La otra revolución no necesita una intervención extranjera

Opinión

El régimen sabe que, si reprime brutalmente una explosión social, le estará dando en bandeja de plata al vecino poderoso la excusa para intervenir

Si no pueden detener la nueva revolución que los amenaza desde abajo, únanse a ella desde arriba.
Si no pueden detener la nueva revolución que los amenaza desde abajo, únanse a ella desde arriba. / X / Presidencia
Ariel Hidalgo

28 de febrero 2026 - 13:57

Miami/De acuerdo con lo que hemos visto en Venezuela desde la captura de Maduro hasta el presente, casi dos meses, y lo que siguió después: el ascenso de Delcy Rodríguez a la Presidencia con el visto bueno de Washington, una liberación de presos políticos en cámara lenta y sin garantías de no regreso, así como la permanencia de las estructuras dictatoriales, como un madurismo sin Maduro, y el control del petróleo de ese país por el presidente Trump (no en balde publicó su fotografía como presidente de Venezuela), nos parece una imagen de lo que podría suceder en Cuba, teniendo también en cuenta lo que nos ha ido llegando hasta hoy de un supuesto gabinete compuesto por figuras del régimen.

No quiero ser aguafiestas y estoy seguro de que la libertad de Cuba está más cerca que nunca, pero no deben confiar con los ojos cerrados en las promesas de los representantes de una potencia extranjera. ¿Es esa la única alternativa? El estallido del 11 de julio no fue organizado por nadie, ni por los disidentes, ni por la CIA, ni los cubanos de Miami, y sin embargo estremeció los cimientos del poder. ¿Fracasó? 

Podemos lamentar la represión y los encarcelamientos con sentencias draconianas, pero las manifestaciones multitudinarias en decenas de ciudades constituyeron una victoria política, porque fue el comienzo de un proceso que conduce a otra revolución, una palabra que no les gusta a muchos, pero cuyo significado es muy sencillo: cambio radical. Pregúntense desde cuándo no hay cambios radicales en Cuba. Pues desde hace mucho tiempo. Nada cambia, solo hacen reformas que no conducen a nada para mantener un sistema que ya todos saben –hasta ellos mismos– que es un fracaso. Sin embargo, no hacen nada para cambiarlo y mejorar las condiciones del pueblo.

El estallido del 11 de julio no fue organizado por nadie, ni por los disidentes, ni por la CIA, ni los cubanos de Miami, y sin embargo estremeció los cimientos del poder

¿Por qué? Porque le temen a ese pueblo, porque esas manifestaciones no solo estremecieron los cimientos del régimen, sino también la conciencia de mucha gente que hasta entonces no concebían que algo así pudiera pasar, y sobre todo porque saben lo que es un proceso pre-revolucionario. En los cincuenta ese proceso duró cinco años y medio desde el asalto al Moncada hasta la huida del dictador. Aunque esos procesos no duran iguales, generalmente se diferencian en unos meses menos o unos meses más. Y este lleva ya poco menos de cinco años.

¿Cómo será su desenlace? Eso dependerá de las decisiones que el gabinete gubernamental tome previo a esa probable explosión social. Ellos saben que, si esa explosión se produce y ellos la reprimen brutalmente, le están dando en bandeja de plata al vecino poderoso la excusa para la intervención. Entonces sería más inteligente evitarla. 

¿Cómo? ¿Deteniendo a los disidentes o impedir que salgan de sus domicilios? Ya hemos dicho que no son los disidentes quienes la provocan, sino que son espontáneas, provocadas más bien por la propia dirigencia con su política errada. No pueden apostar vigilantes ante las casas de millones de personas. ¿Cortando el internet? No pueden mantenerlo suspendido indefinidamente. Y como nadie puede prever cuándo esa explosión se va a producir, será inevitable la primera chispa, donde quiera que sea y no habrá tiempo para cortar el internet y evitar que la noticia se propague por todo el país solo en segundos.

Entonces la única solución para evitarla es cambiar la política de forma tan evidente que todos se convenzan de que esta vez no se trata de cambios formales para no cambiar nada, sino yendo a la esencia de los problemas: liberar a todos los presos políticos y dialogar, no con el enemigo externo sino con los disidentes, los que ya se han convertido en voceros de ese pueblo. Si no pueden detener la nueva revolución que los amenaza desde abajo, únanse a ella desde arriba.

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