Cajón de Sastre
La libertad entre las sábanas
Cajón de Sastre
Madrid/Para llegar a este texto estuve dándole y dándole para lograr la manera más cálida y menos declamatoria de hablar de la libertad en Cuba. Ahí va.
La libertad no es hacer lo que uno quiere de la forma que a uno se le ocurre, pero es hacer algo que se le parece mucho. Es todo lo primero menos el derecho a los demás no a censurar previamente ni reprimir después.
Y entre ambos, entre la libertad propia y la ajena, no hay una contraposición, sino una concertación dinámica. A veces me toca ceder a mí y otros al prójimo, para lograr armonía. El mejor fruto de la libertad es la paz.
No hay peor frase que “no se debe confundir libertad con libertinaje”, porque da a los menos la libertad para terminar con la libertad de muchos. Dentro de la libertad cabe el libertinaje. Ambas acarrean consigo responsabilidad.
El ejercicio de la libertad es un sentimiento interior intenso, algo que va por las tripas, grabado en el helicoide del ADN, que sensibiliza nuestra piel
El ejercicio de la libertad es un sentimiento interior intenso, algo que va por las tripas, grabado en el helicoide del ADN, que sensibiliza nuestra piel, que nos emociona hasta ponerla de gallina, que nos acaricia y que se deja acunar. Que cuando está cerca nos da ternura, y cuando está lejos nos desasosiega. Un aura con la que vamos de la mano por la vida espaciosa, con lugar para la creación, la bondad, la prosperidad de nuestra tierra y de nuestros compatriotas. Rebosantes ciudadanos responsables. Es como una amante perfecta que, entre las sábanas, cerca, compenetrada, da lo mejor de sí para que demos nuestro mejor y más fuerte flujo de pasión. Para que fructifiquemos.
Cuba, desde 1959, ha ido perdiendo libertad a chorros, o, mejor dicho, la ha expulsado de la convivencia por la fuerza.
La Revolución ha logrado convencer a muchos que la abstinencia de libertad es beneficiosa, porque por el hueco que deja su ausencia triunfa el hombre nuevo, que murió nonato, para que pase la libertad del pueblo, que nació destinada a ser escuálida y anémica, y la prosperidad de la nación que, salvo cuando vivió de prestado, nunca existió. Los hechos confirman que eso era una total mentira, y quien sostiene una mentira es un mentiroso. Y quien le miente al pueblo es un tirano traidor.
La Revolución ha desacertado porque mintió para acabar con la libertad como ejercicio de espacio abierto y fructífero del individuo, para llenarlo con la violencia, la delación, la censura y la frustración. Cupieron dentro de ese hueco los fusilamientos en La Cabaña a manos de un compatriota.
Construyó desde el inicio un futuro desastroso para los que, fuera del poder, creyeron antes y creen hoy que la libertad no hace falta.
La Revolución ha reprimido la pasión, lo que me hizo pensar en una libertad entre las sábanas, loca de amor, fecunda, para que alcance y sobre para todos.
Una libertad que está hoy a la vuelta de la esquina con los brazos abiertos, como siempre, con su gorro frigio.
También te puede interesar
Lo último