Cuba: territorio Android

Miles de ingenieros formados en una Isla sin apenas conectividad ven en las empresas extranjeras su gran oportunidad

Jovenes con una tablet. (14ymedio)
Jovenes con una tablet. (14ymedio)

Es madrugada y todos duermen en el edificio, aunque una luz tenue sale de la ventana de Misael. "Vivo en La Habana con el horario de Frankfurt", cuenta este joven que trabaja a distancia con una compañía alemana que desarrolla aplicaciones para Android. "Este robot verde me ha dado de comer por años", cuenta mientras señala hacia el simpático logo del sistema operativo basado en Linux.

Sobre la mesa hay dos computadoras conectadas en red, varias tazas de café y un cenicero en el que ya no entra un cabo más. Misael tiene subcontratado a un amigo, graduado, como él, en la Universidad de las Ciencias Informáticas (UCI). Después de cumplir con el servicio social, ambos decidieron lanzarse al mercado de las aplicaciones. "Buscaban un desarrollador que supiera también diseño de interfaz de usuario", detalla el joven que aún no ha cumplido los treinta años. "No lo pensé dos veces y dejé mi empleo estatal en un Joven Club de Computación".

Con más de diez mil ingenieros graduados en sus aulas, la UCI se ha planteado informatizar el país y desarrollar la industria del software. En sus laboratorios se han formado también los policías informáticos que censuran sitios webs conflictivos, crean falsos usuarios para apoyar al oficialismo y denigran a los disidentes en las redes sociales. Sin embargo, el resultado más importante de la escuela no son sus secuencias de código ni sus cibercensores, sino el amplio número de sus egresados que se dedican al negocio privado de las aplicaciones y trabaja a distancia con firmas extranjeras.

Cuba se ha convertido en una cantera para programadores en lenguajes como Java. Los más diestros terminan por lograr un contrato en otro país, pero la competencia es fuerte. Misael, que cobra por cada trabajo terminado, sabe que lo que hace podría valer más, pero se siente afortunado por recibir un salario en moneda dura. "Me pagan la mitad de lo que le darían a un informático en la India pero, ¿qué voy a hacer?", explica delante de su ayudante, que parece ganar aún menos que él.

El resultado más importante de la UCI es el amplio número de sus egresados que se dedican al negocio privado de las aplicaciones y trabaja a distancia con firmas extranjeras

Los trabajadores como Misael están protegidos de los inspectores por un subterfugio legal. "Saqué una licencia de programador de equipos de cómputo, así que abono mis impuestos y mi seguridad social". No declara sus verdaderos ingresos, pero sería difícil para las autoridades controlar cuánto se embolsa cada mes. "Hay días buenos y días malos, depende de cuántos encargos me hagan. Si logro unos cien euros cada semana ya me siento tranquilo". Misael no solo vive con el horario de Alemania, también lleva sus finanzas en moneda europea. "Yo lo veía todo el tiempo frente a la pantalla y pensé que estaba jugando, pero ahora es él quien sostiene económicamente la casa", cuenta su madre.

Los gastos para un programador también son elevados. Una conexión ilegal a Internet supone cien pesos convertibles cada mes, pero no puede prescindir de ella para enviar el producto terminado y recibir los pedidos. Si las fechas de entrega se acercan, tiene también que contratar a otros colegas.

La empresa alemana que contrató a Misael tiene entre sus clientes a hoteles, aerolíneas, centros culturales y algunos museos. El nombre del desarrollador cubano no aparece en los créditos de la aplicación y todo el trabajo se hace en inglés o alemán. Lograr la plaza no fue fácil. "Me pidieron un currículo y ver mis trabajos anteriores, después tuve que hacer una entrevista vía Skype... Con lo lentas que están las conexiones aquí, eso fue lo más complicado". Afortunadamente, el joven logró conectarse desde una embajada extranjera y hacer su videollamada. Lo aceptaron de inmediato.

Android se aplatana

Las aplicaciones de Android no solo se desarrollan para clientes foráneos. Desde 2008, con la ampliación del servicio móvil para usuarios nacionales, el número de teléfonos inteligentes ha ido en aumento y con ello la demanda interna. En el mercado informal se puede encontrar, por ejemplo, la popular aplicación ETECSADroyd, con una base de datos filtrada desde la Empresa de Telecomunicaciones S.A . Con ella, bastan unos pocos clics para conocer desde el número de carnet de identidad, hasta la dirección exacta de cada abonado de telefonía fija y celular. El listado incluye los datos de Mariela Castro y de las secciones de la Seguridad del Estado en todas las provincias.

“Un día quise desarrollar una apps sobre el transporte público en La Habana, pero ¿cómo voy a programar algo así, si nadie sabe los horarios a los que pasan las guaguas?”

"Un día quise desarrollar una apps sobre el transporte público en La Habana, pero ¿cómo voy a programar algo así, si nadie sabe los horarios a los que pasan las guaguas?", se ríe Misael sin dejar de teclear. Él pertenece a la generación del multitasking, esos que dicen poder hacer dos y tres tareas a la misma vez.

Son las cuatro de la madrugada y sus jefes ya están en su oficina al otro lado del Atlántico. "Vamos a ver si les gusta y me pagan esta aplicación, porque quiero comprarme un Nexus 7". Se refiere a un tablet desarrollado por Asus con la colaboración de Google y que se ha convertido en el preciado sueño de muchos programadores del patio.

Los fans de Android se reúnen con frecuencia para hablar de sus logros y de los últimos trucos de programación. La calle G sirve para contactarse físicamente, pero siempre terminan en alguna habitación, mirando las pantallas de sus teléfonos o laptops. Juntos prueban las apps que han hecho, hacen ingeniería inversa a otras que descargaron de Internet y se recomiendan programas. La mayoría trabaja con el entorno de desarrollo Eclipse. Algunos han agregado a sus conocimientos de programación, nociones en experiencia de usuario para mejorar la navegación y la usabilidad. Los hay autodidactas y graduados de la UCI, pero no los diferencia un diploma sino las habilidades que han logrado con la práctica.

"Sueño con visitar la sede de Google y ver los lugares de donde han salido las versiones Honeycomb, Ice Cream Sandwich, Jelly Bean, Gummy Bear y la actual KitKat", cuenta Ramiro, uno de los más jóvenes desarrolladores de aplicaciones que hay en toda La Habana. Lleva un pulóver negro en el que sobresale una simpática figura de antenas verdes y ojos avispados. Esto es territorio Android.

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