Un joven matancero denuncia racismo y exceso de fuerza durante un arresto

Dionis Pinillo Montalvo momentos después de ser operado en el hospital de Colón. (Cortesía a 14ymedio)
Dionis Pinillo Montalvo momentos después de ser operado en el hospital de Colón. (Cortesía a 14ymedio)

Dionis Pinillo Montalvo yacía esposado en el suelo mientras varios oficiales de policía le daban patadas y le golpeaban con las porras. Según su testimonio, unos disparos al aire ahogaron los gritos con los que la multitud, alarmada ante la brutalidad policial, intentaba impedir la escena.

Acusado de atentado y tenencia de arma blanca, el joven de raza negra dice estar dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias con tal de denunciar lo que para él es una injusticia y un caso de racismo.

"Yo sé que nunca he sido un santo, pero no merecía que me partieran un brazo o no me dejaran defenderme", explica Pinillo, de 33 años, quien reside en Colón, un poblado rural de unos 44.000 habitantes en la provincia Matanzas.

Mientras se acercaba al Piano Bar el pasado 25 de marzo, uno de los escasos sitios de recreación para los jóvenes del pueblo, vio un tumulto y se acercó para comprobar lo que pasaba. Según relata a 14ymedio, recogió un cuchillo que estaba en el suelo, al parecer por una pelea anterior y fue increpado por la policía.

"Unos seis o siete oficiales borrachos me derribaron y comenzaron a patearme y a golpearme con porras (...) Producto de esa golpiza me desbarataron el hueso del brazo derecho"

"Unos seis o siete oficiales borrachos me derribaron y comenzaron a patearme y a golpearme con porras. Intentaba librarme pero ellos conocen técnicas de artes marciales. Producto de esa golpiza me desbarataron el hueso del brazo derecho. Tuvieron que operarme de emergencia al día siguiente. Tengo dos láminas de metal en el hueso y siete tornillos puestos, además de una herida de 14 puntos", cuenta.

"Yo caigo mal aquí por mi raza. No dudo que me golpearan así por ser negro", añade.

Yaidelis Tolón, de 23 años, fue testigo de la golpiza. Según cuenta, los jóvenes que estaban cerca del Piano Bar comenzaron a gritar a los oficiales: "abusadores, suéltenlo, no le den más golpes", pero todo fue inútil.

"Hasta dispararon al aire para que la gente se calmara porque veíamos cómo lo golpeaban salvajemente", dice.

Tolón coincide con Pinillo en que la persona que más lo golpeó fue un expolicía, conocido como El Ninja, expulsado de las fuerzas del orden por el uso abusivo de la fuerza, aseguran ambos.

"Yo no sé qué habrá hecho, pero ninguna persona merece que la golpeen mientras está en el suelo", añade.

Después de pasar horas en la unidad policial con el brazo partido, Pinillo fue llevado al Hospital Militar Dr. Mario Muñoz Monroy y abandonado a su suerte, no sin antes recibir la advertencia de que no debía decir que había estado detenido.

No es la primera ocasión en que Pinillo se ve cara a cara con la policía. Estuvo preso cinco años por el delito de hurto y posteriormente cumplió otro año en prisión por desacato tras negarse a presentar su carné de identidad a un oficial de policía.

"Quieren vincular este hecho con mi pasado pero yo soy un hombre de bien. Trabajo como jefe de brigada en los almacenes del Ministerio de Comercio Interior en el municipio, repartiendo granos y arroz. No he hecho nada malo después de salir de prisión", agrega.

Un joven de 20 años que también fue testigo de la golpiza, y que ha preferido permanecer en el anonimato, confirmó a 14ymedio que hubo abuso en el uso de la fuerza durante el arresto.

"El muchacho no se resistió. Le hicieron una llave de judo y cuando cayó al piso lo siguieron golpeando. Esa noche andaban muy alterados", afirma.

"Tengo miedo de que me vaya a pasar algo igual, por eso prefiero que no digan mi nombre", confiesa el joven.

"La policía y los militares campean sin ningún tipo de regulaciones en esta población. Hay incluso un jefe de policía que cuenta con varios muertos en su haber y nunca ha sido juzgado"

Miguel Ramos, otro testigo de la golpiza también coincide en señalar a la policía como a la principal culpable.

Según el opositor Iván Hernández Carrillo, quien reside en ese mismo pueblo, los abusos policiales son comunes en Colón.

"El caso de ese joven ha sonado mucho en el pueblo pero no es el único. La policía y los militares campean sin ningún tipo de regulaciones en esta población. Hay incluso un jefe de policía que cuenta con varios muertos en su haber y nunca ha sido juzgado. Los ciudadanos se encuentran indefensos ante la violencia ejercida desde el poder", explica el disidente y ex prisionero político.

Pinillo vive con su madre, de casi 70 años, y dos sobrinos, hijos de su hermana Beolinda, asesinada hace unos años por su exmarido. En caso de ser condenado por los delitos que se le imputan podría pasar hasta cuatro años en la cárcel, de acuerdo con el abogado independiente Wilfredo Vallín.

La oficial Yeny, encargada de llevar el caso contra Pinillo, se ha negado a responder a 14ymedio cualquier pregunta sobre estos hechos.

Por el contrario, al menos dos de los entrevistados para la elaboración de este reportaje fueron citados posteriormente en la sede de la Seguridad del Estado de Colón.

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