Fascinación por la otra Corea

Cartel publicitario de Samsung
Cartel publicitario de Samsung

Los últimos días de la Feria Internacional de La Habana (FIHAV) fueron un caos en Expocuba. Lleno de gente común que ha esperado hasta el fin de semana para ir –el turno de los pobres–, no quedan ni lugares donde sentarse en el enorme complejo. Las colas para acceder a las pocas atracciones que aún no están fuera de servicio y llenas de óxido, constituyen una difícil prueba de resistencia.

A los pabellones de exposición sí se puede entrar relativamente fácil, si bien apenas pasado el mediodía muchos han cerrado sus puertas. Una rara excepción, sin embargo, constituye el pabellón de Corea, donde la afluencia de público es constante y amplia. Los cubanos llegan allí para admirar, entre otras maravillas de un país lejano, fenómenos tan raros en el propio como la variedad y el confort.

Por supuesto que no se trata de Corea del Norte. Los regímenes totalitarios de La Habana y Pyonyang podrán tener mucho en común y hasta comerciar con armas violando las leyes internacionales, pero business is business cuando quieren ser en serio. Por eso, la Corea que viene a la FIHAV es la otra, la que funciona con una economía de libre mercado y constituye un ejemplo del progreso que tantos quisiéramos lograr.

La cultura coreana se esparce por el mundo como un soplo de aire fresco. Y no sólo marcas como KIA o LG son reconocidas; también las series de televisión y el cine de esa nación encuentran un público amplio en Cuba, que adopta hasta las modas de los actores. Todos estos ejemplos evidencian el rotundo éxito de uno de los "tigres asiáticos", porque los países prósperos no sólo venden productos sino que además exportan valores e imponen tendencias.

Nada más diferente a la imagen uniformada de los dirigentes norcoreanos, aliados políticos del castrismo, a quienes sólo se les menciona en la prensa oficial cuando protestan por las maniobras militares conjuntas entre los surcoreanos y EE UU. Dentro del pabellón de Corea de la FIHAV, la gente ignora uno de los conflictos más peligrosos del mundo mientras se detiene a contemplar el último Samsung Galaxy. Inclusive muchos cubanos pueden imitar el Gangnam Style, mientras pocos saben –o les interesa saber– quién es Kim Jong-un, ese oscuro personaje que chantajea al mundo con el holocausto atómico y que, para continuar con la tradición familiar, es implacable con los disidentes.

Es difícil imaginar cómo empresas, como Samsung o LG, conseguirán vender sus productos en Cuba

En el pabellón de Corea los cordones de seguridad no dejan acercarse libremente a los vistosos electrodomésticos o a los teléfonos inteligentes. Algo que simboliza la tremenda distancia que aún separa a Cuba de su invitado a la Feria. Sólo se puede mirar de lejos, pero al menos se mira; y dado que las diferencias entre la realidad que allí se percibe y la de afuera son abismales, los cubanos sacan cuentas rápido. Una muchacha se toma una fotografía al lado de un flamante Hyundai, para tal vez luego lidiar con el poco transporte disponible de regreso a la ciudad.

¿Qué mercado encuentra Corea en Cuba? ¿Qué beneficios se pueden obtener luego de invertir en la promoción de productos en un país sin consumidores? Para Selena Jang, directora de ventas en una empresa de maquinarias de construcción llamada KCP, es bastante probable que Cuba experimente un despegue en el sector que ella promociona aquí, y esto tendría efectos positivos para su compañía.

Sin embargo, es difícil imaginar cómo empresas, como Samsung o LG, conseguirán vender sus productos en Cuba. En un país donde el salario medio es de 20 dólares mensuales, algunos pueden interpretar los despliegues de tecnología como una broma de mal gusto.

Durante la FIHAV, las paredes desnudas son pocas. Todos los expositores han gastado una fortuna en publicidad o al menos han tenido el cuidado de cubrirlo todo con brillantes carteles. Sólo gracias a determinados lugares donde el vacío asoma, se nota que, fuera de la breve semana que dura la Feria, Expocuba no pasa de ser un gigantesco entarimado abandonado a su suerte. Cuando los visitantes extranjeros se hayan marchado, llevándose –desgraciadamente– sus maravillas a otro sitio, habrá poco que mostrar.

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