No es lo mismo 'trumpista' que trompetista

El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump. (Facebook)
El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump. (Facebook)

En la mañana del día 9 de noviembre, al cruzar la plazoleta San Ramón, cuatro ancianitas conversaban en la acera. Bloqueaban la senda, pero la carga de años de cada una de ellas me obligó a detener la marcha y esperar a que me abrieran paso.

Fue entonces cuando escuché a la menos anciana: "¿Vieron ustedes como ha ganado Trump? ¡Ahora sí que se va a poner bueno esto!", dijo con ironía poco disimulada. La que parecía mayor de todas acotó: "Sí, ¡porque no es lo mismo trumpista que trompetista!". El exabrupto me hizo soltar una carcajada, se percataron de mi presencia y me dejaron cruzar.

Hasta las féminas septuagenarias están al corriente de la política norteamericana. Y las razones son múltiples: ¿Qué cubana no tiene un hijo, un nieto o algún ser querido viviendo en Estados Unidos? ¿Qué cubano no espera algún beneficio del lado de allá del Estrecho? ¿Qué ciudadano de a pie no aspira alcanzar algún día un nivel de vida cercano al del vecino norteño, como cuentan cuando regresan de visita los que se fueron en harapos y acá alquilan carros cuyo costo en solo un día supera tres meses íntegros de un trabajador nacional?¿Cómo no se ha de involucrar también la sociedad civil de Cuba –la verdadera, la del pueblo sencillo y multitudinario– si los medios de prensa oficialistas han tomado el asunto de las manos como si se tratara de elecciones generales en Cuba?

Más allá del sentido práctico de nuestros ancianos, ahora están en juego cuestiones sociales que de alguna manera pueden tocarnos a nosotros

Más allá del sentido práctico de nuestros ancianos, ahora están en juego cuestiones sociales que de alguna manera pueden tocarnos a nosotros. Quizás no suceda nada relevante, porque los políticos en campaña hablan hasta por los codos y luego todo continúa igual, tenemos como ejemplo los Lineamientos.

Está llegando al poder un hombre diferente: un magnate nacionalista. Si los hombres públicos por regla general son mentirosos, un tipo como Donald Trump podría acometer empresas inusitadas con profundos cambios en el orden mundial.

A la historia no se la puede mirar de forma aislada. La concatenación política panamericana nos lleva a un análisis meticuloso en el cual se vislumbran cambios a corto plazo que tendrán mucho que ver con la nueva administración estadounidense. El Gobierno de nuestro país no está de plácemes con la llegada al poder del republicano. Pudo verse entre líneas en la Mesa Redonda, donde se respiraba una atmósfera demócrata entre los participantes. Trump ha dicho que tomará carta contra las aperturas obamistas si no hay una respuesta positiva por la parte cubana, sobre todo en el respeto a los derechos humanos. A pesar de no ser estas aperturas las más añoradas por el Gobierno de Cuba, suponen un respiro a la crisis económica de la Isla cuando de Venezuela queda ya muy poco que esperar.

Una semana después del resultado de las elecciones, Randy y Taladrid escarbaban todavía sobre el tema en la Mesa Redonda; ahora más que nunca les preocupa la llegada al poder del septuagenario representante del verdadero Tío Sam, o al menos eso es lo que se les ha orientado analizar frente al pueblo.

Si hace más de un siglo el preclaro poeta de América Latina, Rubén Darío, inspirado en Ted Roosevelt escribió:

"Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu raza;

eres culto, eres hábil; te opones a Tolstoi.

Y domando caballos, o asesinando tigres,

eres un Alejandro-Nabucodonosor.

(Eres un profesor de energía

como dicen los locos de hoy.)

Crees que la vida es incendio,

que el progreso es erupción,

que en donde pones la bala

el porvenir pones."

Tenemos ante nosotros al más genuino representante del Gobierno norteamericano. El parecido de Donald Trump con Theodore Roosevelt es casi idéntico en la oda rubeniana, menos en un detalle que los centros de estudios de nuestro país no han pasado por alto. El presidente electo "no se opone a Tolstoi", sino, por el contrario, acaso piensa aliarse con él y repartirse el cake mundial con cucharas grandes.

Recemos por que el 'trumpismo' no tenga consecuencias letales

Si a esto sumamos la estampida de los jóvenes cubanos hacia el exterior en busca de mejores oportunidades y confort, es problema aritmético fácil de resolver que dentro de una década a lo más, en Cuba todos seremos viejecitos. Si Jonathan Swift saliera de la tumba y visitara a Cuba en 2026, seguramente escribiría Gulliver en el país de los geriátricos y en vez de llamarnos cubanos, nos nombraría "geritrudienses".

El nuevo huracán de limitaciones que se avecina ya lanza sus primeras ráfagas en la escasez de medicamentos vitales, las grandes colas de viejecitos frente a las farmacias ofrecen un panorama desolador para los meses venideros cuando, a consecuencia de sus carentes fármacos, los infartos –en Cuba una gran parte de la población es hipertensa– se multipliquen con irremediables consecuencias. ¡Y qué decir de los diabéticos! Recemos por que el trumpismo no tenga consecuencias letales.

En las escuelas cubanas de arte musical –son numerosas– los jóvenes se hacen profesionales, y en muchas ocasiones como fue el caso de Arturo Sandoval, cobran fama allende los mares. Yo soy un ferviente admirador de ese cubano fuera de serie que por desdicha está prohibido escuchar en la Isla. Por eso me acordé de él con nostalgia la mañana del día 9 de noviembre cuando la ocurrente señora dejó escuchar su frase lapidaria: ¡No es lo mismo trumpista que trompetista!

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