Cuba, subversión, espionaje y terrorismo

Cajón de sastre

Fidel Castro le inoculó al proyecto político que auspició su personalidad de pandillero y agitador

Los hermanos Fidel y Raúl Castro durante la última sesión del VI congreso del Partido Comunista
Los hermanos Fidel y Raúl Castro durante la última sesión del VI congreso del Partido Comunista / Cubadebate
Pedro Corzo

10 de marzo 2024 - 15:06

Miami/Cierto que el régimen totalitario planeado y ejecutado por los hermanos Fidel y Raúl Castro, con la colaboración de una gigantesca lista de sicarios, el silencio cómplice de un amplio sector de la ciudadanía cubana, además de la comprensión, respaldo y aceptación de la mayoría de la clase política, sindical y social del hemisferio, ha causado graves perjuicios a Cuba y sus nacionales y afectado negativamente el fortalecimiento de las democracias y las economías de todo el continente.

Antes que todo es necesario que destaquemos que el totalitarismo insular es particularmente agresivo, de naturaleza violenta y pendenciera.

Fidel Castro le inoculó al proyecto político que auspició su personalidad de pandillero y agitador, en consecuencia, mientras vivió, trató de escamotear el protagonismo a cualquier sujeto que procurara ejercer influencia sobre los otros. Esa es la razón por la cual parece que la virulencia del castrismo está en reposo, aunque es apropiado sugerir que lo pertinente es no confiarse de esa víbora impaciente.

Parece que la virulencia del castrismo está en reposo, aunque es apropiado sugerir no confiarse de esa víbora impaciente

No existe un solo país americano que haya estado a salvo de la injerencia castrista. Estados Unidos, con su gigantesco poderío, ha estado sometido en numerosas ocasiones a los espías cubanos, razón por la cual Cuba tiene el récord de escándalos por expulsión de funcionarios diplomáticos.

El régimen de La Habana ha respaldado los diferentes sectores de esta nación que en algún momento de su quehacer trabajaron a favor de promover conflictos sociales y civiles, incentivando los problemas políticos y raciales, además de propiciar a los sectores involucrados en la desestabilización, recursos materiales y entrenamientos físicos.

Un caso que no se puede obviar es el de Puerto Rico, con independencia del criterio que pueda tener cada persona sobre el estatus de la bien llamada Isla del Encanto.

Los grupos subversivos puertorriqueños obtuvieron un amplio apoyo del totalitarismo insular y realizaron tanto en la Isla como en el territorio continental estadounidense, sangrientos actos terroristas en su propósito de alcanzar la independencia, incluido un atentado mortal, en 1976, contra un ex comandante del ejército rebelde de Cuba, Jaime Vera Serafín, que estaba al frente de un grupo contrario al régimen fidelista. 

Se afirma que el ex coronel Antonio de la Guardia, fusilado por orden de Fidel y Raúl Castro, estuvo involucrado en ese crimen.

Puerto Rico no fue el único objetivo caribeño de los facinerosos hermanos. En el propio 1959 enviaron expediciones armadas, que fracasaron, a Haití y República Dominicana, sometidas, respectivamente a las dictaduras de Francois Duvalier, Papa Doc, y Rafael Leónidas Trujillo, sangrientos dictadores que ganaban en criminalidad a los hermanos de la mayor de las Antillas.

En ese mismo año 1959, fueron atacadas Nicaragua y Panamá. La primera bajo el control autocrático de la dinastía Somoza, y la otra, una república democrática con sus imperfecciones, pero atacable porque el canal interoceánico de ese país estaba bajo la autoridad estadounidense.

A partir de 1960 podemos afirmar que las tres virtudes principales del castrismo –espionaje, terrorismo y subversión– se acentuaron

No crean los lectores que todo terminó aquí. Muchos otros objetivos se sucedieron en el transcurso de los años con el agravante de que no cosecharon un solo triunfo. La vía de las armas no trajo victorias, a excepción de Nicaragua, en 1979, y se puede decir con propiedad, de que este triunfo fue consecuencia de la intervención política de los países vecinos, más la del presidente Carlos Andrés Pérez y la decisión de Washington de retirarle su apoyo a los Somoza.

A partir de 1960 podemos afirmar que las tres virtudes principales del castrismo –espionaje, terrorismo y subversión– se acentuaron. Los operadores de estas disciplinas se profesionalizaron. Cuba se convirtió en campo de entrenamiento, refugio y hospital de campaña.

La pacífica Uruguay fue asolada por los Tupamaros, una guerrilla urbana que produjo tantos hechos vandálicos que la televisión castrista le dedicó varias series con episodios. Los Montoneros, junto al Ejército Revolucionario del Pueblo Argentino, vandalizaron el país del cono sur. Brasil conoció también de esa brutal subversión.

Bolivia fue la tumba del asesino en serie Ernesto Che Guevara, el guerrillero castrista que más fracaso cosechó a pesar de su insaciable sed de sangre, como escribiera desde la Sierra Maestra a Hilda Gadea Sin embargo, fueron Venezuela y Colombia las dos anheladas joyas de la corona que quería ceñirse el jefe de todos los matones, Fidel Castro.

 

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