El calvario de los cajeros automáticos

Ante la llegada de MasterCard a Cuba, la red bancaria está al borde del colapso

Las colas en los cajeros cubanos se multiplican los fines de semana. (14ymedio)
Las colas en los cajeros cubanos se multiplican los fines de semana. (14ymedio)

La fila llegaba hasta la esquina y se movía con desesperante lentitud. No estaban vendiendo huevos, ni papas. Ni siquiera se trataba de una cola para solicitar un visado. Los que aguardaban solo querían acceder al cajero automático, el único que funcionaba la tarde del pasado sábado en los alrededores del Parque Central de La Habana.

A pocos días para que las tarjetas MasterCard puedan usarse en Cuba, muchos se preguntan cómo se enfrentará la red bancaria cubana al aumento de la demanda de dinero si apenas puede mantener a flote su servicio para los usuarios nacionales y los turistas.

La congestión frente a los cajeros crece a pesar de que hay solo 1,3 millones de tarjetas magnéticas emitidas en el país y que por el momento solo pueden obtenerlas jubilados, clientes con cuentas en pesos convertibles, empresas que tengan contratos con el banco, trabajadores por cuenta propia y colaboradores en el exterior. El resto de la sociedad sigue dependiendo en exclusivo del papel moneda.

"Cuando el tema es el baro la gente echa humo por las orejas", sentencia un joven cuya noche de sábado pendía de un hilo por culpa del congestionado cajero. A pesar de que este fin de semana la temperatura bajó en la ciudad, nadie parecía dispuesto a moverse del lugar antes de obtener sus billetes.

La escena se repite en la mayor parte de los 550 ATM ( Automated Teller Machine o cajeros automáticos) de fabricación china, de los cuales 398 están en La Habana. En 2013 se compraron 200 nuevas unidades en China, pero la mayoría fue para sustituir terminales defectuosos y no solucionó el grave déficit de cajeros. El pago en efectivo sigue siendo la forma más extendida en Cuba para adquirir productos y servicios.

A la escasez de terminales se une el deficiente funcionamiento del sistema, afectado por cortes eléctricos, frecuentes caídas de la conexión del ATM con el banco y falta de efectivo.

Los terminales para el pago con tarjetas solo están disponibles en negocios privados con grandes recursos y evidente respaldo oficial

Casi la totalidad de los trabajadores por cuenta propia ofertan sus servicios a través del pago en efectivo. El uso de un terminal de punto de venta (TPV) para la lectura y pago con tarjetas, también conocido como POS, solo está disponible en negocios privados con grandes recursos y evidente respaldo oficial.

En la red de comercio estatal, el panorama es diferente pero tampoco muy halagüeño. Aunque existen TPV en la mayoría de los grandes almacenes y tiendas en divisas, su servicio es inestable y lento. "Cuando llega un cliente a pagar con tarjeta, la cola se para por minutos, porque a veces la comunicación con el banco está caída y hay que intentarlo varias veces", explica una cajera del concurrido mercado de la calle 70 y 3ra en Miramar.

En las ciudades de provincia y sobre todo en los municipios, donde son prácticamente inexistentes, la situación de los ATM y los TPV es aún peor. Los turistas que se adentran en la Cuba profunda deben llevar el efectivo consigo, aumentando el riesgo de robos y pérdidas, además de la demanda de circulante.

El problema golpea a foráneos y nacionales. "¿Para qué me pagan en la tarjeta, si al final tengo que venir a sacar el dinero al banco porque en casi ningún lugar puedo comprar con esto?", se queja Marilin Ruíz, una antigua maestra de escuela primaria que también esperaba el sábado en la cola del cajero cercano al Parque Central. La demora fue tan larga que la señora terminó intercambiando con otra recetas de cómo hacer un flan sin leche y sugerencias de puntos de tejido.

“Tengo una pensión de menos de 200 pesos y me paso hasta dos horas de cola en el cajero para cobrarla”, se queja una anciana

Entre los días 4 y 6 de cada mes, los jubilados cubanos se acercan a los ATM para cobrar sus pensiones. "Tengo una pensión de menos de 200 pesos y me paso hasta dos horas de cola en el cajero para cobrarla", explicaba Asunción, una anciana de cerca de ochenta años. Mientras, unos chiquillos corretean de un lado a otro. Son los hijos de una pareja que espera al final de la cola, sin muchas esperanzas de sacar dinero antes del anochecer.

"Nosotros hemos llegado tarde a todo, cuando el mundo lleva décadas usando este plástico, ahora es que lo estamos probando nosotros", lamenta Asunción. Los primeros cajeros automáticos, de procedencia francesa, se instalaron en Cuba en 1997, pero partir de 2004 sólo llegaron terminales de China.

Asunción guarda en su monedero una tarjeta Visa que le envío su hijo desde Madrid. "Esta la uso sólo cada tres meses, cuando él me pone una tierrita para mis gastos". No hay estadísticas públicas de cuántos residentes en territorio nacional podrían estar haciendo uso frecuente de tarjetas de débito o crédito asociadas a una cuenta en un banco extranjero de algún pariente emigrado, pero el fenómeno se ha extendido en la última década.

En la cola, varios estudiantes chinos ponían también a prueba su paciencia asiática con las tarjetas rojas y azules del conglomerado bancario chino UnionPay en la mano. Más de 3.000 ciudadanos de ese país estudian o trabajan en la Isla y reciben sus remesas familiares por esa vía. Además, solo en 2013 unos 22.200 turistas chinos visitaron Cuba.

“A los cubanos y a los chinos se nos da bien esto de esperar, pero deja que lleguen masivamente los yumas que son más desesperados, lo quieren todo rápido”

"A los cubanos y a los chinos se nos da bien esto de esperar, pero deja que lleguen masivamente los yumas que son más desesperados, lo quieren todo rápido", dice Lázaro, un adolescente de ropa ajustadísima, a un amigo con el que espera en la cola.

La alternativa al cajero automático, que podría ser la ventanilla de la sucursal bancaria, no se recomienda. En La Habana existen 90 sucursales del Banco Metropolitano, pero a finales de 2014 al menos doce oficinas estaban parcial o totalmente cerradas, por problemas que iban desde filtraciones, tupiciones en las redes albañales, peligro de derrumbe u otras cuestiones de infraestructura. La atención insuficiente y la desconfianza en el sistema bancario hacen que muchos sigan prefiriendo esconder el dinero "bajo el colchón".

El limitado horario de trabajo de los bancos y la escasez de oficinas abiertas el fin de semana provoca largas colas el fin de semana frente a los ATM. Los más optimistas, sin embargo, logran rentabilizar la espera. Marilin logró amarrar todo para alquilar a los estudiantes chinos una habitación en su casa que deberán, eso sí, pagar en efectivo.

Asunción no aguantó el dolor en las piernas y se fue sin su dinero, mientras la pareja del final de la cola tuvo que comprar unos helados para tranquilizar a los chiquillos inquietos. Lázaro anduvo con más suerte y, además de intercambiar teléfonos con una francesa que conoció en el tumulto, logró extraer del ATM veinte pesos convertibles para gastarlos esa misma noche. Al menos por esa vez no apareció la pantalla azul con el anuncio de "fuera de servicio", tampoco hubo un corte eléctrico y, sí, la máquina tenía efectivo.

Imprimir

  • Facebook Like:
  • Google Plus One:
  • Tweet:
  • Tumblr:
  • Compartir:

Comentarios 32