Las carencias materiales de las escuelas obstaculizan la formación de valores

Arranca el nuevo curso lastrado por el déficit de profesores y la precariedad en las instalaciones

Materiales escolares entregados a los niños de la enseñanza primaria. (Luz Escobar)
Materiales escolares entregados a los niños de la enseñanza primaria. (Luz Escobar)

Temprano en la mañana de este martes sonó el timbre para el primer matutino de este curso en las más de 10.300 escuelas de todo el país. Los ojos están puestos ahora en la disponibilidad de maestros frente a las aulas, las condiciones materiales de los centros docentes y la cuestión epidemiológica en aquellas provincias afectadas por el dengue y el cólera. Sin embargo, la tarea más titánica que enfrenta el Ministerio de Educación es cumplir con el compromiso de formar valores en los niños y jóvenes.

Ena Elsa Velázquez Cobiella, titular del ramo, ha hecho en las últimas semanas frecuentes llamados a la formación vocacional de los estudiantes, al trabajo con la familia y la transmisión de valores éticos y morales en el seno de la escuela. La mayor dificultad en el camino hacia esa conquista está en la limitada formación de muchos maestros y en una deficiente estimulación salarial, opinan padres y profesores.

"Mi hija tiene una maestra de español y literatura que nunca se ha leído el Quijote", refiere asombrada la madre de una adolescente que cursa el noveno grado en una escuela de secundaria básica de La Habana Vieja. La familia ha intentado paliar el déficit formativo de la profesora pagando horas de estudio a un repasador. "Trabajaba en un preuniversitario y da unas clases excelentes, pero no aguantó más en educación", refiere la señora sobre el maestro particular.

“En tiempos de internet y tecnología deberíamos tener más apoyo de estas novedades en nuestras clases”, refiere Mario

Para cubrir el déficit de profesores en la capital, se han movilizado a más de 3.000 docentes de otras provincias. La medida no contenta a muchos y tampoco apunta a que resolverá la situación. "Parece mentira que haya que traer gente de otros lados, con lo que cuesta eso, en lugar de subir el salario a los de aquí", se queja Roberto, maestro jubilado que pasó una buena parte de su vida laboral en una primaria de Centro Habana.

El salario de un docente en la enseñanza media no supera los 600 pesos cubanos mensuales, menos de 30 dólares. El gremio reclama un aumento salarial, especialmente después de la subida de sueldos realizada en el Ministerio de Salud Pública, peros sus reclamos discurren en voz baja y no se publican en la prensa oficial.

"Los médicos se ocupan de cuidar el cuerpo de las personas, nosotros de alimentar sus almas, por lo que deberían también subirnos los salarios", detalla Mario, profesor de historia en un preuniversitario de Santa Clara y quien más de una vez ha acariciado la idea de dejar el aula. "Me iría para mi casa a vender pirulí, que de seguro ganaría más y tendría más tranquilidad", dice.

La situación material de los centros docentes también desestimula a los profesionales del sector. "En tiempos de internet y tecnología deberíamos tener más apoyo de estas novedades en nuestras clases", refiere Mario. "¿Se imaginan que yo pudiera enseñarles a mis estudiantes el escenario de batallas históricas a través de Google Earth?", agrega.

En los centros docentes de todo el país, hay 61.908 computadoras. No hay que hacer cálculos complicados para saber que eso significa unos seis ordenadores por plantel a lo largo de la Isla. Sin embargo, el 64% de estos tiene más de 12 años de explotación, por lo que apenas funcionan con los programas más modernos. En la mayoría de los casos solo tienen acceso a una intranet local.

Muchos alumnos ayudantes o recién graduados suplirán la ausencia de profesionales con mayor experiencia en la docencia

Los maestros también se quejan del cúmulo de tareas extracurriculares que se han sumado a sus actividades docentes. "Muchas reuniones, demasiadas listas y tablas que llevar e informes que redactar. Prácticamente no tengo tiempo para preparar las clases", asegura una profesora del preuniversitario José Miguel Pérez del municipio Plaza.

En la enseñanza superior el panorama no es muy diferente. Este primero de septiembre las aulas universitarias acogen a más de 170.000 estudiantes en todo el país, 33.000 de ellos de nuevo ingreso. Muchos alumnos ayudantes o recién graduados suplirán la ausencia de profesionales con mayor experiencia en la docencia.

A pesar de una inversión de alrededor de 20 millones de pesos para la reparación de los planteles universitarios, la situación del mobiliario y la infraestructura todavía presenta muchas carencias. En peor situación están los albergues para alumnos becados, que mantienen serios problemas en las redes hidrosanitarias, las ventanas y la marquetería de madera.

"Formar valores así es muy difícil, porque estamos con otras urgencias", concluye una auxiliar pedagógica de la primaria José Luis Arruñada. Detrás de ella, una fila de niños con uniformes recién planchados esperan ansiosos por entrar al aula. Septiembre está de vuelta.

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