Pintar la bodeguita

El mercado de arte no oficial sobrevive entre la escasez de materiales y el hastío de reproducir los mismos temas que los turistas adquieren hasta por el triple de su costo

Pintar la feria
Las mismas imágenes se repiten una y otra vez para el turista. (14ymedio)

Con las primeras luces de la mañana se les ve empujar las carretillas. Bajo las lonas que los cubren y protegen de la humedad, viajan los lienzos de cocoteros, viejos autos y mulatas en poses insinuantes. La "galería" es el amplio Paseo del Prado y la meta, vender lo más posible.

El mercado de arte para turistas en Cuba está saturado de las mismas temáticas y aguijoneado por la falta de insumos y los muchos controles. No basta con pintar bien para llegar a ser rentable, pues un entramado de relaciones e intermediarios determina el éxito.

Los artistas que están bajo la tutela del Ministerio de Cultura lo tienen más fácil para ser reconocidos en el ámbito nacional e internacional, porque comercializan su obra en sitios oficiales. Fabelo, Zaida del Río, Kcho, Montoto y otros famosos, no necesitan lanzarse a la jungla del arte ofrecido en ferias o improvisadas galerías. Cuando venden un lienzo, las ganancias suelen superar los cuatro dígitos.

Detrás de ellos llegan los que tratan de abrirse paso en catálogos, exposiciones internacionales o de alcanzar una beca en otros países. Más abajo quedan quienes pintan para sobrevivir y muchas veces renuncian a su propio estilo, hacen concesiones artísticas o copian cuadros famosos. La oferta en las ferias para turistas es tan amplia y variada, que frecuentemente las obras se rematan por menos de lo que costaron sus materiales.

"Cada vez que pinto el Capitolio me siento como si estuviera vendiéndole el alma al diablo, pero qué voy a hacer, tengo que comer", afirma Alexander Gómez, pintor autodidacta. Está en el negocio desde hace una década y refiere que es un mundo duro, donde el timo y la estafa están a la orden del día.

"Depende de si el turismo está en alza o en baja. Por ejemplo entre octubre y marzo se vende más, pero después llega un tiempo muerto", señala este treintañero que se especializa en paisajes urbanos.

Hace unos días, Alicia, 50 años, se paseó por toda la ciudad para tratar de "salir de unos Mogotes de Viñales". Sin embargo, después de horas caminando y varias rebajas, tuvo que regresar a casa sin un comprador. "Eso me pasa porque soy de Las Tunas y no conozco a nadie que me ayude a entrar en el mercado habanero", declara con molestia.

La mayoría de los artistas comercializa sus obras a través de intermediarios que le pagan alrededor del 30% del precio de la venta. Por una reproducción de La Bodeguita del Medio plasmada en un lienzo de 60 x 80 cm, se paga a su creador entre 10 y 15 CUC dependiendo de su calidad. El cuadro se ofrecerá más tarde a los turistas por un valor de 35 a 50 CUC, el doble o triple de su costo.

Un cuadro se ofrecerá (...) a los turistas por un valor de 35 a 50 CUC, el doble o triple de su costo

Manuel Aguirre, 52 años, tiene un punto de venta en una escalera del casco histórico de la capital. "Yo ofrezco los rostros del Che hasta en 100 CUC, si están bien de colores y ya montados en su bastidor". "Cada semana recibo hasta tres de esos retratos y trato de negociar siempre con el mismo pintor porque me da confianza", añade. Aguirre alega que no sólo debe darle dinero al artista, "tengo que pagar al dueño de la vivienda que me alquila el lugar, a los inspectores para que no me cierren el puesto y de vez en cuando hacer algunos regalitos", concluye.

De la Plaza de la Catedral al Muelle San José

Todos los polos turísticos del país son plazas disputadas por estos comerciantes del trazo y el grabado. En Trinidad, Varadero, Baracoa, Viñales y hasta en los llamados "conejitos" -paradas para los ómnibus en la carretera- abundan las ofertas de arte como souvenirs.

El más famoso de esos mercados estuvo ubicado en la Plaza de la Catedral habanera en los años ochenta. Una ofensiva policial conocida como "Operación Adoquín" barrió con sus vendedores. Muchos de ellos terminaron procesados por enriquecimiento ilícito y con todos sus materiales confiscados.

Ahora, sin embargo, numerosos pintores profesionales cambian sus pinceles por puestos de venta, pues tal actividad les reporta mayores ingresos. Los hay incluso que combinan las dos ocupaciones, aunque la labor del marchante no deje mucho tiempo para la inspiración y el trabajo manual. Para cubrirse legalmente muchos de ellos están inscritos en el Registro Nacional del Creador de las Artes Plásticas o son miembros de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACA).

Los vendedores más competitivos tienen catálogos para mostrar las obras y ofrecen varias versiones de un mismo cuadro en diferentes matices. "Para que le pegue con el color de la pared", pregonaba uno de ellos en un bulevar de Santiago de Cuba, mientras mostraba una versión de La gitana tropical en tonos rosas.

En un estudio de Centro Habana, Ignacio, de 35 años, muestra en la pared su diploma de la Academia de San Alejandro. Ahora se dedica a reproducir cuadros famosos. "Lo que tiene más salida son los Sorollas, las obras de la vanguardia cubana del siglo XX y algunos clásicos universales", asegura. Nota un cambio también en el público consumidor. "Si antes sólo compraban extranjeros, ahora aparecen cada vez más cubanos interesados". Son los nuevos ricos que prefieren adornar sus paredes con reproducciones de obras clásicas. El joven artista detalla los gustos de esta clase emergente, "vienen buscando a Klimt, Picasso, Dalí, Da Vinci, Tomás Sánchez y a Servando Cabrera".

"Si antes sólo compraban extranjeros, ahora aparecen cada vez más cubanos interesados"

Entre los compradores nacionales destacan los dueños de nuevos restaurantes privados. "Una paladar que se respete tiene las paredes llenas de cuadros aunque sean copias", aclara el administrador de un sitio de comida cubana e internacional recién abierto en el barrio de El Vedado. Explica también cómo funciona en algunos casos: "si te pones de suerte logras que algún pintor famoso te regale una obra a cambio de varias cenas gratis". Ese fue el caso del conocido establecimiento Hurón Azul, cerrado después de un escandaloso proceso judicial y que llegó a poseer obras de los más importantes artistas radicados en la Isla.

"Se dice que somos malos pintando o que siempre hacemos lo mismo, pero al menos esto sale de nuestras manos y no se lo robamos a nadie", se defiende un artista naif que dibuja junto al restaurante El Patio. Sus palabras hacen referencia al robo de, al menos 70 obras del Museo de Bellas Artes confirmado por el Gobierno el pasado mes de marzo. El escándalo ha sido la comidilla en las últimas semanas en el sector artístico de todo el país.

La apertura del Muelle San José, en una nave del puerto habanero, les ha traído a los comerciantes de cuadros ventajas pero también tropiezos. El viejo depósito, ahora restaurado, ofrece una mejor infraestructura que el anterior emplazamiento cercano al Seminario de San Carlos y San Ambrosio. "Aquí tenemos baño, teléfonos públicos y no nos mojamos cuando llueve... pero llegan menos extranjeros". Los negociantes se quejan de estar fuera del epicentro turístico y también de la mala señalización para guiar a los clientes hasta allí. No obstante, la apertura de una gran cervecería a pocos metros del lugar les ha provocado cierto optimismo ante un posible aumento en la afluencia de público.

La materia prima para pintar escasea o muestra un alto precio en las tiendas de Artex y el Fondo de Bienes Culturales. Un pincel llega a costar entre 4 y 25 CUC, según la calidad de las cerdas, y el lienzo puede pasar meses sin aparecer por los mercados en moneda convertible. Los vendedores informales ofrecen productos a menor precio que deben importar o desviar de almacenes estatales, pero no son suministros estables ni del todo seguros.

Aún así, en lugar de disminuir, las ofertas de arte para turistas aumentan y se diversifican. En medio de las obras kitsch, repetidas y plagiadas hasta el cansancio, también pueden encontrarse verdaderas maravillas. Desde la pintura hecha casi como en un proceso industrial, hasta el artista que crea cada lienzo como único, hay para todos los gustos.

Si se tiene paciencia, entre las falsas junglas de Lam y los distorsionados rostros de Compay Segundo, es posible hallar un óleo único y valioso. La cuestión es buscarlo.

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