Las Brigidinas, a la sombra del poder

Hotel Convento de las Brigidinas en La Habana. (Holidaycheck)
Hotel Convento de las Brigidinas en La Habana. (Holidaycheck)

Discretas y escurridizas, con su hábito gris y el tocado en forma de cruz, se las ve asistir a misa en la Ermita de la Caridad de Pinar del Río. Las tres monjas, provenientes de la India, pertenecen a la orden del Santísimo Salvador de Santa Brígida, que dirige la religiosa italiana Tekla Famiglietti. Conocida como la Generalesa, es una de las mujeres más influyentes en el Vaticano y sus vínculos con el Gobierno cubano se han estrechado en los últimos años.

Las Brigidinas ‒congregación creada en 1911 en Suecia por la beata María Elisabet Hesselbald‒ han inaugurado recientemente un nuevo convento en Pinar del Río. Un poco más de una década después de estrenar una impresionante sede habanera, la orden ha dado un salto hacia la cola del Caimán. Ninguna de las otras órdenes radicadas en la Isla ha tenido un crecimiento tan veloz, que solo ha sido posible gracias a la vieja alianza entre la abadesa y la Plaza de la Revolución.

"Mientras nosotros llevamos años para que nos autoricen una reparación capital de nuestro convento, las Brigidinas logran abrir uno nuevo y construir hasta un hostal para turistas", se queja una monja de las Hijas de la Caridad que prefiere mantenerse en el anonimato.

El pasado 26 de noviembre, el nuevo edificio de las Brigidinas fue bendecido por monseñor Jorge Enrique Serpa, obispo de Pinar del Río. La sede está ubicada en una finca conocida como la del "mudo Celestino", que los nietos del antiguo propietario vendieron, empujados por los conflictos familiares y las estrecheces económicas.

Las religiosas compraron la mansión enclavada en un terreno de una hectárea gracias a la labor de facilitación del propio Serpa. El obispado colaboró en la búsqueda del inmueble, la negociación del precio con los dueños y la agilización de los trámites. Todo se hizo con la mayor reserva, uno de los sellos distintivos de las Brigidinas.

Pocos días después de que las monjas se instalaran en el lugar empezaron las labores de reforma. La fachada recién pintada, el acarreo de materiales y la presencia continua de albañiles llamaron de inmediato la atención de los vecinos de Galiano y Cuba Libre, los dos barrios colindantes, con un alto índice de pobreza y marginalidad. Pero nadie sabía para qué era la obra. A punto ya de quedar terminada la capilla, se hizo público que, además del trabajo pastoral enfocado en la atención a los ancianos y pobres de la zona, se aprestaban a erigir un hostal con diez habitaciones dentro del perímetro de la finca. De momento, solo es posible alojarse en algunas de ellas, que los turistas pueden reservar a través de un correo electrónico. El costo de una habitación para dos personas es de 50 CUC e incluye el desayuno. El hostal también dispone de una suite por 65 CUC.

Ninguna de las otras órdenes radicadas en la Isla ha tenido un crecimiento tan veloz, que solo ha sido posible gracias a la vieja alianza entre la abadesa y la Plaza de la Revolución

El tiempo apremia. Un avalancha de visitantes de Estados Unidos podría empezar a llegar en los próximos meses si el Congreso norteamericano levanta las restricciones de viaje a la Isla. La zona de Viñales, María la Gorda, las marinas del Cabo de San Antonio, Cayo Jutía y Cayo Levisa estarían entre los mayores atractivos de la región occidental, y la ciudad de Pinar del Río resulta una parada necesaria hacia la mayoría de estos destinos. Las obras del hostal de las Brigidinas han acelerado su paso en las últimas semanas.

Bajo la protección del obispo Serpa y con la vista puesta en un posible repunte turístico de la provincia, la orden se posiciona en el mercado hotelero en una ciudad con una economía estancada y que por el momento tiene poca capacidad de alojamiento. Y la abadesa, Tekla Famiglietti, estaba en una posición privilegiada para saber de antemano que EE UU y Cuba estaban negociando un acercamiento con la ayuda del Vaticano, especialmente del papa Francisco.

La Generalesa y el Comandante

La inauguración del primer convento de las Brigidinas en Cuba ocurrió pocos días antes del arresto de 75 opositores durante la llamada Primavera Negra de 2003. Las relaciones entre la Iglesia y el Gobierno pasaban por un momento tenso a consecuencia de la publicación de una carta pastoral hecha publica por Jaime Ortega y Alamino, arzobispo de La Habana, donde se pedía una mayor apertura económica y más justicia social. La tensión política anunciaba la tormenta represiva que se desencadenó poco después, pero la abadesa siguió adelante con su empeño.

El 8 de marzo de ese año, en un acto transmitido por la televisión oficial, la Generalesa y el Comandante intercambiaron afectos y condecoraciones. La congregación religiosa entregó a Fidel Castro la Orden Mayor de Santa Brígida de Suecia por su "promoción de los altos ideales que se inspiran en el diálogo ecuménico y en los valores promovidos por Santa Brígida". A cambio, Tekla Famiglietti recibió la Orden Félix Varela, otorgada por el Consejo de Estado.

Bajo la protección del obispo Serpa y con la vista puesta en un posible repunte turístico de la provincia, la orden se posiciona en el mercado hotelero en una ciudad con una economía estancada

Las dos partes habían tramado el proyecto de convento en el año 2000, durante la toma de posesión del presidente mexicano Vicente Fox. A partir de ese momento la Generalesa, nacida en 1939 en el sur de Italia y abadesa de la orden desde 1981, ahondaría la amistad con Castro y haría muestras de gratitud y afecto hacia el gobernante. Cuando el Comandante sufrió una caída durante un discurso en Santa Clara, en 2004, la religiosa se apresuró a enviarle una carta, publicada en la prensa oficial cubana, deseándole una pronta recuperación.

La jerarquía eclesial cubana respondió airada ante la anunciada presencia del poder político en la ceremonia de apertura del convento en La Habana. Tres días después de aquella inauguración, la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC) emitió una dura reprimenda contra Famiglietti, llamando en un comunicado a "distinguir claramente la persona del Santo Padre Juan Pablo II (...) con su proceder evangélico caracterizado por la dignidad, el respeto, la serenidad y la moderación que le son habituales y no vincular al mismo con los excesos en las palabras y en los gestos que hemos constatado en estos actos por parte de algunas personalidades de la Iglesia".

En un gesto que muchos leyeron como la evidencia de una ruptura, el cardenal Jaime Ortega no asistió a la inauguración. Además, la COCC dejó claro en su comunicado que tampoco había estado "ningún obispo de Cuba, así como no hubo ningún eclesiástico designado para representar oficialmente allí la Arquidiócesis de La Habana ni la Iglesia Cubana".

Los privilegios acordados a la orden de las Brigidinas levantaron ronchas entre las más de 15 congregaciones religiosas católicas y varios sacerdotes que habían aguardado por años la respuesta a su solicitud de instalarse en Cuba. Los obispos, sin embargo, se apresuraron a dejar claro, respecto a la llegada de la orden, que "la Iglesia Católica que está en Cuba no tuvo participación alguna en estos acontecimientos ni en su preparación y coordinación".

Pasaría menos de una semana para que comenzaran los arrestos de disidentes, que ocuparían las primeras planas de la prensa internacional. Las Brigidinas guardaron silencio y se concentraron en sacar adelante el nuevo convento, con hostal incluido, en La Habana Vieja. La desconfianza que esta actitud provocó en otras congregaciones no ha podido ser superada doce años después e, incluso, se ha acrecentado con la adquisición del edificio de Pinar del Río.

Ante las críticas, la 'Generalesa' aseguró que el expresidente cubano fue invitado a la inauguración por “caridad y cortesía cristiana” y que no participó en los gastos

Para la abadesa llegaron tiempos de borrasca. En el año 2004, seis novicias provenientes de la India y residentes de un monasterio cerca de Rieti (Italia) denunciaron ante un fiscal a la religiosa por violencia, chantaje y amenaza. Las monjas aseguraron que Famiglietti llegó a confiscar sus pasaportes y tarjetas sanitarias, denunciando una presunta explotación en actividades de hostelería que no les dejaba tiempo para rezar. El propio papa Juan Pablo II intervino para asegurar públicamente que el trabajo de la Generalesa había sido "provechoso (...) al servicio de la familia Brigidina". La causa se archivó sin repercusiones para la abadesa.

El nombre de Tekla Famiglietti también saltaría un tiempo después en un cable revelado por Wikileaks, donde se contaba su encuentro en 2006 con funcionarios estadounidenses en Roma. En esa ocasión, la Generalesa se vanagloriaba de haber visitado la casa de Fidel Castro en "numerosas ocasiones" y abogaba por el levantamiento del embargo de Estados Unidos. En cambio, ni una sola palabra sobre los disidentes encarcelados.

Otro cable de Wikileaks reflejaba las dudas sobre la restauración del convento de La Habana, sin la mediación de la curia en la Isla. Ante las críticas levantadas entonces, la Generalesa aseguró que el expresidente cubano fue invitado a la inauguración por "caridad y cortesía cristiana" y que no participó en los gastos.

Al César lo que es del César...

Las aguas parecen haber tomado su nivel y la relación de las Brigidinas con la jerarquía católica cubana ha alcanzado cierta normalidad. "Eso sí, con la debida distancia", refieren fuentes cercanas al arzobispado de La Habana. El obispo de Pinar del Río ha sido un importante aliado en la expansión de la congregación en su provincia y ha finalmente logrado que la orden goce del favor del cardenal Ortega y Alamino y de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba.

Durante más de una década, las Brigidinas han regentado con éxito su hostal de La Habana, ubicado en la calle de los Oficios, en pleno casco histórico. En la fachada un cartel advierte que se está ante la "Orden del Santísimo Salvador de Santa Brígida" y las puertas permanecen la mayor parte del tiempo cerradas.

En el inmueble vivió a finales del siglo XVIII Lorenzo Montalvo Ruíz de Alarcón y Montalvo, Intendente General de Marina y Ministro de la Fábrica de Bajeles, de la Real Hacienda y Cajas de La Habana. Muchos años después radicaría allí el llamado Café de Copas. La asignación de ese edificio patrimonial a las Brigidinas estuvo supervisada por el propio Eusebio Leal, quien también mantiene una estrecha relación con Famiglietti.

La casona, restaurada impecablemente a un costo de 4 millones de dólares, que gestionó en su mayor parte la propia Generalesa, posee ahora un portero electrónico para velar que entren solo clientes con reservación. En la puerta no se ve ninguna señal de la Oficina Nacional Tributaria (ONAT), ya que las órdenes religiosas no pagan impuestos, incluso cuando se trata de actividades lucrativas.

La retirada de la escena pública de Fidel Castro, principal benefactor de la orden en Cuba, no parece haber menguado en nada las prerrogativas acordadas a la congregación

Una vez en el interior del hostal habanero, el patio central muestra sus plantas bien cuidadas y se escucha el murmullo de una fuente. Una monja de pocas palabras recibe a los huéspedes. Atrás ha quedado el bullicio de la calle y la sensación es la de haber traspasado el umbral de un templo.

Solo hay once habitaciones y no existe un folleto explicativo, ni un sitio digital donde se pueda contactar directamente. Para hacer una reservación es necesario escribir a un correo electrónico ubicado en un servidor nacional y esperar respuesta. Varios portales de ofertas turísticas incluyen el alojamiento entre sus recomendaciones, pero con ese halo de secretismo que rodea a todo lo que tocan las Brigidinas.

Nuevo convento de las Brigidinas en Pinar del Río. (Juan Carlos Fernández)
Nuevo convento de las Brigidinas en Pinar del Río. (Juan Carlos Fernández)

Una habitación en el hostal cuesta alrededor de 50 pesos convertibles por noche y en temporada alta alcanza los 75 CUC. "El lugar es muy tranquilo y no se permite que los huéspedes entren con parejas ocasionales", cuenta una familia polaca que se hospeda allí cada vez que viaja a La Habana: "eso está muy bien porque nosotros vinimos con un niño pequeño".

El mundo real está en la esquina, donde una cafetería con música en vivo funciona como punto de encuentro entre prostitutas y clientes extranjeros. Las monjas son cautelosas a la hora de aceptar huéspedes cubanos, que rechazan cortésmente, asegurándoles que el lugar está lleno.

Dentro de poco, las Brigidinas ofrecerán otro oasis a los turistas, ahora en Pinar del Río. La retirada de la escena pública de Fidel Castro, principal benefactor de la orden en Cuba, no parece haber menguado en nada las prerrogativas acordadas a la congregación. El pacto que una vez hicieron la Generalesa y el Comandante sigue en pie. Calladas hasta el misterio, las Brigidinas han logrado colocarse a la sombra del poder.

Imprimir

  • Facebook Like:
  • Google Plus One:
  • Tweet:
  • Tumblr:
  • Compartir:

Comentarios 15