Palmas sin suerte

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El tramo que va desde el Parque de la Fraternidad hasta cerca de la calle Neptuno se engalanó entonces con el árbol nacional. (14ymedio)

Como parte de los trabajos de restauración del Capitolio nacional se sembraron a principios del pasado año siete palmas en el separador del Paseo del Prado juntos frente al insigne edificio habanero. El tramo que va desde el Parque de la Fraternidad hasta cerca de la calle Neptuno se engalanó entonces con el árbol nacional, pero fue por muy poco tiempo.

La siembra ocurrió durante los días previos a la visita del presidente estadounidense Barack Obama, en los que la ciudad vivía un vértigo de construcción y embellecimiento. El departamento de forestales del Ministerio de la Agricultura eligió los árboles que serían trasplantados y expertos en la materia ofrecieron consejos para su rápida aclimatación.

Con precisión, los obreros de la construcción hicieron unos amplios canteros rodeados de adoquines mientras los vecinos más cercanos debatían sobre la conveniencia o no de tener allí estas plantas que, aunque no son oriundas del archipiélago cubano, aparecen consagradas en el pabellón izquierdo del escudo de la República.

Antes de cumplir un año de sembradas, las palmas fueron muriendo una a una. Estaban sembradas en la tierra adecuada y vecinos del lugar aseguran que eran regadas con frecuencia a pesar de la escasez de agua que sufre la ciudad, pero no resistieron la mudanza.

Las palmas han ido muriendo una a una. (14ymedio)
Las palmas han ido muriendo una a una. (14ymedio)

Quienes dicen conocer ciertas intimidades de la naturaleza aseguran que antes de cambiar una palma de sitio es necesario marcar sobre su tronco una señal que indique el lado por donde recibe al sol cada día. El árbol debe ser colocado oriéntandolo en la misma dirección. De no hacerlo, el penacho de hojas "se despeina" buscando las primeras luces del amanecer.

Nadie puede asegurar que ese requisito se cumpliera. Como otros hechos que se vuelven "secreto de Estado", ningún funcionario público se ha sentido en el deber de ofrecer una explicación del fallecimiento masivo. Por estos días también murió la joven ceiba que se replantó un año atrás en la Plaza de Armas de La Habana Vieja y que rememora la fundación de la ciudad.

Los habaneros empiezan a atar los cabos de tantas casualidades.

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