La utopía que mató a millones de personas para salvar a la humanidad

En el centenario de la Revolución rusa, quienes pagaron el establecimiento del totalitarismo han realizado acciones para recordar la terrible herencia del régimen comunista

Tropas bolcheviques marchando por la Plaza Roja de Moscú. (Wikimedia)
Tropas bolcheviques marchando por la Plaza Roja de Moscú. (Wikimedia)

Un hombre camina lentamente sobre los adoquines de la Plaza Roja en Moscú mientras sostiene el retrato de Lenin con solemnidad. A su lado algunas mujeres ondean la bandera roja de la hoz y el martillo que hace 26 años fue arriada de las cúpulas del Kremlin.

Este martes se conmemora el centenario de la Revolución de Octubre, el golpe de Estado protagonizado por Lenin y los bolcheviques que cambió la historia de Rusia y del siglo XX. Muchos nostálgicos de las glorias soviéticas rememoran el comienzo del imperio comunista más vasto de la tierra. Otros, a quienes les tocó pagar con cárcel o censura el establecimiento del totalitarismo, realizan acciones para recordar la terrible herencia del régimen comunista.

"Ellos, [los bolcheviques] quisieron abolir la explotación y la opresión del hombre por el hombre pero terminaron creando una maquinaria de explotación y opresión nunca vista en la historia de la humanidad: el totalitarismo", explica en el prólogo de su libro Lenin y el totalitarismo el intelectual sueco de origen chileno Mauricio Rojas.

En 1917 Rusia estaba embarcada en la Primera Guerra Mundial al lado de las dos grandes potencias de la época, Reino Unido y Francia. El país era uno de los más atrasados de Europa pero contaba con millones de soldados que combatían en su frente occidental. A consecuencia de la guera, la economía se resquebrajó y en el país imperaba el hambre. Las profundas derrotas y la crisis interna terminaron con el reinado de tres siglos de la dinastía Románov. Se estableció entonces un Gobierno Provisional encabezado por la facción moderada del Partido Social-Revolucionario que intentaba mantener la guerra y sostener el país, y cuya gestión apenas duró siete meses.

Muchos nostálgicos de las glorias soviéticas rememoran el comienzo del imperio comunista más vasto de la tierra

El 25 de octubre (en el calendario juliano que usaba el Imperio ruso en aquella época, que se corresponde con el 7 de noviembre en el calendario gregoriano usado en occidente), Vladímir Ilich (Lenin) y los bolcheviques dieron un golpe de Estado deponiendo al Gobierno Provisional de Alexander Kérenski e imponiendo "la dictadura del proletariado", inspirados en los ideales marxistas de una sociedad sin clases.

"¡No necesitamos una república parlamentaria! ¡No necesitamos otro Gobierno que no sea el del soviet de diputados obreros, soldados y campesinos!", dijo el propio Lenin al regresar a Petrogrado desde su exilio.

Los soviets eran asambleas populares o comunas formadas por grupos de ideologías diversas que nacieron al calor de la Revolución rusa de 1905. Lenin quería destruir "el viejo aparato del Estado ruso" y reemplazarlo por un Estado cuyo prototipo era la Comuna de París de 1871.

En su libro, Mauricio Rojas subraya el oportunismo de Lenin, que reclamaba el poder para los soviets, pero solo para aquellos que eran controlados por una mayoría bolchevique.

Con el golpe de Estado de Lenin se inicia, en palabras del autor, la larga fase contrarrevolucionaria, "un período de violencia sin precedentes, guerra civil, terror de masas, hambrunas, epidemias y emigración masiva".

Mauricio Rojas subraya el oportunismo de Lenin, que reclamaba el poder para los soviets, pero solo para aquellos que eran controlados por una mayoría bolchevique

De acuerdo con el historiador Richard Pipes, de 1917 a 1922 el Imperio Ruso y su sucesor, la Rusia Soviética, perdieron casi 13 millones de habitantes por los combates en la guerra civil, hambrunas, terror político e inmigración.

"El primer paso importante de los bolcheviques para consolidar su poder fue la inmediata represión contra los medios de comunicación", argumenta Rojas. El 7 de diciembre de 1917 el nuevo Gobierno creó la policía política (la Cheka) con atribuciones ilimitadas.

Bajo la dirección de Félix Dzerzhinski, los órganos de la Seguridad se convirtieron en un Estado dentro del Estado encargados de perpetuar el poder del Partido Comunista y reprimir a su propio pueblo. El mismo Lenin libera a la Cheka de cualquier sujeción legal, dándole plena libertad para instaurar "el terror rojo".

"Ahorquen de una manera que la gente lo vea no menos de 100 kulaks (campesinos ricos) conocidos, hombres ricos, chupasangres. Publiquen sus nombres. Quítenle todo su grano. Designen rehenes. Háganlo de manera tal que la gente, a centenares de verstas a la redonda vea, tiemble", ordena Lenin a menos de un año de la conquista del poder.

El terror leninista se perfeccionó durante la dictadura de Stalin y los sucesivos gobernantes soviéticos

El terror leninista, exportado luego a cuantos países siguieron el modelo comunista de la Unión Soviética, se perfeccionó durante la dictadura de Stalin y los sucesivos gobernantes soviéticos.

El surgimiento del Gulag (Dirección General de Campos de Trabajo), una red de campos de trabajos forzados inmortalizada por el crudo relato de Alexandr Solzhenitsyn, marcó el cúlmen del terror. No se tiene una cifra exacta de cuántas personas pasaron por esas temibles cárceles entre 1923 y 1961, pero algunos historiadores aseguran que más de 20 millones de personas murieron durante los años del terror estalinista.

"Nunca fuimos conscientes de la esclavitud en que vivíamos; aquella esclavitud nos complacía. Recuerdo cómo, a punto de terminar el año escolar, toda la clase se preparaba para marchar a cultivar tierras vírgenes" (un proyecto de la era de Nikita Jruschov), recuerda la escritora bielorrusa y premio Nobel de Literatura, Svetlana Aleksiévich.

"El comunismo tenía un proyecto insensato: rehacer al hombre 'viejo', el antiguo Adán y le salió bien... Quizá fue la única cosa que le salió bien", añade.

"El comunismo tenía un proyecto insensato: rehacer al hombre 'viejo', el antiguo Adán y le salió bien... Quizá fue la única cosa que le salió bien", llegó a decir la periodista Svetlana Aleksiévich

Para Aleksiévich, una cronista de la vida soviética y el desplome de la URSS, esos hombres hoy viven en Estados diferentes y hablan lenguas diferentes, pero siguen siendo inconfundibles.

"Estamos llenos de odio y prejuicios. Los hemos heredado del Gulag y de la guerra horrible que libramos. De la colectivización, de la eliminación de los kulaks, las deportaciones de pueblos enteros. Así fue el socialismo y ésa es la vida que tuvimos", dice.

Para Mauricio Rojas la principal enseñanza de la Revolución de Octubre es que "se puede amar a la humanidad en abstracto y despreciar a los hombres en concreto".

"Comprendí que la bondad extrema del fin puede convertirse en la maldad extrema de los medios, que la supuesta salvación de la humanidad puede realizarse al costo de sacrificar las vidas de incontables seres humanos".

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