Brooklyn Rivera Bryan, héroe y mártir

Cajón de Sastre

Desapareció por 971 días, casi tres años, hasta morir en prisión como ha sucedido con al menos otros siete prisioneros políticos desde 2018 en Nicaragua

Brooklyn Rivera murió encarcelado bajo custodia del Estado nicaragüense
Brooklyn Rivera murió bajo custodia del Estado nicaragüense el 31 de mayo / Cortesía
Pedro Corzo

14 de junio 2026 - 09:08

Miami/No conocí al señor Rivera Bryan. No obstante, su muerte me conmovió profundamente, sin sorprenderme, puesto que es el doloroso final de quienes se convierten, gracias a su dedicación patriótica, en iconos de la lucha que han emprendido.

Ignoro muchos detalles de su vida, pero escucho y leo sobre Brooklyn Rivera desde los años 80, después de mi llegada a Venezuela. El totalitarismo castrista siempre lo ignoró, era enemigo de uno de sus siervos más fieles, Daniel Ortega. De Rivera solo conozco su lucha contra el sandinismo y su profunda identificación con la etnia miskita.

Rivera, un campesino que asumió el liderazgo de la etnia miskita, estaba predestinado al martirologio. Sus convicciones democráticas le condujeron a un trágico enfrentamiento con los depredadores más abusivos que ha padecido Nicaragua, Daniel Ortega y Rosario Murillo.

El arribo de los sandinistas al poder significó su arresto por la tenebrosa seguridad del Estado que dirigía en ese entonces Tomas Borge. Excarcelado, se trasladó al territorio miskito, donde organizó la milicia Misurasata, integrada por indios contrarios al sandinismo.

En la década de los 80, se incorporó a la Alianza Revolucionaria Democrática

En la década de los 80, se incorporó a la Alianza Revolucionaria Democrática, Arde, que lideraba Edén Pastora, un movimiento guerrillero contrario al régimen sandinista que comandaban los hermanos Ortega, ambos en proceso de construir una dictadura inspirada en el sistema totalitario impuesto en Cuba por los Castro.

Antes de terminar la guerra civil, en 1987, las diferentes facciones indígenas que combatían el sandinismo, Misurasata y Kisan, se fundieron en una sola agrupación, el partido de indios nicaragüenses Yatama, asumiendo Rivera su liderazgo, comprometiéndose a garantizar la identidad social y cultural de los indios, manifestando su disposición de dejar las armas si el régimen reconocía plena autonomía a los miskitos, firmando con ese objetivo un acuerdo de paz con el represor Tomás Borge.

Concluida la guerra, en 1990, y electa presidente la señora Violeta Chamorro, sirvió a los suyos ejerciendo como profesor en la Universidad India y Caribeña de Bluefields y participando activamente en la Fundación Iberoamericana de Pueblos Indígenas, que tiene su sede en La Paz, Bolivia. También ocupó la posición de ministro para el Desarrollo de las Regiones Autónomas, dedicado a la costa del Caribe nicaragüense.

En 2002, suscribió un acuerdo de cooperación con sus antiguos enemigos del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), en nombre de Yatama, acción que causó que un grupo de veteranos antisandinistas lo acusaran de traidor.

En 2002, suscribió un acuerdo de cooperación con sus antiguos enemigos del Frente Sandinista de Liberación Nacional

Su alianza con el FSLN lo llevó nuevamente como diputado a la Asamblea Nacional, ocupándose del desarrollo socioeconómico de las regiones indias, la educación y la ecología, una constante en su vida.

La coalición entre Yatama y el FSLN fue problemática. Al parecer, Rivera se percató de que había sido muy ingenuo al creer que era posible convivir con quienes nunca habían dejado de ser unos autócratas.

En 2015, los miembros del FSLN en la Asamblea Nacional asumieron que el líder indígena era contrario a sus propósitos y lo despojaron de la inmunidad parlamentaria para acusarlo de provocar actos de violencia y otras irregularidades.

Rivera, a pesar de las presiones y el conocimiento de los crímenes que era capaz de cometer la familia presidencial, no se rindió, no pactó y, en cuanto le fue posible, denunció ante las Naciones Unidas los pillajes del régimen sandinista, lo que motivó que le prohibieran el retorno a su país y lo llevó a un retorno clandestino a través de la frontera con Honduras. 

Brooklyn Rivera fue secuestrado por mandato de Daniel Ortega y Rosario Murillo

Las dictaduras tampoco descansan y quieren perpetuarse, así que la represión es continua y constante. Brooklyn Rivera fue secuestrado por mandato de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Desapareció por 971 días, casi tres años, hasta morir en prisión como ha sucedido con al menos otros siete prisioneros políticos desde 2018, sucesos que deberían llamar la atención de los organismos internacionales especializados en temas relacionados con los derechos humanos.

El secuestro de Brooklyn Rivera debió haber alertado la vigilancia de todos nosotros. Fue arrestado y desaparecido, condición previa antes del asesinato. Es una práctica habitual del castrochavismo, que hace desaparecer a sus enemigos para facilitar el olvido.

El crimen contra este notable defensor de la libertad es muy lamentable. El castrochavismo, en todos los países que ha gobernado, ha generado muchos mártires, pero como escribiera José Martí: “La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”, y Brooklin Rivera cumplió esa tarea.

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