La televisión destaca ataques del Poder Popular a cuentapropistas

Este modelo estatalista centralizado debe ser cambiado si se quiere que el país salga de su atolladero

Una imagen de Nuestra Señora de Guadalupe en la fachada de un herrero por cuenta propia, en Centro Habana. (14ymedio)
Una imagen de Nuestra Señora de Guadalupe en la fachada de un herrero por cuenta propia, en Centro Habana. (14ymedio)

El pasado 29 de diciembre terminaron las labores de la última sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular en el 2015. La televisión cubana destacó dos momentos: la intervención de un delegado, apoyado por el presidente Raúl Castro, responsabilizando a los intermediarios de los altos precios de los productos agrícolas, y la de una delegada responsabilizando a las formas no-estatales del aumento de la corrupción. Ni una palabra sobre los casi 9.000 migrantes cubanos varados en Centroamérica.

Fue evidente la intención de la televisión en concentrar la atención del público en la labor "negativa" de las formas de producción y comercialización "no estatales", una manera de desviar la atención de la responsabilidad de la burocracia con todo el desastre que está ocurriendo.

De la corrupción en todas las esferas del Estado, de lo cual algo sabemos todos los días, ni una palabra. Nadie preguntó a dónde van a parar los miles de millones de dólares que recoge el Gobierno gracias a las remesas, sus monopolios de mercado interno y externo, su explotación de más de cuatro millones de asalariados, especialmente de miles de médicos y especialistas de distintas profesiones que prestan servicios en el extranjero, de los altos impuestos que pagan los cuentapropistas o de los artistas y deportistas que venden sus obras o prestan sus servicios fuera del país, los beneficios de la condonación de deudas externas, etc.

Sin embargo, la televisión no pudo evitar poner pequeñitos pedacitos de otras intervenciones, donde los delegados abordaron el problema de la baja producción, la ausencia de un mercado mayorista y la permanencia de la doble moneda, elementos relacionados con políticas estatales.

No pusieron ninguna intervención, si la hubo, que dijera que buena parte del informado 50% de las tierras potencialmente productivas siguen llenas de marabú y en manos del Estado, que buena parte de los que recibieron tierras no han podido hacerlas producir efectivamente por la cantidad de obstáculos estatales, que el Estado sigue imponiendo precios irrisorios de acopio para buena parte de la producción agrícola

Desde luego, no sabemos si hubo alguna intervención que abordara las verdaderas causas de los altos precios de los productos alimenticios y de amplio consumo, porque si la hubo, se encargaron de no destacarla, y si no la hubo, sería una muestra de que en esa Asamblea anda muy mal en asuntos de economía, como indicó el presidente Raúl Castro en una de sus reflexiones.

No pusieron ninguna intervención, si la hubo, que dijera que buena parte del informado 50% de las tierras potencialmente productivas siguen llenas de marabú y en manos del Estado, que buena parte de los que recibieron tierras no han podido hacerlas producir efectivamente por la cantidad de obstáculos estatales, que el Estado sigue imponiendo precios irrisorios de acopio para buena parte de la producción agrícola, que las empresas estatales son varias veces menos productivas que las de los campesinos individuales y las cooperativas, que el Estado sigue pagando salarios de miseria a sus trabajadores sin estimularlos adecuadamente, que todos los alimentos procesados ‒todo el pollo, las pastas, aceites, salsas, cervezas de calidad, alcoholes y otros‒ se venden únicamente por el monopolio militar de las TRD en CUC y que el CUC sigue a 25 pesitos cubanos.

Si es que la hubo, la televisión no proyectó ninguna intervención señalando que el Estado impide que las formas no estatales de producción, como ellos llaman a la economía privada y cooperativa, puedan recibir ayuda directa, financiamiento y equipos de organismos e instituciones internacionales, pues todo tiene que ser a través del Gobierno y su sistema de empresas.

Tampoco pusieron ninguna intervención que abordara los altos, abusivos y absurdos impuestos a los que están sometidos los cuentapropistas, quienes, además, tienen que arar la tierra, cosechar y mover sus insumos y mercancías en transportes viejos, el valor de cuyo mantenimiento es insondable y a base de un petróleo que mantiene altos precios en el mercado nacional, cuando en todo el mundo han bajado más de un 50%.

Nada se dijo, tampoco, de la incidencia en el aumento de los precios minoristas, de la negativa del Estado a que los campesinos vendan directamente sus productos en La Habana y se vean obligados a asistir a un mercado concentrador en las afueras, donde tienen que pagar impuestos

Nada se dijo, tampoco, de la incidencia en el aumento de los precios minoristas, de la negativa del Estado a que los campesinos vendan directamente sus productos en La Habana y se vean obligados a asistir a un mercado concentrador en las afueras, donde tienen que pagar impuestos y al que deben acudir los intermediarios a buscar sus mercancías con el consiguiente aumento de precio por el costo de la transportación.

En lo que pareció una alusión directa a su oposición personal a las políticas aprobadas por el Partido en el VI Congreso, el presidente se dirigió a Marino Murillo, el zar de la economía nacional, poniendo en duda si debían seguirse aplicando algunas fórmulas de mercado como la ley de oferta y demanda en la comercialización de los productos agrícolas.

Murillo, levantando las cejas por detrás de los espejuelos, gesto que no sé si Raúl pudo distinguir pero que fue visto por la televisión, no dijo nada al respecto. No es difícil imaginar los pensamientos que pasaron por su cerebro, que sí estudió Economía. Pero prefirió no hablar, él sabrá por qué.

Detrás de todo eso está la guerra silenciosa de la burocracia contra el trabajo que trata de independizarse del Estado, eso que ellos llaman para discriminar y excluir "formas no estatales". No es casual que la Asamblea Nacional, supuestamente la encargada de legislar, ejecutar y fiscalizar (todo a la vez) los planes del Gobierno, esté llena dirigentes del PCC, de burócratas de la administración central y de las administraciones provinciales o municipales, de oficiales de alto rango de las FAR y el Minint, de dirigentes de los sindicatos oficialistas y demás organizaciones de masa que controla el PCC.

La burocracia allí reunida es la misma que no fue capaz de legislar y hacer cumplir las líneas generales del VI Congreso del PCC y, encima, ataca inmisericordemente lo poco que se logró pasar de aquello. No sé si fue coincidencia: ayer mismo por la tarde, los cuentapropistas que trabajaban en el Parque de la Maestranza, en La Habana Vieja, vendedores de juguetes, fotógrafos, alquiladores de carritos infantiles, tatuadores ligeros, expendedores de alimentos, unos autorizados y debidamente legalizados y otros no, fueron informados de que "el Partido y el Gobierno" habían decidido que no siguieran trabajando allí, sin más explicación.

No hay arreglo, señores: este modelo estatalista política y económicamente centralizado debe ser cambiado si se quiere que este país salga de su actual atolladero.

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