Empieza el calvario anual de los uniformes escolares

Estudiantes de la enseñanza media superior en La Habana (14ymedio)
Estudiantes de la enseñanza media superior en La Habana (14ymedio)

Aprendió a hacer dobladillos cuando en la escuela secundaria enseñaban a las muchachas a coser y a los varones a cortar madera. Nunca usó aquella habilidad hasta que tuvo dos hijas en edad escolar. "Cada año tengo que rehacer los uniformes porque no encuentro tallas", cuenta Damaris Quiñones, de 39 años. Este lunes fue de las primeras compradoras en una de las 47 tiendas de La Habana que han comenzado a vender los uniformes escolares para el próximo curso.

La Unión de Empresas de Comercio y Gastronomía inició este primer lunes de junio la comercialización de uno de los productos más demandados por familias con niños en edad escolar. Para malestar de los consumidores, este año vuelve la vinculación estricta de las tiendas a las escuelas, de acuerdo a los consejos populares donde están ubicadas.

Desde hace más de un lustro los clientes podían adquirir la vestimenta docente en cualquiera de los comercios de la red minorista habilitados con ese fin. Una posibilidad que permitía una mejor localización de la talla correcta, en medio de un escenario donde abundan algunos tamaños pero escasean otros.

Este año vuelve la vinculación estricta de las tiendas a las escuelas, de acuerdo a los consejos populares donde están ubicadas

"Si no lo había en la tienda que me tocaba en Centro Habana, siempre tenía la posibilidad de ir hasta Guanabacoa o Alamar y buscar por allá", explica Damaris. Este año, sin embargo, apuesta por apelar a "alguien que revenda blusas, que es lo que más necesitan las niñas" porque "con las que se pueden comprar con este papel, no alcanza", comenta mientras enseña un bono emitido por el Ministerio de Educación.

El listado con las tiendas que corresponden a cada centro escolar se difundirá entre padres y estudiantes. También se indicará la dirección de los 18 atelieres habilitados en La Habana para ajustar los uniformes, una vieja demanda de quienes debían costear los servicios de costureras privadas para ajustar las sayas, pantalones, blusas y camisas a la complexión de los niños.

En esta ocasión la oferta cuenta de dos módulos para los nuevos ingresos en los grados preescolar, quinto, séptimo y décimo. Mientras que los alumnos de primero, segundo, tercero, cuarto y sexto de las escuelas primarias, así como las escuelas especiales, recibirán un solo módulo. Una situación que se repite para los estudiantes de octavo grado de secundaria, onceno, segundo y tercer año de tecnológico.

La distribución no ha contentado a muchos. "Son niños y gastan la ropa muy rápido", se quejaba esta mañana una mujer que leía en la parada de ómnibus frente al Hospital Calixto García el anuncio aparecido en periódico Tribuna de La Habana. "Mi hijo pasó para cuarto grado y ha dado un estirón que ya no le sirve el uniforme que tenía en tercero".

Según esta madre, una solución sería "liberar la venta de uniformes y que cada cual compre el que le haga falta porque el actual sistema solo sirve para el acaparamiento y el desvío hacia el mercado negro".

El módulo de ropa para la enseñanza primaria se mantiene al precio de 9 CUP y el de secundaria asciende a 22,50 CUP en el caso de los varones y 15,50 CUP para las muchachas

El pasado año, la comercialización del producto estuvo marcada por las largas colas, los problemas en las tallas y la sustracción hacia el mercado informal de más 11.000 prendas de enseñanza primaria, politécnica y preuniversitaria de los almacenes mayoristas, según un reporte de la televisión nacional.

El módulo de ropa para la enseñanza primaria se mantiene al precio de 9 CUP y el de secundaria asciende a 22,50 CUP en el caso de los varones y 15,50 CUP para las muchachas. En la primera jornada de comercialización "todavía hay todas las tallas, pero tienen que apurarse porque las más pequeñas duran poco", aseguro a 14ymedio una empleada de la tienda ubicada en la calle 37, entre 2 y 4 en La Timba.

Desde horas tempranas era posible ver a los revendedores del producto a las afueras de varias tiendas. "Tengo todas las tallas y las llevo hasta la casa", murmuraba una señora en las cercanías del comercio minorista en la calle Ayestarán cercano a la avenida Rancho Boyeros. Nada ha cambiado: se repiten las mismas escenas año tras año.

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