Migrantes latinos de la tercera edad sufren vulnerabilidad social y financiera en EE UU

Dos ancianas comen en el albergue de Hunger Free Colorado, en Denver. (EFE/Hunger Free Colorado)
Dos ancianas comen en el albergue de Hunger Free Colorado, en Denver. (EFE/Hunger Free Colorado)

(EFE).- Cada año decenas de miles de adultos mayores llegan a Estados Unidos como migrantes para vivir con sus hijos, pero cuanto más ancianas son esas personas, más vulnerables quedan en su nueva sociedad, advirtieron expertos.

"Los ancianos son, junto con los niños, uno de los grupos que más ayuda necesita, especialmente en cuanto a vivienda, comida o servicios médicos, incluso si llegaron aquí como inmigrantes legales patrocinados por sus hijos", explicó a EFE Donita Rafferty, coordinadora de los programas de nutrición para ancianos de la coalición Colorado Sin Hambre (HFC, por sus siglas en inglés, Hunger Free Colorado).

Según estadísticas del Gobierno federal, en 2014 llegaron 64.341 padres de hijos adultos, de los cuales 8.500 procedieron de México, 3.500 desde República Dominicana, unos 1.300 desde Cuba y cantidades similares desde Honduras y El Salvador, a los que hay que sumar poco más de 4.100 desde países de América del Sur.

"Si esos padres ancianos no hablan inglés se les va a complicar mucho aprender la nueva cultura y sentirse cómodos en el nuevo ambiente. Y la gran mayoría de ellos no habla inglés", aseveró

En 2014 llegaron 64.341 padres de hijos adultos, de los cuales 8.500 procedieron de México, 3.500 desde República Dominicana, unos 1.300 desde Cuba y cantidades similares desde Honduras y El Salvador, a los que hay que sumar poco más de 4.100 desde países de América del Sur

Según datos del grupo Feeding America, el 10% de los 46 millones personas mayores de 65 años en Estados Unidos viven en pobreza o pasan hambre, aunque en el caso de los inmigrantes ancianos el nivel aumenta al 40%, según el Instituto de Políticas Migratorias (MPI), porcentaje que se ha mantenido constante en los últimos 25 años.

"Los inmigrantes ancianos si no hablan inglés no entenderán la información que se les ofrece, no podrán defenderse a sí mismos, y si no llegan a hacerse ciudadanos dentro de los siete años de haber recibido la residencia permanente, ya no calificarán para los programas de servicios sociales", puntualizó Rafferty.

"Conozco varios ancianos inmigrantes quienes por no saber inglés no pudieron tomar el examen de ciudadanía, lo que los llevó a perder la ayuda social. Por eso, no tuvieron otra opción que salir de Estados Unidos y regresar a sus países de origen", agregó.

Esa vulnerabilidad social y económica que enfrentan los ancianos ha sido debidamente documentada en varios estudios.

Por ejemplo, el artículo La edad al migrar y el ingreso de migrantes ancianos, publicado en marzo pasado por Kevin O'Neil y Marta Tienda en el Journal of Gerontological Science, con datos de 1994 a 2010, afirma que la inmigración en la ancianidad está "fuertemente asociada" con ingresos personales bajos y con menos acceso a ayuda social.

"Los migrantes ancianos enfrentan formidables desventajas económicas exacerbadas por su exclusión de los beneficios públicos, con implicación en migración, cuidados de salud y bienestar social", concluye el artículo.

Los ancianos se deprimen, se aislan y se sienten "como una carga para sus propias familias"

Con mucha frecuencia esas circunstancias escapan a la atención y planificación de los hijos, quienes, ansiosos por reunirse con sus padres, no siempre analizan las consecuencias de esa acción, opinó Rosa Vergil, de la organización no lucrativa Fresh Start en Denver.

Vergil, inmigrante mexicana, se dedica desde hace tres décadas a ayudar a los ancianos hispanos que llegan a Denver "porque no existe una organización enfocada sólo en las necesidades de esos ancianos".

Aseguró que en muchas ocasiones es "complicado" pedir ayuda a las agencias del Gobierno y que ni ancianos ni hijos saben "cómo gestionar" estos pedidos.

Por ejemplo, en muchos casos el primer paso es hacer una cita con un especialista para que éste determine si el anciano está o no en condiciones de aprender inglés. Si no lo está, se debe gestionar entonces la posibilidad de que el examen de ciudadanía se haga en el idioma natal del anciano.

Pero, dijo Vergil, todos esos trámites requieren tiempo, dinero, recursos y contactos, algo de lo que generalmente carecen las familias en las que viven esos ancianos.

"Cada vez que me encuentro con un anciano que califica para hacerse ciudadano, lo ayudo y busco los fondos para cubrir los gastos de los trámites o la manera en la que no tenga que pagar nada. Sin esa ayuda, el futuro de ese anciano está en riesgo, aunque esté al cuidado de su familia", declaró Vergil.

La razón, dijo, es que los ancianos se deprimen, se aislan y se sienten "como una carga para sus propias familias".

Estadísticas de MPI de 2012 revelan que en ese año vivían en Estados Unidos cerca de 1,5 millones de ancianos hispanos inmigrantes, la mitad de ellos provenientes de México y otros 300.000 de Cuba. Y se estima que por lo menos medio millón de ellos serían indocumentados.

"Ellos son quienes más sufren, porque nuestra sociedad asume que ellos no planificaron su vida adecuadamente y que ahora llegan ilegalmente aquí para aprovechar los recursos de Estados Unidos porque no supieron construir su propia jubilación decente", sostuvo Rafferty.

"Es una percepción equivocada difícil de corregir", lamentó.

Imprimir

  • Facebook Like:
  • Google Plus One:
  • Tweet:
  • Tumblr:
  • Compartir:

Comentarios 17