La cruzada contra los piojos

Cartel de un cuentapropista que quita piojos.
Cartel de un cuentapropista que quita piojos. (14ymedio)

"Me echaron petróleo y me pusieron un trapo blanco apretado en la cabeza para que los piojos cayeran en él, después de un rato tenía mareos al respirar aquel olor y después vinieron los vómitos", cuenta Yuraima. Durante su adolescencia, la joven fue sometida frecuentemente a tratamientos como este para combatir a los piojos.

Tener piojos no es solo cuestión de higiene o salud, sino que lastima la autoestima y provoca el rechazo social. De este padecimiento todos sabemos algo, ya sea sacar liendres o detectar esas pintitas blancas en el pelo. ¿Cómo los eliminamos? Esto depende de cada uno: con queroseno, lindano, alcohol, petróleo, vinagre o infusión de hojas de guanábana...

En la batalla que libramos los cubanos contra los piojos, estos últimos llevan décadas a la ofensiva y con varias escaramuzas ganadas. El desabastecimiento de productos higiénicos como champú y jabón, unido al hacinamiento en que viven muchas familias, ha creado un hábitat ideal para estos invitados indeseados. Cada madre cubana sabe lo que es pasar largas horas las largas horas identificando en la cabellera de sus hijos las larvas o lavando el pelo con algún producto que mate a los insectos adultos. El conocimiento se transmite de generación en generación y algunas féminas se consideran verdaderas expertas.

En las escuelas primarias, maestras y auxiliares pedagógicas son diestras en detectar a los alumnos contagiados. Si alguien se rasca frecuentemente la cabeza y se le notan unos puntitos blancos, entonces es revisado. La medida más repetida es enviar a casa al "piojoso" y decirle que regrese solo cuando tenga controlada la invasión. El problema radica entonces en cómo matar a estos insectos sin alas que saltan de una cabeza a otra. El propio "limpiador de liendres" puede terminar contagiado.

Entre los compras que con más frecuencia traen en sus maletas los viajeros que regresan al país, figuran los productos destinados a la eliminación de los piojos. "Mi hija lo único que me pidió es que le trajera para los niños un buen champú anti pediculosis", dice María Encarnación, una jubilada de setenta años que acaba de viajar a Miami a visitar a su otro hijo. "Cuando llegué a la farmacia y empecé a buscar, una empleada me preguntó si vivía en la Isla y después me señaló: 'las lociones contra piojos están en aquel anaquel' y me dio tanta pena...", cuenta la anciana, que pudo comprar dos frascos de medio litro cada uno.

Los nietos de Encarnación pertenecen a un pequeño grupo de infantes cubanos que combate la invasión de piojos con productos vendidos en farmacias. Muchos otros apelan a lo que tienen a mano. Las dos hijas pequeñas de Liz están pasando por la misma infestación que ella padeció cuando era niña: "Utilizo vinagre para que las liendres se despeguen del pelo y después las peino con un peine muy fino para sacarlas, es una tarea que me lleva horas". Un estudio realizado por el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí determinó que en el país se usan hasta cuarenta productos en el combate contra estos insectos de forma ovoidea que pueden medir entre 1,5 y 4 mm.

Además de la extracción manual, que lleva tiempo y paciencia, muchas familias echan mano de sustancias que causan más daños que beneficios para la salud. Tal es el caso de la aplicación de petróleo y queroseno para el control de la plaga. En el imaginario popular, estos productos "matan hasta el último piojo", según cuenta Emenegilda, que vive en el poblado El Pedrero, en el centro del país, y dice poder curar con esos sustancias. "Le echo aceite quemado de carro, que es el mejor para esos casos y no solo no hay liendre que se quede en esa cabeza, sino que además el pelo le queda brilloso, brilloso", explica esta matrona muy respetada en su comunidad y a la que las madres piden ayuda con frecuencia para dejar "limpios" a sus hijos.

“Le echo aceite quemado de carro, que es el mejor para esos casos y no solo no hay liendre que se quede en esa cabeza, sino que además el pelo le queda brilloso, brilloso”

La lista de remedios incluye elementos tan agresivos para la salud humana como el líquido de freno y el propio abate –o Temephos– que se usa en la lucha contra el mosquito aedes aegypti pero cuya utilización sobre el cuerpo no es recomendable. A las reacciones tóxicas se unen los propios peligros durante el tratamiento por la característica de inflamable que tienen los derivados del petróleo que, además, provocan irritación en membranas y daños respiratorios. Por último, su aplicación repetida podría estar asociada a la aparición de cáncer.

En casi todas las provincias investigadas por los científicos del Pedro Kourí, se determinó el uso de hidrocarburos para eliminar piojos y liendres. En las zonas rurales, se agregan también los plaguicidas agrícolas, con los que la población intenta frenar la expansión de piojos. Los casos de intoxicaciones son frecuentes, pero los rumores populares apenas se hacen eco de ellos.

El lindano también se utilizó durante décadas como insecticida contra la pediculosis. Sin embargo, se descubrió su riesgo de absorción sistémica y varios efectos secundarios sobre el sistema nervioso central o en la médula ósea. Los peores casos de neurotoxicidad derivaron en crisis epiléptica, aunque también se reportaron vértigos, irritabilidad y nerviosismo. El producto fue retirado definitivamente de las farmacias, pero dejó a muchas familias sin otra opción para combatir el mal.

Muchos libran la batalla contra los piojos con la ayuda de productos y compuestos que podrían traer más problemas que soluciones. Los más afortunados pueden contar con algún pariente que viaja al extranjero y les trae de vuelta una loción o un champú que eliminará a los indeseados inquilinos de la "azotea".

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