Un periplo por caminos de la fe

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Momento del intento de desalojo en Avellaneda 278, Camagüey

La pasada semana realicé un periplo por las provincias de Camagüey y Oriente. Mi objetivo preferencial fueron iglesias marginadas legalmente, amenazadas y hasta atacadas por quienes detentan el poder político y militar en Cuba. Como bautista me niego a admitir la negativa del derecho de todos a creer en lo que se quiera y a profesar la religión que se prefiera, en conformidad con el Artículo 18 de la declaración Universal de Derechos Humanos.

Entre nuestros principios identitarios está la libertad de conciencia, que se enseñó con pasión a nuestros catecúmenos. Por este motivo condeno el proceder de la Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos del Partido Comunista de Cuba, que en los últimos años convoca a reuniones a las iglesias con reconocimiento legal para buscar su complicidad en el repudio a los grupos "no reconocidos". Con esto, han logrado crear un bochornoso cisma entre las religiones, divididas en dos grupos, "legales" y "no legales", otra herida imperdonable a la nación cubana.

Si se tratase de un Estado justo y legítimo, se dedicaría más bien a sembrar la paz y la concordia entre todos los cubanos, pensasen como pensasen. Lejos de esto, dicha Oficina, a nombre del Partido Único, intenta provocar discordias y disensiones en pos de una ortodoxia teológica que ni sustenta ni le interesa.

Las paradas principales de mi itinerario fueron los ministerios del denominado Mover Apostólico, Naciones para Cristo y Fuego y Dinámica en Camagüey; iglesias bautistas Misión Bereana en Las Tunas y Estableciendo el Reino de Dios en Santiago de Cuba. Fue un gozo reunirme con varios pastores "ilegales", incluido el célebre Bernardo de Quesada, en la propiedad de Camagüey de la cual hace justo un año se intentó desalojar al pastor Yiorvis Bravo Denis, acción impedida por reacción solidaria local, nacional e internacional.

Irrumpieron en su propiedad más de cien “agentes del orden”, seguidos de buldóceres que se encargaron de borrar lo que desde hace cuatro años fuera la sede del ministerio de Perdomo Silva

En contraste, fue triste visitar el terreno con recientes escombros de lo que fuera hasta el pasado 2 de julio la vivienda desde hacía 17 años del pastor Esmir Torreblanca en Micro 10, Distrito José Martí, Santiago de Cuba. Esmir y su familia, formada por su esposa, una niña de siete y un niño de once, no corrieron la misma "suerte" de la familia camagüeyana, ya que el despojo se realizó sin aviso previo y aprovechando un viaje al extranjero del líder de su ministerio, el pastor Marco Antonio Perdomo Silva. Irrumpieron en su propiedad a las 6 de la mañana más de cien "agentes del orden", seguidos de buldóceres que se encargaron de borrar lo que desde hace cuatro años fuera la sede del ministerio liderado por Perdomo Silva, no reconocido legalmente por el Gobierno.

Escuché el testimonio del pastor Daniel Josué Pérez Naranjo, que me contó las agresiones contra las iglesias bautistas Misión Bereana, despojadas de sus propiedades y borradas del Registro de Asociaciones del Ministerio de Justicia.

Esmir en los escombros.jpg
Esmir en los escombros.jpg

Hace apenas unas semanas, en junio de 2014, consiguieron por fin Daniel Josué y su hijo Jatniel, también pastor, audiencia de parte de la Sra. Caridad Diego Bello, jefa de la Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos, quien les recibió en persona, en pleno Comité Central del PCC. Ellos pensaban que por fin había llegado la hora de resarcirles, pero el encuentro solo sirvió para amenazarles con un nuevo desalojo si continuaban empecinados en reuniones ilícitas.

Mientras reiteraba mi apoyo y solidaridad a esta pequeña muestra de hermanos perteneciente a un enorme segmento poblacional que no puede ejercer su religión con libertad en Cuba, lejos estaba de pensar que, en mi ausencia, la venganza oficial se realizaría en mis propias comunidades. Citaron de manera ilegal a personas vinculadas conmigo para cuestionarlas sobre su participación a un evento al que estamos invitados para la celebración, en diciembre, del 66 Aniversario de la proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. A cada uno de los interrogados les espetaban con saña que su pastor se encontraba de viaje reuniéndose con "la crápula contrarrevolucionaria".

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