La herencia lastimosa del castrochavismo

Opinión

El tirano cubano había intentado, a través de la violencia y una manipulación sistemática de la realidad, imponer gobiernos a su imagen y semejanza en el hemisferio

Una coalición en la que se fundieron sus respectivos odios contra la democracia, la libertad y la dignidad humana.
Una coalición en la que se fundieron sus respectivos odios contra la democracia, la libertad y la dignidad humana. / La Pupila Insomne
Pedro Corzo

09 de agosto 2026 - 12:44

Miami/Ignoro si estamos cerca del final de los regímenes inspirados por Fidel Castro y Hugo Chávez, léase Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia, sin olvidar Ecuador, que pudo librarse gracias a la soberbia y fatuidad de Rafael Correa, uno de los payasos más conspicuo que haya desgobernado una república latinoamericana, solo comparado con el cocalero de Evo Morales, aunque muy lejos del letal Daniel Ortega.

No obstante, todos los sujetos mencionados se caracterizan por un populismo que lindaba con lo absurdo, una profunda y expandida corrupción, mas una ineptitud para gobernar sus respectivos países sumado a la habilidad para proclamar una visión nacionalista, mientras, le traspasaban la soberanía del país al aliado más prometedor.

La propuesta castrochavista devino de la alianza entre Castro y Chávez. Previamente el tirano cubano había intentado, a través de la violencia y una manipulación sistemática de la realidad, imponer gobiernos a su imagen y semejanza en el hemisferio, proyecto en el cual solo cosechó fracasos, puesto que, aunque Daniel Ortega llegó al poder por medio del terror, contó con la asistencia de algunos países vecinos y de otros no tan cercanos geográficamente como la Venezuela de Carlos Andrés Pérez.

Los hermanos Castro proveyeron su capacidad subversiva, represiva y de tergiversación de la realidad, mientras Chávez y Nicolás Maduro aportaron toda la riqueza de Venezuela

Castro, con treinta años ininterrumpidos en el poder, fue testigo del arribo de Hugo Chávez a la primera magistratura de Venezuela, fatídica coexistencia que tuvo como resultado, fuese por acuerdo previo o entendimiento sobre la marcha, una coalición en la que se fundieron sus respectivos odios contra la democracia, la libertad y respeto a la dignidad humana junto a la rencorosa envidia que profesaban hacia Estados Unidos, forjando la indecorosa propuesta que hoy llamamos castrochavismo, no sin antes haber proclamado que estaban a favor del Socialismo del Siglo XXI.

La nueva alianza, es apropiado reconocerlo, fue exitosa. Los hermanos Castro proveyeron su capacidad subversiva, represiva y de tergiversación de la realidad, mientras Chávez y Nicolás Maduro aportaron toda la riqueza de Venezuela, embolsada por Chávez y Maduro que como buenos tiburones salpicaron a sus crías, subsidiaron el totalitarismo castrista y compraron voluntades políticas con una diplomacia petrolera que condujo a la bancarrota al erario venezolano.

Este programa captó rápidamente numerosos partidarios entre los que se destacaron el corrupto y farsante Luis Inacio Lula da Silva, el hipócrita más aberrante entre todos los políticos latinoamericanos, y los no menos nefastos Néstor y Cristina Fernández de Kirchner, aunque honrando a la verdad a estos canallas no le faltaron nunca aliados, tanto que hubo una corriente que se llamó la “marea rosa”, que siempre estaba presta a respaldar sus propuestas, entre los que recuerdan al ex presidente de República Dominicana, Leonel Fernández.

Rafael Correa dejó el poder en 2017 y todavía el país padece su herencia

Deslastrarse de los legados castrochavistas no es sencillo porque deja huellas tan profundas como lastimosas. Rafael Correa dejó el poder en 2017 y todavía el país padece su herencia. La clientela que instrumentó bajo sus mandatos continua ansiosa por el retorno.

El ejemplo de Bolivia es todavía más desafiante. Evo Morales intentó perpetuarse en el poder de manera indefinida cubriéndose de una falsa legitimidad. Sin embargo, el fraude fue descubierto y tuvo que renunciar, causando en el país un periodo de ingobernabilidad bien complejo hasta que llegó al gobierno uno de sus tiburones más preciado, Luis Arce Catacora, que como voraz piraña clavó sus afilados dientes en Morales, su antiguo protector.

Sin embargo, el país del altiplano sigue preñado del castrochavismo. El actual presidente Rodrigo Paz Pereira no ha podido encausar el país hacia una verdadera democracia, numerosos problemas siguen amenazando la libertad y la ruta hacia una sociedad libre.

La tierra de Rubén Darío padece una dictadura de dos que le hace sombra a los gobiernos somocistas

Venezuela es todavía más oscura. El dictador está preso, pero la dictadura continúa. Hay numerosos presos políticos, los exiliados no disfrutan de garantías para su retorno y no se avizoran unas elecciones en la que estén garantizados los derechos de todos.

De Cuba y Nicaragua, casi quedamos sin comentarios. La tierra de Rubén Darío padece una dictadura de dos que le hace sombra a los gobiernos somocistas. Sus abusos son innumerables, presos políticos, destierros masivos, crímenes y el ultimátum de que no habrá elecciones en un país donde los comicios del yugo Ortega-Murillo siempre han sido fraudulentos.

Por último, Cuba está regida por el totalitarismo, bajo una ineptitud llevada al paroxismo y un pueblo, que, al parecer, está al borde de la aniquilación por sus propios gobernantes.

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