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<![CDATA[El día en que Cuba llegue a ser como Dinamarca]]> José Azel

Esta columna no ofrece consejos para turistas. En desarrollo económico, "llegar a Dinamarca" es un término utilizado para describir lo difícil de crear instituciones políticas, económicas y sociales efectivas en países en desarrollo.

La expresión surge del trabajo de los científicos sociales Lant Pritchett y Michael Woolcock, que se preguntan: ¿Cómo Dinamarca llegó a ser Dinamarca? Es decir, ¿cómo puede un país en desarrollo ser democrático, próspero, inclusivo, estable, pacífico, respetuoso de la ley, bien gobernado y relativamente libre de corrupción? ¿Cómo pueden Haití, Afganistán, Cuba, Somalia y muchos otros ser países como Dinamarca?

Algunas respuestas, exploradas por Francis Fukuyama en su libro Orígenes del Orden Político, comienzan con la premisa de que los países pobres no son pobres por carecer de recursos, sino por carecer de instituciones políticas efectivas.

Igualmente importante es que la presencia en un país de algunas instituciones democráticas revela muy poco sobre lo bien o mal que éstas funcionan. A menudo países en desarrollo caen en una condición donde sus instituciones gubernamentales no son ni completamente autoritarias ni significativamente democráticas.[[QUOTE:Llegar a ser como Dinamarca exige un largo camino si el punto de partida es Haití, Somalia o Cuba]]Las instituciones moldean interacciones humanas, definen las reglas del juego en una sociedad y limitan nuestra libertad de decidir. Así, estamos naturalmente inclinados a rechazar instituciones si no estamos convencidos que sirven para mejorar nuestro bienestar. En países en desarrollo, donde las instituciones políticas no son incluyentes y propician la corrupción, el argumento del bienestar no resulta convincente para la mayoría de la población.

Desde la perspectiva del desarrollo institucional, el problema más intrincado es que, mientras el fin del imperio del autoritarismo puede ocurrir rápidamente, instituciones democráticas efectivas se desarrollan lentamente. Es decir, la transición a gobernar democráticamente no será exitosa inmediatamente. El cambio de régimen no puede ser exitoso sin un largo, costoso y difícil proceso de erigir instituciones, una lección no siempre entendida por los mandatarios.

Llegar a ser como Dinamarca requiere mucho más que una mayoría de votos en una elección. Requiere un complejo conjunto de instituciones que Condolezza Rice acertadamente describe como andamiaje de la democracia. Una democracia liberal requiere un balance entre las fuerzas ejecutivas, legislativas y judiciales; entre autoridades centrales y regionales y sus respectivas responsabilidades; entre poderes civiles y militares; entre derechos individuales y colectivos; y entre el Estado y la sociedad. No casualmente las democracias siempre son defectuosas en sus comienzos. Dinamarca exige un largo camino si el punto de partida es Haití, Somalia o Cuba.

La buena noticia es que el desarrollo institucional no está herméticamente encerrado por el determinismo histórico. Las sociedades no están atrapadas permanentemente por su pasado histórico. Sin embargo, las sociedades no tienen la libertad de simplemente rehacerse cualquier día ignorando su historia. Llegar a Dinamarca es, sobre todo, un problema de encontrar una vía que haga funcionar instituciones inclusivas.

Un problema señalado por científicos sociales son las sociedades tradicionalistas, fieramente resistentes a cualquier cambio en las ideas dominantes, que a menudo se expresan con gran pasión política o religiosa. Frecuentemente esos Estados tienen autoridades altamente centralizadas y actores sociales desorganizados fuera del aparato estatal, como por ejemplo Irán,Corea del Norte y Cuba.[[QUOTE:En Cuba si el desarrollo económico se produjera milagrosamente bajo el presente régimen represivo, los beneficios económicos no desestabilizarían el sistema político]]Otro reto está presente en sociedades caracterizadas por alguna forma de autoridad carismática. El concepto surge de la palabra griega chárisma, o "tocado por Dios". Esa etimología destaca el enorme desafío de transferir autoridad de un líder "tocado por Dios" a instituciones impersonales.

En esas sociedades es habitual una dramática incoherencia entre las instituciones existentes y las necesidades de la sociedad. Llegar a Dinamarca requiere la transición mental de creer que el gobernante es soberano a la convicción de que el Estado de Derecho es soberano.

Como individuos construimos modelos de realidad. Una vez adoptados, nuestros modelos mentales de realidad son difíciles de cambiar, incluso confrontados con evidencias de que no están produciendo los resultados deseados. Esto ayuda a explicar actitudes aquiescentes observadas en países donde el comunismo se impuso. En Cuba, por ejemplo, si el desarrollo económico se produjera milagrosamente bajo el presente régimen represivo, los beneficios económicos no desestabilizarían el sistema político ni pondrían demasiada presión para la democratización.

Para los cubanos, sin el andamiaje de la democracia, la única forma de llegar a Dinamarca es viajando hacia allá.

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Nota de la Redacción: José Azel es investigador senior en el Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de Miami y autor del libro Reflexiones sobre la libertad.

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<![CDATA['El Banquete Infinito' refleja la violencia y la corrupción del poder]]> Reinaldo Escobar

Ni metafórica ni alusiva, sino llanamente despiadada, la puesta en escena de El Banquete Infinito pone de relieve todo lo demencial, corrupto y violento que puede ser el poder político.

La obra, escrita en 1999 por el dramaturgo Alberto Pedro Torriente, fue estrenada el pasado jueves 30 de noviembre en el Teatro de la Luna, en la sala Adolfo Llauradó, bajo la dirección de Raúl Martín Ríos.

Yasel Rivero desempeña el rol protagónico de dos personajes confluyentes: El Jerarca y El Paradigma. El primero, un tirano derrocado dibujado en un monólogo que sirve de apertura al drama; el segundo, un líder carismático con un nuevo proyecto social de justicia, rodeado de una corte de mujeres que se denominan Virilprimera, Virilsegunda y Viriltercera.

Completan el elenco Averrara y Perogrullo. Ella, la voluptuosa pareja sentimental y erótica de El Paradigma; él, la personificación infaltable del bufón de la corte, el intelectual orgánico, el cantautor oportuno.[[QUOTE:A lo largo de dos horas intrigas y traiciones se cocinan en un caldo de imperfecciones humanas donde sobresalen la soberbia, la lujuria, la gula, la ira y la avaricia]]A lo largo de dos horas intrigas y traiciones se cocinan en un caldo de imperfecciones humanas donde sobresalen la soberbia, la lujuria, la gula, la ira y la avaricia. El pecado que falta, la pereza, se le reserva a los que no quieren trabajar, identificados con el pueblo, ese personaje en apariencia invisible pero que ocupa las butacas del teatro, y a quien se le denomina aquí como El Conglomerado.

Supuestamente todos los conflictos se desatan en un término de 24 horas, que es el tiempo que tiene El Paradigma para consolidar su poder y para que se produzca "el desenmascaramiento" de un rostro que "hasta ahora tuvo que ocultar por causas estratégicas". El otro asunto pendiente es tomar la decisión de cómo nombrar el proceso que se le quiere presentar a El Conglomerado.

El proceso se presenta como "único, original y virgen". En medio del debate, salta la duda de si se le debe llamar democracia o dictadura. Perogrullo dice con claridad: "A pesar de la pérdida de prestigio de ambos vocablos para El Conglomerado todo lo que no sea democracia sigue siendo dictadura". Finalmente se hace una encuesta entre el pueblo para ponerle nombre y el resultado es sorprendente.

La actriz Yaikenis Rojas le da vida a Averrara, una suerte de Primera Dama que todo el tiempo le recuerda al líder sus compromisos con "los de abajo". Sobre la mesa, incluso debajo de ella, la sensual mujer parece no encontrarle fin a sus apetitos. "Qué ganas tengo de comerme un filete del tamaño de mi propia obstinación", declama descontenta mientras colecta las sobras del banquete.[[QUOTE:La desbordada fantasía de Alberto Pedro roza la alucinación surrealista en Virilprimera, un personaje siniestro, dulce y enigmático a cargo del actor Roberto Romero]]En el otro extremo brilla con refinada fuerza el actor Freddy Maragoto interpretando a Perogrullo. La inteligencia corrompida al servicio del poder aporta al aspirante a dictador la precisión en las palabras y el encanto de la poesía. Lo mismo canta un himno a la epopeya que una guaracha popular. Por momentos parece obligado por las circunstancias, pero finalmente, cuando consigue un sitio especial en la mesa del convite, se muestra tal y como es, oportunista y cínico.

La desbordada fantasía de Alberto Pedro roza la alucinación surrealista en Virilprimera, un personaje siniestro, dulce y enigmático a cargo del actor Roberto Romero. Su disfraz de geisha militarizada representa todas las dobleces y travestismos de la conducta humana.

Entre los objetos de la escenografía destacan la enorme escalera que sirve de tribuna para repartir pan al pueblo y el rústico trono símbolo de la ambición de poder. "Esta silla es mía", repite el modélico paradigma devenido en codicioso jerarca.

El público se divierte y ríe, pero seguramente reflexiona frente a una representación que se parece demasiado a una realidad que conoce perfectamente. Se puede ver hasta el jueves 14 de diciembre, si nadie en las alturas del poder lo impide.

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<![CDATA[Yoani Sánchez]]> Soy licenciada en Filología, amante de la tecnología, la literatura y el periodismo. Vivo en La Habana y trato cada día de ayudar a construir una Cuba plural, inclusiva donde quepamos todos los cubanos. En estos momento trabajo como periodista y directora de este diario digital 14ymedio.com

Estudié durante dos cursos en el Instituto Pedagógico la especialidad de Español-Literatura. En el año 1995, me trasladé a la Facultad de Artes y Letras donde terminé, después de cinco años, la especialidad de Filología Hispánica. Me especialicé en la literatura latinoamericana contemporánea y discutí una incendiaria tesis titulada “Palabras bajo presión. Un estudio sobre la literatura de la dictadura en Latinoamérica”. Al terminar la Universidad había comprendido dos cosas: la primera, que el mundo de la intelectualidad y la alta cultura me repugnaba y la más dolorosa, que ya no quería ser filóloga.

En septiembre del 2000, me fui trabajar a una oscura oficina de la Editorial Gente Nueva, mientras arribaba al convencimiento –compartido por la mayoría de los cubanos- de que con el salario ganado legalmente no podría mantener a mi familia. De manera que, sin concluir mi servicio social, pedí la baja y me dediqué a la mejor remunerada labor de profesora de español –freelance– para algunos turistas alemanes que visitaban La Habana. Era la etapa (prolongada hasta el día de hoy) en que los ingenieros preferían manejar un taxi, los maestros hacían hasta lo imposible por trabajar en la carpeta de un hotel y en los mostradores de las tiendas te podía atender una neurocirujana o un físico nuclear. En el 2002, el desencanto y la asfixia económica me llevaron a la emigración en Suiza, de donde regresé –por motivos familiares y contra la opinión de conocidos y amigos– en el verano del 2004.

En esos años descubrí la profesión que me acompaña hasta hoy: la informática. Me di cuenta que el código binario era más transparente que la rebuscada intelectualidad y que si nunca se me había dado bien el latín al menos podría probar con las largas cadenas del lenguaje html. En el 2004 fundé junto a un grupo de cubanos –todos radicados en la Isla– la revista de reflexión y debate Consenso. Tres años después trabajo como webmaster, articulista y editora del Portal desde Cuba.

En abril de 2007 me enredé en la aventura de tener un Blog llamado Generación Y que he definido como “un ejercicio de cobardía” que me permite decir en este espacio lo que me está vedado en mi accionar cívico. Ese proyecto personal derivó a un empeño colectivo y de perfil informativo que es el diario 14ymedio.comfundado el 21 de mayo de 2014. 

Mi exorcismo personal también me hizo ganar en mayo de 2008 el premio dePeriodismo Ortega y Gasset en la categoría de trabajo digital. Fui seleccionada por la revista Time entre las 100 personas más influyentes del mundo en la categoría “Héroes y pioneros” y mi bitácora fue incluida entre las 25 mejores blogs del mundo, en una selección hecha por esa misma revista junto a la CNN. Merecí el premio del jurado en el concurso español  Bitácoras.com y el máximo  galardón en los connotados premios  The BOBs, que incluyen a más de 12 mil participantes de todo el mundo. La revista semanal del periódico El País publicó en su edición del 30 de noviembre una selección de los 100 hispanoamericanos más notables del año; la revista Foreign Policy eligió en diciembre los 10 intelectuales más importantes del año y otro tanto hizo la prestigiosa revista mexicana Gato Pardo. Esta modesta servidora está incluida en todas esas enumeraciones. ¡Mucho más de lo que podría haber soñado cuando comencé a unir frases para subir mi primer post!

Vivo en La Habana, he apostado por quedarme y cada día soy más informática y menos filóloga.


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<![CDATA[Hemiplejia ética, el triste caso de Ignacio Ramonet]]> Yoani Sánchez

Cuando en 2006 se publicó la entrevista de Ignacio Ramonet con Fidel Castro, muchos ciudadanos no perdieron la oportunidad de burlarse del título. "¿Para qué vamos a leer Cien horas con Fidel si hemos pasado toda la vida con él?", se escuchó en las calles, pero el periodista ni se dio por enterado.

Aquel volumen, de una marcada mansedumbre periodística que lo llevó a ser catalogado como una autobiografía del Máximo Líder, recibió algo más que risas. Le llovieron también las acusaciones de haber usado el "corta y pega" para hacer pasar como respuestas el contenido de viejos discursos.

Sin haber dado una explicación convincente sobre tales cuestionamientos, Ramonet ha vuelto a la carga con otro libro que esta semana promueve en varias universidades de la Isla. Este volumen tiene, también, uno de esos títulos que desata sonrisas de burla: El imperio de la vigilancia.

El pasado martes, el catedrático de Teoría de la Comunicación habló en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas durante la presentación de la obra publicada por la Editorial José Martí. Fue una agria diatriba contra la red de vigilancia global que ha tejido Estados Unidos para obtener información sobre ciudadanos, grupos y Gobiernos.[[QUOTE:Ramonet sufre de hemiplejia ética a la hora de repartir responsabilidades y señalar a otros Gobiernos que invaden cada día la privacidad de sus ciudadanos]]El libro hace especial énfasis en la complicidad de las empresas que gestionan los datos de los usuarios para sumarlos a esa telaraña de espionaje, intereses comerciales, control y subordinación, una maraña donde la sociedad moderna está atrapada y de la que urge soltarse, según el analista.

Hasta ahí no resulta diferente a lo que tantos ciberactivistas denuncian alrededor del planeta, pero Ramonet sufre de hemiplejia ética a la hora de repartir responsabilidades y señalar a otros Gobiernos que invaden cada día la privacidad de sus ciudadanos.

El hecho de que haya viajado hasta un país tan orwelliano como Cuba para apuntar con el dedo a Washington evidencia su escorada posición a la hora de investigar temas como el Big Data, la legalización de la vigilancia en la web y la compilación de datos de usuarios para predecir comportamientos o vender productos.

La Isla, donde la Seguridad del Estado (el Gran Hermano en este caso) vigila cada detalle de la vida de los individuos, no es la mejor plaza para hablar de ojos indiscretos que leen e-mails ajenos, policías que supervisan cada información que cruza por la red y datos interceptados por poderes que los usan para someter a los seres humanos.

Esta nación, donde la Plaza de la Revolución mantiene un férreo control sobre la información y solo permite la difusión pública de discursos afines, debería estar entre los regímenes que denuncia Ramonet en su libro, pero, cosa curiosa, para el periodista hay vigilancias "malas" y "buenas", y en esta última parece encajar la que realiza el Gobierno cubano.[[QUOTE:Esta nación, donde la Plaza de la Revolución mantiene un férreo control sobre la información, debería estar entre los regímenes que denuncia Ramonet en su libro]]En la misma universidad donde este martes Ramonet presentó su libro, hace unos meses fue expulsada una estudiante de periodismo por su vinculación con un grupo opositor independiente. El imperio de la vigilancia no se anduvo con medias tintas y la botó con la complicidad de algunos coaccionados alumnos y dirigentes estudiantiles.

Pocos días después, los ciberpolicías que conforman ese ejército de control lanzaron una campaña de difamación contra la joven en las redes sociales. Para denigrarla usaron información sacada de sus correos electrónicos, sus llamadas telefónicas y hasta conversaciones privadas. Nuestro Gran Hermano actuó sin miramientos.

Hace unos años, la televisión nacional mostró el contenido de varios e-mail privados que habían sido robados de la cuenta personal de una opositora. Todo eso sin que mediara la orden de un juez, sin que la señora estuviera siendo procesada por un delito y, claro está, sin haber enviado un pedido a Google para que cediera el contenido que supuestamente debía ser publicado.

Ramonet no puede desconocer que la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (Etecsa) mantiene un estricto filtro sobre cada mensaje de texto que envían sus clientes. El monopolio estatal censura palabras como "dictadura" y el nombre de los líderes opositores. Aunque los mensajes son cobrados, nunca llegan a su destino.[[QUOTE:El exdirector de 'Le Monde Diplomatique' tampoco ha ido a una zona wifi de acceso a la web de esas que el Gobierno abrió después de años de presión ciudadana]]El exdirector de Le Monde Diplomatique tampoco ha ido a una zona wifi de acceso a la web de esas que el Gobierno abrió después de años de presión ciudadana. Si hubiera estado en alguna de ellas, sabría que en esta Isla se ha repetido el modelo del cortafuegos chino para censurar innumerables páginas.

¿Sabe Ramonet que buena parte de los internautas cubanos usan proxys anónimos no solo para entrar a esas webs filtradas, sino también para proteger su información privada del ojo indiscreto del Estado? ¿Se ha percatado de que la gente baja la voz para hablar de política, forra los libros prohibidos o tapa con el cuerpo la pantalla de la computadora cuando visita un diario bloqueado como 14ymedio?

¿Se ha preguntado sobre el acuerdo entre La Habana y Moscú para abrir en Cuba un centro, bajo el nombre de InvGuard, que implementará un supuesto sistema de protección contra ataques en las redes? Justo cuando el Kremlin es acusado de haber manipulado a través de internet desde el Brexit hasta la crisis catalana y las elecciones estadounidenses.

Ninguna de esas respuestas podrá hallarlas el lector en el más reciente libro de Ignacio Ramonet, porque, al igual que aquella autobiografía de Fidel Castro que intentó pasar como una entrevista, este libro puede ser cuestionado por los cubanos desde el propio título: ¿Para que leer El imperio de la vigilancia si llevamos toda la vida bajo su dominio?

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<![CDATA[El oprobioso amor a los animales]]> Sergio Martínez

La novela El Portero, de Reinaldo Arenas, escritor cubano que huyó de la Isla por la represión contra su trabajo literario y su abierta homosexualidad, fue mi placentera y aleccionadora lectura de hace apenas un mes.

En México, Arenas es mejor conocido por la premiada actuación de Javier Bardem en Antes que Anochezca, película sobre la vida del autor.

El Portero tiene la virtud de la mayoría de las grandes novelas: un primer capítulo que atrapa la expectativa del lector a través de un planteamiento ágil y pulcro del tema y el goce literario de brindar una apasionada visión de esperanza o liberación.

El arranque de la obra es una convincente y hábil justificación de la historia de Juan, un migrante cubano a quien la comunidad exiliada del régimen castrista ha conseguido un empleo de portero en un selecto edificio habitacional de Manhattan.

La voz elegida por Arenas es la de "otro migrante" (Reinaldo vivía en New York desde 1980), pero éste, al parecer, rico y situado en una élite similar a la descrita en la historia: un grupo de extravagantes inquilinos, pretenciosos, crueles, pero, sobre todo, seres cuyas debilidades y obsesiones se reflejan procazmente en sus mascotas de singular raza y carácter.[[QUOTE:'El Portero' tiene la virtud de la mayoría de las grandes novelas: un primer capítulo que atrapa la expectativa del lector y el goce literario de brindar una apasionada visión de esperanza o liberación]]Juan es víctima y muchas veces cómplice de estas modernas criaturas infernales (los inquilinos, por supuesto) que entran y salen del inmueble gracias a su solícita labor de abrir todos los días una gran puerta de cristal.

"A veces todo su rostro se ensombrecía como si la intensidad de la tristeza hubiese llegado a su punto culminante, pero luego, como si el sufrimiento le concediese una tregua, sus facciones se suavizaban y la tristeza adquiría una suerte de apacible serenidad...".

Retrato de Juan cual ángel sumiso entre los humanos, cuya misión autoimpuesta, luego de advertir las falsas salidas, y también las falsas entradas, de sus egoístas y esclavizadores "amigos", es poner su vida en conducir a éstos hacia el hallazgo de una vaga e inaudita "puerta de la felicidad".

Esto es exactamente el aspecto del personaje que constituye el motivo del relato, mas no porque dicha meta aluda a la supuesta grandeza de alma que existe en buscar la felicidad de los "otros" sino por el escándalo que provoca en el narrador el hecho de que Juan no sea un migrante como "ellos", con sentido práctico y ambición de riquezas.

La increíble vida de Juan, signada por un millón de personas y ajustada a la verdad dicha por diferentes testigos, según el narrador, radica en este despropósito. Así, Arenas se vale de esta empresa insólita para desarrollar una fábula que combina magistralmente el absurdo maravilloso y la severa crítica a una sociedad norteamericana frívola y materialista.[[QUOTE:Los riesgos asumidos por Arenas en esta obra lindan con una suerte de parodia fallida de Disneylandia, escollos salvados por el admisible y sentido deseo de libertad que encarnan los animales prófugos]]Y respaldado en la gran habilidad narrativa y el oficio consumado (esta fue la última obra del escritor en el autoexilio), el autor lleva a fronteras letales la verosimilitud del nexo entre realidad y magia que 40 años atrás había puesto en la escena mundial a una rica generación de creadores latinoamericanos.

Los riesgos asumidos por Arenas en esta obra lindan con una suerte de parodia fallida de Disneylandia, escollos salvados, sin embargo, por el admisible y sentido deseo de libertad que encarnan los animales prófugos del dominio de sus dueños y las agudas sugestiones constantemente hechas por el autor.

Pero quizá el mayor desafío sea el tono en que es asumida esta forma de interpretación. La audacia, el descaro y la altanería con que Reinaldo delinea, señala, acusa y reitera la personalidad monstruosa de los habitantes del condominio neoyorkino.

Esta superficial soberbia del escritor, fuera de representar un desahogo visceral o un capricho literario, tiene su base en una posición vital, en un temperamento caribeño que impulsa a decir lo que se piensa y siente sin tapujos, y que en Arenas logra estatus de revelación inspirada y poética personal.

Siendo originario del altiplano, hace unos años tuve la oportunidad de residir en Veracruz, estado que abarca gran parte del Golfo de México. Un tanto en broma, gusto de decir a mis amigos de Guanajuato, una de las regiones más conservadores del país, que los veracruzanos, en el carácter, tienen más parecido con los cubanos que con los mexicanos.

En Veracruz, esta inusitada extroversión de los sentimientos alcanza cumbres líricas en el huapango, la salsa y otras artes. La gran familiaridad que sentí con la narrativa de Arenas quizá viene de esta adhesión mía al espíritu veracruzano mejor conocida como cultura jarocha.

¿Hubiese Reinaldo Arenas declarado su identidad con el peculiar modo de vida en esta franja sureña de México? Quiero pensar que sí.

Por otra parte, esta desaforada manifestación del pensamiento y las emociones no es solo expresión de un humor particular o la impronta de un grupo social determinado sino también la práctica consciente, en el autor, de una conducta que se transmite desde el comienzo del relato: el deseo, y el ejercicio, hasta donde la sensatez lo permite, de una libertad absoluta.[[QUOTE:Para Arenas la crítica al capitalismo debe pasar, primero, por esta ingente libertad del ser y no secarse en el aprendizaje nemotécnico de las teorías y manuales marxistas]]Una libertad de opinión y de la imaginación, una libertad extraña en la selección del tema y una libertad de avanzada en la posición preferente por los animales.

Con ello, Arenas, que vio en el sistema cubano un abominable corsé para el libre albedrío, comprueba otro punto: la crítica al capitalismo debe pasar, primero, por esta ingente libertad del ser y no secarse en el aprendizaje nemotécnico de las teorías y manuales marxistas.

Arribo, por fin, al tema que da título a este ensayo, el cual me parece muy vinculado a un fenómeno que en los últimos años ocurre en mi país:

La moda de adquirir mascotas y la adopción normalizada de perros de la calle, en una muestra de afecto por los animales que, si no sufren el maltrato de sus dueños o personas ajenas a su propiedad, padecen hambre y abandono.

Acciones, sin embargo, que denotan un excepcional amor a los caninos en una sociedad cada vez más dominada por la desconfianza en sus individuos e instituciones y atrincherada por hábito en posturas defensivas u hostiles, debajo, por supuesto, de la ampliamente celebrada alegría del mexicano.

En El Portero, los dementes inquilinos piensan que tratan a sus mascotas en acuerdo con el supuesto amor que les tienen, cuando en realidad las envisten, desvergonzadamente, de manera intencional o involuntaria, de los más aberrantes e ilustrativos rasgos de su personalidad.

La señora Brenda Hill, por ejemplo, una ninfómana madura que se atreve a cualquier juego para colmar su infatigable deseo sexual, arrogante y fría manipuladora, es vista con crudeza en su histérica mascota, una gata de pelaje amarillo que desprecia la singularidad de los demás animales y que ataca a cualquiera de ellos a la menor provocación.

El dentista Joseph Rozeman, quien, reconocido por las grandes y blancas dentaduras realizadas a distintas celebridades, extiende su obsesión científica hacia sus tres perras, a quienes implanta una prótesis dental que las hace lucir una imposible sonrisa permanente.[[QUOTE:En 'El Portero', los dementes inquilinos piensan que tratan a sus mascotas en acuerdo con el supuesto amor que les tienen, cuando en realidad las envisten de los más aberrantes e ilustrativos rasgos de su personalidad]]O el oso, obligado por su propietaria, la opulenta profesora marxista Casandra Levinson, a fornicar con ella.

En México, la reciente acción de proteger a los animales, mediante su adopción o compra, en aparente defensa de un derecho legítimo, me parece en el fondo la suplantación de un afecto social que en primer grado pareciera dirigirse a los mismos miembros de la comunidad, sobre todo hacia aquellos más vulnerables, como niños, ancianos, mujeres y la población que vive en el umbral o los extremos de la marginación y la miseria.

Un afecto desviado (¿reorientado?) hacia perros y otras mascotas en un país donde la sociabilidad se reduce en gran parte a las relaciones de competencia y poder; donde el individuo, asediado por la violencia y la criminalidad, muestra ya su abierto repudio al Gobierno y la sociedad en su conjunto.

Donde los valores de la concordia (el respeto al vecino, la unión familiar, la obediencia a la Iglesia y otras figuras de poder), tan caros al PRI (Partido Revolucionario Institucional) durante sus más de 70 años de gobierno continuo, se han vuelto simple y cansada retórica; donde el "amor al prójimo", aprendido en el catecismo al que religiosamente nos obligaban a ir, se halla olvidado en algún viejo libro de mercancía usada.

¿Entonces, qué hacer con este amor que uno quiere dar, ese que es público y ejemplar, que no abdica, y que busca siempre un destinatario, dada nuestra cultura nacional, gregaria y generosa en su apariencia, que nos impele a hacerlo?[[QUOTE:Es necesario, pues, encontrar el camino, pero uno que no lleve a la consabida frustración, al desenlace tantas veces repetido del resentimiento final, al intercambio desigual de afecto y al amor no correspondido o rechazado]]Es necesario, pues, encontrar el camino, pero uno que no lleve a la consabida frustración, al desenlace tantas veces repetido del resentimiento final, al intercambio desigual de afecto y al amor no correspondido o rechazado.

Qué mejor que una mascota, o un perro adoptado, puros objetos de un cariño que no hallará cuestionamientos o condiciones, muy al contrario, un afecto recibido de buena gana y muchas veces con un agradecimiento desmesurado.

Además, un afecto que puede ser racionado por su dador, quitado o prolongado hasta donde éste lo desee, sin que la otra parte lo pueda reclamar a viva voz, quizá solo con un gemido o un tierno meneo de cola.

Tratando de seguir el estilo de Arenas, me atrevería a preguntar si los mexicanos que adoptan perros o compran mascotas, creyendo que salvan o protegen una vida, ¿visten a éstos como visten a sus hijos, con pantalón, camisa y gorrito, listos para ser llevados a la escuela, ante la mirada atónita del animal disfrazado?

¿O sirven un banquete de carne, frutas y legumbres al famélico perro sacado de la calle, el cual sólo come las deliciosas piernas de pollo para luego tirarse a dormir bajo la mesa, mientras sus noveles dueños lo acusan de desagradecido y ansiosos comen el resto de los alimentos hasta alcanzar la glotonería comatosa?

¿O una mujer propietaria de un hermoso perro de pedigrí, decepcionada del amor, que vive convencida de que su hombre ideal habita en la tierna mascota, en tanto un honorable y guapo candidato a ser su pareja literalmente babea a la puerta de su casa?[[QUOTE:En 'El Portero', las extrapolaciones límite, las metáforas estridentes y la alegoría de la vida humana a través de la aciaga vida animal llegan al borde de lo inverosímil, del ridículo, de lo insostenible, para decir una verdad]]¿O el dueño de una gran variedad de mascotas, entre ellas perros, gatos, serpientes, pájaros, tortugas, etcétera, que las alberga porque cree que así contribuye a mantener la riqueza de la fauna, cuando entre hombres y mujeres ladra en un ataque de locura ante una mínima expresión de diversidad sexual o cultural?

En El Portero, las extrapolaciones límite, las metáforas estridentes y la alegoría de la vida humana a través de la aciaga vida animal llegan al borde de lo inverosímil, del ridículo, de lo insostenible, para decir una verdad.

Porque la fábula y la fantasía sirven a ver claramente, o entender mejor, el problema de una sociedad que ha perdido toda compasión, al punto que los animales parecen más humanos que la humanidad misma.

Arenas desborda sin recelo el amplio abanico de sus recursos estilísticos y su potencia anímica bajo la consciencia de su inminente deceso. El escritor sería una de las primeras víctimas del SIDA durante las oleadas fulminantes de la apenas conocida enfermedad que surgió en los ochenta.

El Portero, último legado de un autor que ofrece senderos de juicio feroz e imágenes de deslumbrante y profundo sentido.

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