Desde Cuba han mandado un recado, no se sabe si Biden claudicará

Jim McGovern junto a Miguel Díaz Canel en La Habana. (Cubadebate)
Jim McGovern junto a Miguel Díaz Canel en La Habana. (Cubadebate)

La semana pasada circuló por Washington un documento público de supuesta urgencia, el cual recogía las prioridades del Gobierno cubano sobre la nueva política hacia la Isla de la apenas inaugurada Administración de los demócratas Joe Biden y Kamala Harris.

El documento es una carta al presidente Biden, firmada por Jim McGovern, representante demócrata por el estado de Massachusetts, quien desde 1997 es reelegido cada dos años en su distrito para el Congreso de EE UU.

McGovern es un viejo admirador de Fidel Castro. Ha visitado la Isla muchas veces, como se puede apreciar por sus numerosas fotos con el dictador cubano. Durante más de dos décadas, McGovern ha fungido en Estados Unidos como un vocero del régimen castrista y de "sus esfuerzos para expandir la educación y la salud del pueblo cubano" y fue uno de los primeros en ofrecer condolencias y oraciones a la familia de Fidel Castro (ignorando la naturaleza atea de los caudillos comunistas) cuando, a finales de noviembre de 2016, se anunció la muerte del nonagenario comandante en jefe.

McGovern ahora preside la muy importante Comisión de Reglas de la Cámara de Representantes, la instancia que determina las condiciones para la presentación de todos los anteproyectos de ley en el hemiciclo de la Cámara Baja del Congreso

McGovern ahora preside la muy importante Comisión de Reglas de la Cámara de Representantes, la instancia que determina las condiciones para la presentación de todos los anteproyectos de ley en el hemiciclo de la Cámara Baja del Congreso.

En su carta al presidente Biden, McGovern recomienda que, por medio de una orden ejecutiva (sin consultar a su gabinete aún a medio formar, y sin sondear para nada la opinión de una docena de cubanoamericanos de los dos partidos en la Cámara y el Senado), se cancelen inmediatamente todas las medidas sobre Cuba decretadas por Donald Trump.

La cancelación, dice el congresista, debe hacerse en su totalidad. Nada de medidas parciales, porque el presidente Biden, apunta él, tiene muchas otras prioridades, y no debe dedicarle tiempo a decidir una y otra vez su política hacia el vecino caribeño.

Significativamente, McGovern agrega que el margen de la mayoría demócrata en el Congreso es muy exiguo y quizás esa sea la razón de su premura al sugerirle a Biden de que antes de conseguir la confirmación de sus ministros por el Senado, ocuparse de la pandemia o coordinar las facciones de su partido, debe atender los reclamos de La Habana.

En la praxis política de Washington, por lo demás, cuando algún individuo tiene influencias efectivas sobre las decisiones de la Casa Blanca, no hace sugerencias públicas sobre decretos presidenciales, sino que se comunica discretamente con el presidente norteamericano. Otra razón sería la preocupación de que, al terminarse el furor sobre las elecciones, la prensa y el pueblo estadounidense le presten atención al informe del Instituto Casla recientemente divulgado sobre los militares cubanos en Venezuela que están torturando a venezolanos.

Y puede que McGovern tenga además consideraciones de otro tipo, cómo afianzar su posición con la izquierda más radical de su partido

Y puede que McGovern tenga además consideraciones de otro tipo, cómo afianzar su posición con la izquierda más radical de su partido.

En cuanto a la Cámara Alta, está dividida exactamente en dos, y la presidencia de las comisiones las negocian el líder de los demócratas y el líder de los republicanos en el Senado. Además hay tres senadores cubanoamericanos: Bob Menéndez, demócrata de Nueva Jersey, ahora presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores; Ted Cruz, republicano de Texas, miembro de la misma comisión; y el republicano de Florida, Marco Rubio, que continúa presidiendo la Comisión de Inteligencia.

Es posible que en las audiencias sobre Cuba que se esperan a corto plazo se considere la recomendación de retirar a Cuba de la lista de los países que apoyan a terroristas, en cuyo caso personas prominentes de la nueva Administración y otros testigos a favor y en contra de la medida discutirían el asunto ante las cámaras de televisión.

Es quizás temiendo a esos debates y al impacto en la opinión pública del informe Casla sobre Venezuela que el ala izquierda demócrata busca una inmediata acción. A lo anterior habrá que agregar el refugio de que disfrutan en la Isla los terroristas colombianos prófugos de la justicia en su país, y los terroristas estadounidenses buscados por el FBI que residen en La Habana.

Lamentablemente, esta no es la primera vez que la evidencia sobre el tema ha recibido atención. El papel de militares cubanos torturando en Vietnam a prisioneros de guerra norteamericanos se detalla en varios libros, incluyendo la biografía del senador republicano por Arizona John McCain, que fue hasta su fallecimiento un enemigo declarado no solo del comunismo y del castrismo, sino también de Donald Trump.

McCain, también aspirante a la presidencia en 2008 (derrotado entonces por Barack Obama), explicó las humillantes torturas en un centro que los presos estadounidenses llamaban irónicamente el hotel Hanoi Hilton. McCain, por cierto, es considerado un héroe por sus compatriotas, ya que, cuando los vietnamitas le ofrecieron su libertad, se negó hasta que todos sus compañeros fueran liberados con él.

Las declaraciones de McGovern salen a la luz junto con las de la vicepresidenta del Parlamento Europeo, Dita Charanzová, una joven diplomática checa que dijo que Cuba no cumple con la sección del acuerdo entre La Habana y la Unión Europea en el importante tema de los derechos humanos.

McGovern insiste en que Biden debe separar las políticas sobre Cuba y Venezuela, argumentando que La Habana podría jugar un papel positivo en resolver la crisis venezolana

McGovern insiste en que Biden debe separar las políticas sobre Cuba y Venezuela, argumentando que La Habana podría jugar un papel positivo en resolver la crisis venezolana, pero que no lo hace debido a la política exterior de Estados Unidos hacia la Isla, lo que sería aceptar el chantaje de Cuba. En su carta, McGovern no menciona la presencia en Venezuela de lo que el secretario general de la Organización de los Estados Americanos caracterizó como un "ejército de ocupación cubano".

En cuanto a los derechos humanos, ha denunciado fuertemente la represión en China y otros países, pero no en Cuba donde recomienda iniciar un nuevo diálogo entre funcionarios cubanos y estadounidenses, pero aclara sin darle prioridad a casos específicos. Esto sucede precisamente en el momento de un aumento de una ola represiva en la Isla que ha recogido la prensa internacional. Y ya hay analistas en Washington que predicen una crisis con Cuba orquestada por el régimen, como ha sucedido otras veces después de un cambio de Administración en EE UU.

McGovern, casualmente, es presidente de una subcomisión sobre cuestiones de agricultura, por lo que promueve los intereses de las compañías agrícolas que desean incrementar sus ventas a Cuba. Es en este sentido donde parece más difícil que La Habana consiga una de sus prioridades: que las ventas se hagan a crédito. Sería un despropósito político y económico. De darle crédito financiero a Cuba, tal como ocurre con las compañías de otros países industrializados, las empresas estadounidenses incurrirían en grandes pérdidas por los impagos de Cuba. Y, a la postre, los platos rotos los pagaría el contribuyente al fisco norteamericano.

Es difícil creer que McGovern no conozca esos detalles, pero arguye que por razones humanitarias Biden debe levantar todas las restricciones sobre las remesas. Desafortunadamente, el hambre y la miseria en la Isla se deben al bloqueo interno, sin relación con la política de Estados Unidos que vende a Cuba los alimentos y medicinas que Cuba puede pagar. Para La Habana es un negocio redondo: mientras más crítica se ponga la situación por su ineficiencia sistémica, más millones reclama del exilio, de los mismos cubanos que Fidel Castro llamaba escoria y se ufanaba de que "no los queremos, no los necesitamos".

A pesar de las esperanzas y las buenas intenciones de Obama, las reformas que se esperaban en Cuba nunca ocurrieron

El exsecretario de Estado John Kerry, responsable de la política exterior de Barack Obama, lo ha dicho claramente: a pesar de las esperanzas y las buenas intenciones de Obama, las reformas que se esperaban en Cuba nunca ocurrieron. Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel también lo han dicho: Cuba no hará concesiones y la única opción para el pobre pueblo cubano, según ellos, es la continuidad del castrismo.

Si Biden estudia lo sucedido durante los ocho años de su vicepresidencia, descubrirá que la Plaza de la Revolución única y exclusivamente cumple sus promesas cuando la política de Washington se basa en la realidad, y no sobre las quimeras y los buenos deseos y esperanzas que no se hacen realidad.

Biden puede escuchar a McGovern pero, antes de prestar atención a los recados que le mandan desde La Habana, debe también escuchar a otros. La política hacia Cuba debe tener en cuenta el interés nacional de EE UU. Los pueblos de Cuba, Estados Unidos y América Latina se beneficiarían infinitamente más de la reconstrucción de una Cuba libre, feliz, próspera y soberana que de continuar enviando efectivos militares cubanos a torturar en Venezuela.

La carta de McGovern es interesante, pero no hay nada nuevo en el recado de La Habana.

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