Héroes y bárbaros

En 'El lector' e muestra a una mujer que en cierto momento se mostró sensible, inteligente y humana, pero en otra época de su vida fue capaz de ser cómplice y ejecutora de los más horrendos crímenes. (Fotograma)
En 'El lector', la protagonista es una mujer que en cierto momento se mostró sensible, inteligente y humana, pero en otra época de su vida fue capaz de ser cómplice y ejecutora de los más horrendos crímenes. (Fotograma)

¿Sería posible que fuésemos todos culpables, cómplices y cobardes en mayor o menor grado? Ciertamente no lo sé. Pero sí que somos todos unos magníficos héroes o al menos tenemos la capacidad para serlos, aunque nuestro actuar sea lo opuesto a la heroicidad. Hace poco recordaba una película muy interesante, estrenada en 2008, basada en la novela de Bernhard Schlink, El lector, que deja al descubierto, de una manera muy audaz, cómo una mujer que en cierto momento se mostró sensible, inteligente y humana, en otra época de su vida fue capaz de ser cómplice y ejecutora de los más horrendos crímenes bajo las órdenes de los nazis.

El protagonista tiene que aprender a vivir con el dolor de haberla amado sin conocer su pasado, de presenciar el juicio público celebrado en su contra y de seguirla amando, aunque no la perdonase nunca.

Algo similar pasó en 1994 durante el genocidio de Ruanda entre sus ciudadanos. Ellos tuvieron que aprender a convivir con criminales después de la tragedia

La lucha heroica -sin duda alguna- que mantuvo la protagonista contra su conciencia no duró mucho tiempo, pues terminó con su vida poniendo fin de esa manera a su tortura interna.

Algo similar pasó en 1994 durante el genocidio de Ruanda entre sus ciudadanos. Ellos tuvieron que aprender a convivir con criminales después de la tragedia – pues muchos fueron excarcelados en pocos años. Hicieron asambleas públicas de reconciliación para darles la mano a miles de ajusticiadores arrepentidos, con el objetivo de ofrecerles simplemente su perdón, después de que a muchísimos hutus se les ocurriera asesinar alrededor de un millón de tutsis y a todo hutu que los defendiese, en pocas semanas – según algunos medios, pues las cifras de los asesinados aún generan controversia. Fueron movidos por el sentimiento de odio propagado durante muchos años por el Gobierno hutu contra los tutsis, sus conciudadanos.

En aquel entonces, Ruanda no era un país en guerra. Bastaron el odio y el desdén a sus semejantes para desatar el genocidio.

Cabe mencionar que durante mucho tiempo los hutus generaron una campaña de difamación contra los tutsis. Deshumanizándolos verbalmente y empleando continuamente el término de cucarachas para referirse a ellos en la Radio Televisión Libre de las Mil Colinas.

El resentimiento profundo contra los ciudadanos difamados nació, entre otras cosas, de la envidia que sentían los hutus por el poder adquisitivo de los tutsis y de antiguos abusos cometidos en diferentes ocasiones por los tutsis contra los hutus.

La comunidad internacional se lavó las manos como Poncio Pilatos hizo en su momento e intervino demasiado tarde.

Hay un cierto camino recorrido por la historia de la humanidad que nos demuestra que el hecho de caracterizar a un grupo, deshumanizar verbalmente a personas, difamarlas o criticarlas en su esencia y no en su actuar puntual en un momento determinado, no trae nada bueno. Pero a su vez es ineficiente y refleja una gran ignorancia.

¿Cuál es la balanza con la que se puede medir cuánto del actuar de un ser humano proviene de su ser o de su estar?

¿Cuál es la balanza con la que se puede medir cuánto del actuar de un ser humano proviene de su ser o de su estar?

Muchos de los hutus asesinos expresaron públicamente años después de aquella masacre que estaban cegados por el odio y que actuaron como si no razonaran cuando cometieron sus crímenes, y que pensaban que los tutsis eran realmente cucarachas que debían ser eliminadas y no seres humanos.

Sin embargo, cuando acabó la masacre, muchos se mostraban terriblemente arrepentidos, cargando con el peso insoportable de sus conciencias y asegurando que todo el odio que sentían por los tutsis se había esfumado de sus pensamientos.

Las calles ensangrentadas de Ruanda en el año 1994 no pertenecían a ciudades menos desarrolladas que cualquiera de las ciudades de nuestra Cuba actual. Sus ciudadanos hutus y tutsis eran muchos de ellos científicos y honorables académicos. Personas con un pasado y una historia. Ni mejor ni peor que la nuestra.

¿Quién podría asegurar hoy que es acertado calificar de "asquerosa comunista" y decir en las redes sociales que "¡merece morirse de hambre!" a Fefa-nombre ficticio-, la del barrio, cuando asegura que se la tendrán que ver con ella si alguien se atreve a tocarle un pelo a una revolución que ella describe como a una dama vulnerable a la que hay que defender cueste lo que cueste.

¿Quién se atrevería a afirmar que semejante sentimiento antinatural no cambiaría completamente si la sociedad en la que se desarrolla la tal Fefa cambiase?

Resulta idílico pensar en un final feliz cuando se han empleado de forma generalizada, por todas las capas y castas del Gobierno cubano, los términos injustificablemente despectivos de gusano, mercenario y contrarrevolucionario, para separar a los cubanos entre ellos y para culpar a unos de las miserias de los otros, tratando de esconder a los verdaderos criminales o cuando la policía cubana muestra un trato cada vez más violento hacia toda la ciudadanía utilizando perros entrenados y bastones policiales. Viendo en cada ciudadano un posible contrarrevolucionario al que deben atacar.

Resulta idílico pensar en un final feliz cuando se han empleado de forma generalizada (...) los términos injustificablemente despectivos de gusano, mercenario y contrarrevolucionario, para separar a los cubanos entre ellos

Hace poco se oyó decir a un ciudadano cubano al que no se le aprecia el rostro, integrante de la PNR cubana según un video difundido por la Unión Patriótica de Cuba (Unpacu) el 20 de agosto del 2019, una barbaridad que seguramente salió de sus entrañas impulsada por alguno de los altos mandos cubanos, pues el autor no recibió ningún castigo por su amenaza, aún si la verbalizó cerca de muchísimos otros policías que sí se aprecian perfectamente en el video: "A los contrarrevolucionarios hay que tirárselos al pueblo para que los maten".

Resulta realmente idílico, pero no puedo evitar ser optimista e imaginar un buen final a la situación que vivimos, en el que los improperios a Fefa y a los integrantes de toda la oposición desaparezcan del lenguaje de los cubanos. Y en el que todos se traten como hermanos sin tener que atravesar antes por barbaridades comandadas desde lo alto. Un final en el que todos los policías y militares cubanos con alma de héroes sin manchas comprendan que un uniforme no sirve de nada si obedece al abuso.

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