La sagrada fragancia de los símbolos

Desde que apareciera publicada el pasado sábado en Granma la nota oficial que desmentía la próxima comercialización por Labiofam de perfumes que aludían a Ernesto Guevara y a Hugo Chávez, la polémica sobre los verdaderos responsables de "este grave error" sigue animando las conversaciones.

Las omisiones en la declaración del Consejo de Ministros resultan muy significativas. Por ejemplo, no se menciona que este grupo empresarial de producciones biofarmacéuticas y químicas está subordinado al Ministerio de la Agricultura. En lugar de eso, se le trata como un organismo de la administración central del Estado. Más sorprendente es que se oculte el hecho de que no es la primera vez que se anuncia la creación de perfumes con nombres de personajes vinculados a la gesta revolucionaria.

En su anterior Congreso, realizado en septiembre de 2012, Labiofam recordó que, "con el objetivo de diversificar sus producciones y satisfacer las demandas del mercado", había creado en 1994 " las colonias Alejandro, Celia y Havana". El comunicado de la empresa agregaba sin rodeos: "Los dos primeros son productos con nombres alegóricos a personalidades de la Revolución" (Fidel Castro y Celia Sánchez). Años después, Labiofam crearía otra colonia con el nombre de Lina en honor de la madre del exmandatario, Lina Ruz, que era además abuela materna de José Antonio Fraga Castro, director general de Labiofam.

El sobrino de Fidel y Raúl Castro ha regido esta empresa con el mismo voluntarismo que sus tíos han gobernado la Isla

El sobrino de Fidel y Raúl Castro ha regido esta empresa con el mismo voluntarismo que sus tíos han gobernado la Isla. Allí no se hace algo si no está ideado, o al menos aprobado, por él, incluyendo el menú semanal del comedor de los trabajadores. Y, a pesar de que en los últimos cinco años, el resultado económico de la empresa se ha quedado por debajo de lo planificado, se ha venido presentando a la entidad como un modelo de los nuevos tiempos y a su jerarquía como seres intocables.

Todavía no ha trascendido si las medidas disciplinarias anunciadas por el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros buscarán un chivo expiatorio para salvar la reputación del director general o si las llamas llegarán a la punta de la pirámide. Detrás de la tramoya se mueven muchos hilos y cada uno tira en dirección diferente.

El argumento ideológico-emocional de que "los símbolos son sagrados" no convence a casi nadie, sobre todo en un país en que el rostro de Che Guevara lo mismo aparece mancillando la bandera nacional que en esa parte del cenicero donde se aplasta un tabaco para apagarlo. Quizás Labiofam se creyó una empresa independiente, regida más por las reglas del marketing que por los designios del Partido, o tal vez llegó la hora de dar por terminado un feudo sobre cuyos despojos ya tienen puestos sus ojos nuevos intereses.

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