Celina dice adiós a ritmo de son montuno

La cantante Celina González fallece a los 85 años tras una larga enfermedad

La portada de un álbum de Celina González.
La portada de un álbum de Celina González.

"Yo soy el punto cubano, que en la manigua vivía cuando el mambí se batía con el machete en la mano", cantaba Celina González en el programa Palmas y Cañas, una tarde que mi abuelo me llevó a verla. El estudio era modesto, pero aquella pequeña mujer de una energía inagotable hacía brillar el lugar y ponía a bailar a todos los presentes. Tenía un magnetismo del que nadie podía escapar, ni siquiera al verla a través de la frialdad de una pantalla de televisión. Con su muerte, hoy miércoles, la música cubana pierde a una figura emblemática que logró aunar talento y rigor profesional con la naturalidad con la que solo una hija del campo podría haberlo hecho.

Nacida en 1929 en el matancero municipio de Jovellanos, a Celina la música campesina le llegó a través de sus padres, quienes durante las fiestas familiares dejaban un espacio protagónico para la décima y el punto guajiro. Si en medio de aquellos bohíos adquirió la pasión por las tonadas campesinas, sería esa parte de su niñez que pasó en una de las regiones cubanas con más influencia de las religiones africanas la que la convirtieron en una fervorosa creyente de orishas como Ochún, Babalú Ayé, Changó y Yemayá, a los que después homenajeó en varias de sus interpretaciones. Su posterior traslado a la provincia de Santiago de Cuba reafirmó esa devoción, que durante los años de férreo ateísmo religioso le costaría más de un dolor de cabeza.

Su matrimonio con el guitarrista, compositor y cantante Reutilio Domínguez ayudó a crear uno de los dúos más populares y recordados de la historia musical cubana. Su debut en 1947 en la emisora radial la CMKR constituyó el primer paso de una larga carrera artística coronada de aplausos y éxitos. Sin embargo, sería su presentación en La Habana la que los lanzaría al estrellato con un número musical antológico. A Santa Bárbara, también conocido como Qué viva Changó arrasó en las preferencias y acompañó el resto de su vida a esta "guajirita con la voz del campo cubano".

El repertorio de Celina y Reutilio conjugó ritmos que hasta ese momento parecían divorciados. Las sonoridades típicas del guateque campesino y la música de influencia africana. A través de la métrica guajira y de sus décimas, comenzaron a cantarle a divinidades yorubas y rescataron así para la música una parte del patrimonio cultural del continente negro. La habilidad de Reutilio para tocar la prima y bordonear al unísono, le dieron al dúo una sonoridad especial más cercana a las potencialidades del trío.

Tenía un magnetismo del que nadie podía escapar, ni siquiera al verla a través de la frialdad de una pantalla de televisión

Sus interpretaciones de temas como A la reina del mar, El hijo de Elegua, A la caridad del Cobre y El cuarto de Tula estuvieron entre los más aplaudidos por el público. También incursionó en el cine con su participación en los largometrajes Rincón Criollo y Bella la Salvaje. El dúo alcanzó un éxito tras otro, incluyendo varias giras internacionales, hasta su separación en 1964.

Con la muerte de Reutilio en 1971, Celina González prosiguió su carrera como solista, a la que poco tiempo después se unió su hijo Lázaro Reutilio, con lo cual hizo un relanzamiento de la popular fórmula de Celina y Reutilio. En esa ocasión, optaron por un conjunto moderno de música guajira y son montuno. Numerosas presentaciones internacionales y la continuidad de su estilo en las jóvenes generaciones que interpretan la música campesina coronaron su trabajo.

Celina González en un homenaje en el Concierto Tropical de la 53 Feria de Cali en 2010. (Corfecali/Flickr)
Celina González en un homenaje en el Concierto Tropical de la 53 Feria de Cali en 2010. (Corfecali/Flickr)

Alejada en los últimos años de su vida de los escenarios por problemas de salud, Celina González no dejó nunca de escucharse en la radio y la televisión cubanas. Sin embargo, el mejor fonograma con su música es aquel grabado –de forma indeleble– en los recuerdos de todos los que alguna vez la escuchamos en vivo. ¡ Aché, pá ti, Celina!

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