che en África y Bolivia y la participación de tropas cubanas en los conflictos árabe-israelí, argelino-marroquí, etíope-somalí y en el cono sur africano.

Por otra parte, importantes eventos internacionales que estimulaban el uso de la violencia en sus esfuerzos políticos tuvieron lugar en Cuba.

El Gobierno cubano estimuló durante muchos años la lucha armada en América Latina como vía para su liberación de la opresión del imperialismo.

El Gobierno cubano estimuló durante muchos años la lucha armada en América Latina como vía para su liberación de la opresión del imperialismo

La prensa de la Isla, y especialmente Radio Habana Cuba, que transmite a todos los continentes en varios idiomas, ha denunciado constantemente los abusos de los derechos humanos por los Gobiernos y fuerzas reaccionarias en todas partes y ha servido de aliento a los partidos comunistas, movimientos de izquierda, obreros, antifascistas y prácticamente a cuanta causa popular se ha desarrollado en el mundo.

Los gobernantes cubanos se sienten orgullosos de esa actividad internacionalista. Muchos cubanos participamos directa o indirectamente, de alguna manera, en todo ese gran movimiento de solidaridad, porque el internacionalismo ha sido parte de la educación del Estado.

Estas políticas empezaron a revertirse desde la caída de la URSS y el ¨campo socialista¨, principales sostenedores en lo económico, político y militar del Gobierno cubano.

Adecuándose a esa nueva situación mundial, una nueva política exterior se ha venido diseñando y aplicando en los últimos 15 años: sin abandonar la solidaridad política con los movimientos "antiimperialistas y revolucionarios" pero echando a un lado la ayuda directa y la participación en conflictos en otros países, en busca de un mayor reconocimiento diplomático y la creación de condiciones para la diversificación de las fuentes de ingresos para el Estado cubano.

Los gobernantes cubanos redujeron su apoyo internacionalista a la solidaridad verbal y a la ayuda ante algunas catástrofes y crisis sanitarias (la venta de servicios médicos y profesionales cubanos son negocios del Estado, asunto distinto) y han colaborado efectivamente para solucionar el conflicto armado colombiano.

Paralelamente, se incrementó la actividad internacional dirigida a la lucha contra el bloqueo-embargo y más recientemente se ha llegado a iniciar negociaciones diplomáticas con el Gobierno de EE UU para normalizar las relaciones entre ambos países.

El Gobierno de Cuba aspira a que su nueva conducta de respeto al derecho internacional sea respondida por la comunidad internacional y especialmente por EE UU en esta nueva era de relaciones "normales".

Es conocida la amplia actividad agresiva y de subversión de todo tipo de los Gobiernos de EE UU por derrocar al Gobierno cubano.

Desde su patrocinio a la invasión de Girón y a los grupos de alzados, pasando por el apoyo a atentados directos contra la economía hasta los intentos de asesinatos de dirigentes cubanos o el apoyo logístico, económico y político de los servicios especiales de EE UU a todo tipo de movimientos armados y políticos contra el Gobierno cubano.

Es de suponer que en una nueva era de normalización de las relaciones, todas esas políticas deberán cesar de ambas partes.

Este Gobierno no podría acusar de injerencista en sus asuntos internos los esfuerzos políticos y públicos de otros gobiernos a favor de libertades y derechos del pueblo cubano

Pero habrá de tener en cuenta que no es lo mismo solidarizarse con víctimas de las políticas gubernamentales que conspirar con nacionales de otros países para derrocar Gobiernos. El derecho a la autodeterminación no restringe la solidaridad con los pueblos oprimidos o violados en sus derechos, sino la acción práctica, efectiva dirigida a socavar el derecho soberano de los pueblos a decidir sobre su futuro, democráticamente, por ellos mismos.

El derecho a la autodeterminación nació en la ONU, en 1960, precisamente como consecuencia de la solidaridad internacional con los pueblos africanos aplastados por el colonialismo.

Nadie podría aspirar a que el Gobierno de Cuba dejara de solidarizarse verbalmente con movimientos internacionales de izquierda, respaldar políticamente sus luchas por reivindicaciones políticas, económicas y sociales y denunciar violaciones a los derechos de otros pueblos.

De la misma forma, este Gobierno no podría acusar de injerencista en sus asuntos internos los esfuerzos políticos y públicos de otros gobiernos a favor de libertades y derechos del pueblo cubano.

La mejor forma de evitar tales involucramientos sería respetar plenamente los derechos políticos, civiles, económicos y sociales de los cubanos, y especialmente la libertad de expresión, asociación, elección y para la realización de actividades productivas y comerciales. Aplicando en fin, sin discriminaciones ni prejuicios, los principios establecidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y sus respectivos pactos, firmados por este Gobierno.

Los derechos humanos no son de izquierda o de derecha, capitalistas o socialistas, norteños o sureños...son humanos.

Quien transita por estas avenidas debe saber que tienen leyes y son de dos vías, las cuales deben respetarse, para evitar "accidentes".

La nueva situación internacional a que se enfrenta Cuba necesita no solo otro enfoque en sus políticas internacionales, sino también en sus políticas internas. Entre unas y otras deberá existir correspondencia.

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