¿Contrarrevolucionarios o presos políticos?

Represión

El régimen cubano continúa usando la retórica revolucionaria para justificar ante el mundo la represión

Diversas organizaciones independientes estiman en más de 1.200 los presos políticos en Cuba
Diversas organizaciones independientes estiman en más de 1.200 los presos políticos en Cuba. / Collage de redes sociales
Ariel Hidalgo

04 de julio 2026 - 14:01

Miami/Cuando se pide a los que hoy gobiernan en Cuba liberar a mil doscientos cubanos encarcelados por ejercer sus derechos a pensar diferente o protestar contra alguna injusticia, alegan que en sus cárceles no hay presos políticos, a pesar de que fueron políticas las razones por las que fueron sentenciados. No mataron a nadie, no robaron ni cometieron delito alguno entre los considerados como comunes. Fueron condenados solo por criticar al gobierno o manifestarse en las calles con el deseo de una Cuba mejor, y llevan ya cinco años de prisión. En cambio, los asaltantes del cuartel Moncada, tras haber provocado numerosas muertes, fueron amnistiados dos años después de ser encarcelados, una comparación que lleva a preguntarse cuál de las dos dictaduras ha sido más brutal.

Lo que en cualquier país democrático se consideraría normal, en Cuba es un delito. Incluso otras dictaduras aceptarían llamarlos “presos políticos”. Pero en Cuba han inventado una nueva categoría: “presos contrarrevolucionarios”. Si a un extranjero que vivió en Cuba le preguntaran en su país qué significa eso, no dudaría en traducirlo como “preso político en Cuba”. Por lo tanto, no es más que una triquiñuela semántica.

Ninguna revolución llega para quedarse, sino solo para generar nuevas estructuras sociales.

El término encierra una doble contradicción: por una parte, si designa a quien se opone a una revolución y el Gobierno sostiene que no es lo mismo que “preso político”, equivale a afirmar que una revolución nada tiene que ver con la política. ¿Qué es entonces? ¿Un fenómeno natural como un ciclón o un terremoto, algo no provocado por la mano del hombre? 

Por otra parte, no puede haber contrarrevolucionarios si no existe una revolución activa. Según la Academia de la Lengua, “revolución” significa cambios profundos en las estructuras de una comunidad nacional, y esos procesos no son eternos, sino períodos generalmente muy cortos, de unos meses o de pocos años.

Recuerdo que, cuando comenzaron a llegar muchos soviéticos a Cuba, si a alguno se le preguntaba cómo iba la revolución de su país, no entendía la pregunta; no por la diferencia de idiomas, sino por el concepto mismo. “¿Cuál revolución?”. Y cuando finalmente comprendían, respondían: “Ah, no; eso fue hace mucho tiempo, con Lenin”. Ninguna revolución llega para quedarse, sino solo para generar nuevas estructuras sociales. Cuando estas se generan, ya no hay más revolución, porque ya cumplió su cometido.

Entonces, ¿qué hay que hacer para resolver esos problemas? Pues otra revolución.

Por ejemplo, en Cuba, la llamada Revolución del 30 triunfó el 4 de septiembre de 1933 y se extendió, bajo la administración Grau-Guiteras, hasta el ascenso a la presidencia de Carlos Mendieta, en enero de 1934.

Pero, aunque se diga que ese corto tiempo se debió a la traición del nuevo jefe del Ejército, Fulgencio Batista, los cambios profundos producidos en esos meses inspiraron posteriormente la Constitución de 1940, que el propio Batista derogó doce años después mientras enarbolaba, paradójicamente, la bandera de la misma revolución que había traicionado, la del 4 de septiembre.

Algo muy semejante pasó con la revolución del 59. Esos cambios, con el propósito manifiesto de empoderar al pueblo en “una revolución verde como las palmas”, fueron los de la Reforma Agraria, La Reforma Urbana, las intervenciones de bancos e industrias… y todo eso en muy pocos años, hasta que todos los grandes propietarios privados fueron expropiados. Finalmente, en 1968, despojaron también a ese propio pueblo en la mal llamada “ofensiva revolucionaria”. Mal llamada porque, en relación con lo que se perseguía originalmente, no fue una medida revolucionaria sino contrarrevolucionaria. ¿Y qué quedó tras todo eso? Pues una dictadura totalitaria y miseria, mucha miseria. ¿Hubo algún cambio profundo después de eso? Ninguno: solo reformas, muchas reformas que nada resolvieron hasta el día de hoy, porque “reforma” significa cambiar la forma, no ir a las raíces del problema. Entonces, ¿qué hay que hacer para resolver esos problemas? Pues otra revolución.

Quienes hoy quieren los cambios profundos de esas estructuras de la sociedad son los opositores, sobre todo esos presos políticos que ellos llaman “contrarrevolucionarios”

Pero ellos, a pesar de todo, siguen hablando, en presente, de aquella revolución que ya no existe porque fue traicionada por ellos mismos. Hicieron algo semejante a lo que hizo Batista, pero con mayor crueldad: enviaron a muchos de sus compañeros de lucha a los fosos de fusilamiento o a las mazmorras en nombre de esa revolución ya inexistente, como si esos profundos cambios todavía se estuvieran realizando.

Entonces, ¿quiénes son los verdaderos contrarrevolucionarios y quiénes, los revolucionarios? Porque quienes hoy quieren los cambios profundos de esas estructuras de la sociedad son los opositores, sobre todo esos presos políticos que ellos llaman “contrarrevolucionarios” en esa realidad paralela que han creado para justificar ante el mundo todos sus horrores. 

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