El estatus social está en el ‘cake’

Cake
Una novia observa el cake de varios pisos diseñado para su boda. (CC)

Un cake con la forma de una cámara fotográfica, figuras de recién casados modeladas en azúcar o el emblema del equipo del Real Madrid son algunas de las ofertas de una empresa privada que prepara fiestas de bodas y cumpleaños. El número de sus clientes va en aumento en una sociedad donde la calidad y la altura de las tortas se convierte en símbolo de estatus.

¿Cuántos pisos tendrá el pastel? La respuesta a esa pregunta determina la solvencia económica y ahonda la brecha entre quienes pueden permitirse una mole de azúcar y merengue, con fuentes, luces led y una capa de chocolate, o aquellos otros que tendrán que hacer una panetela casera con mucho ingenio y pocos ingredientes.

“Para el cumpleaños de mi hijo encargué un cake con la forma de una mesa de billar”, comenta una señora de 50 años que se ha convertido en cliente asidua de Kirocake, un negocio de repostería que se precia de hacer “arte para el paladar”. Ubicado en el reparto Miramar, la pequeña empresa se ufana también de recrear casi cualquier motivo que le pidan sus clientes.

Los pedidos son tan variados como se puedan imaginar. Desde la imagen del dibujo animado Cheburashka, para alguien que creció mirando muñequitos rusos, o de la producción de Disney Tinker Bell para una niña pequeña. Como no hay límites para los sueños, los pequeños productores por cuenta propia aceleran el ritmo para anticiparse  al futuro. Algunos ya proyectan diseños a los Star Wars o de los Minions.

En Kirocake la especialidad es el fondant, una masa a base de azúcar que recuerda la plastilina. Los clientes pasan por una degustación para escoger sabores, tanto de la cubierta como del relleno. Los reposteros también trabajan la crema de nata, pero la consideran inestable para sus cakes, que pueden medir hasta un metro y medio de altura.

Un cake clásico para este tipo de ocasión, con rosas modeladas en azúcar, para 80 comensales y con 70 cm de altura, no baja de los 200 pesos convertibles, el salario de ocho meses de un profesional.

“El fondant tiene la textura de la cremita de leche y sabe como a miel”, explica a 14ymedio una empleada del lugar que ultima los detalles de una boda. Un cake clásico para este tipo de ocasión, con rosas modeladas en azúcar, para 80 comensales y con 70 cm de altura, no baja de los 200 pesos convertibles, el salario de ocho meses de un profesional.

Los productores de esas maravillas de azúcar tienen en la mayoría de los casos una licencia de elaboradores de alimentos y reciben inspecciones con mucha frecuencia. “Tenemos que tener todos los vales de compra de los productos”, comenta Ricardo, quien dirige una pequeña compañía que prepara fiestas en San Miguel del Padrón. Sin embargo, el hombre no esconde que “si fuéramos a guiarnos por la ley, no podríamos hacer ni un panqué”.

En el mercado informal existe un amplio surtido de materia prima para repostería y panificación, como huevos, harina y colorantes de merengue. La mayoría de estos productos provienen del desvío de recursos a las entidades estatales. “Si no compramos por la izquierda, tendríamos que vender nuestros cakes a unos precios que nadie los compraría”, reconoce Ricardo.

“Si no compramos por la izquierda, tendríamos que vender nuestros cakes a unos precios que nadie los compraría”

En marzo del pasado año, 19 empleados de la Unidad Empresarial de Base (UEB) Acopio y Distribución de Huevos Ha­bana y de la Empresa Provincial de Co­mercio, fueron sancionadas a penas entre 8 y 20 años de cárcel por el robo de ocho millones de huevos, lo cual significó una afectación económica de casi 9 millones de pesos cubanos, según un reporte de la prensa oficial.

Pocos meses después, en una inspección realizada por la Empresa Provincial Alimentaria a 60 casillas ferroviarias, se determinó que solo entre septiembre y octubre desaparecieron 47.800 kilogramos de harina mientras eran trasladadas por ferrocarril. Parte de esa mercancía robada es probable que terminara en la torta de los sueños de innumerables novios y quinceañeras.

Otros ingredientes, asegura Ricardo, como los “más sofisticados se importan a través de mulas o gente que viaja al extranjero”. Entre los ejemplos de esas delicatessen detalla “perlas de azúcar comestibles doradas y plateadas; la vainilla azucarada, la trufa y muchos de los accesorios como fuentes, luces, norias y carruseles que se le instalan”.

Los organizadores de eventos del sector cuentapropista, como Megafiestas, D’Eventos, y Sentir Eventos, ofertan paquetes con todo incluido, desde el alquiler del salón hasta los artistas invitados, pasando por la decoración, trajes de novios, estilistas, fotógrafos y alquiler de autos clásicos, casi siempre descapotables. Una boda gestionada de esa manera no puede hacerse con menos de 3.000 CUC.

No solo se especializan en fiestas de bodas, quinces, bautizos y aniversarios; también pueden organizar despedidas de solteras y solteros. Sus tarjetas de presentación hablan a favor de “la discreción de sus especialistas”, capaces de enfocarse en “la originalidad de cada cliente”.

Para los nostálgicos de los dibujos animados rusos, Kirocake ha diseñado esta torta con la imagen de Cheburashka. (Kirocake)
Para los nostálgicos de los dibujos animados rusos, Kirocake ha diseñado esta torta con la imagen de Cheburashka. (Kirocake)

Tener una fiesta con un pastel colosal no sería nada sin un salón decorado por profesionales, con arreglos florales o globos, manteles, forros y lazos en las sillas, fuentes de champán y de chocolate. El bufé de la boda también ha salido del estrecho marco de la cajita de cartón con ensalada fría, croqueta y bocaditos de pasta.  

“Eso pasó de moda”, asevera Mara, que ayuda a una amiga a preparar su boda. El bufé actual “contiene camarones, canapés, quesos y salmón ahumado”. El cake encargado por Mara para su amiga tendrá 14 panetelas distribuidas en seis niveles, unas fuentes de colores por las que fluye el agua todo el tiempo, espejos, luces led y costará 150 CUC. La nueva clase emergente no repara en críticas por caer en el kitsch; lo que más le importa es diferenciarse del resto.

La nueva clase emergente no repara en críticas por caer en el kitsch; lo que más le importa es diferenciarse del resto.

Gabriela, de 39 años, empezó a ahorrar dinero desde que su hija cumplió 10 años: “Estoy echando un peso convertible en una alcancía, cada vez que puedo”. Ella, como la mayoría de los cubanos, vive al día, pero no renuncia al sueño de celebrar por lo alto los 15 de la muchacha. “Aunque sea quiero que pueda tener un álbum de fotos y un cake para picar con sus amiguitos”, refiere la mujer. Su temor es que llegado el momento tengan que conformarse con la oferta estatal.

A las jóvenes que cumplen 15 años les entregan un documento para una torta subsidiada en una panadería convencional. Con ese papel, expedido por la Unidad Básica de la Industria Alimentaria (UBIA), se puede adquirir un cake de cumpleaños por 10 CUP, de 15 años por 30 y el de bodas por 40. Está hecho de panetela de vainilla con una capa intermedia de guayaba y cobertura de merengue, sin grandes ornamentos y con un diseño estándar.

La hija de Gabriela ha pedido a lo grande. “Quiero un cake con el rostro de Beyoncé”, le advirtió a la familia. “Y que tenga música de ella saliendo por todas partes, mami”.

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