Maquinaciones de la Seguridad del Estado cubana

Un joven es arrestado por policías y agentes de la Seguridad del Estado en las protestas del 11 de julio en La Habana. (Captura)
Un joven es arrestado por policías y agentes de la Seguridad del Estado en las protestas del 11 de julio en La Habana. (Captura)

En medio de la efervescencia, y como resultado de las protestas espontáneas y eminentemente pacíficas en la Isla, se especula qué debe hacerse para lograr que termine la dictadura que mal gobierna a los cubanos desde hace más de 60 años.

Un número creciente de jóvenes cubanos, en la Isla y en el exilio, continúan manifestándose, demandando el final de la tiranía.

Si la oposición en la Isla, democrática y pacífica, es un reflejo de la composición del pueblo cubano –hombres, mujeres, blancos, negros, creyentes, ateos, homosexuales, artistas, periodistas independientes, sacerdotes–, la cúpula del poder no lo es.

Como se puede apreciar en las fotos publicadas por el periódico Granma, el liderazgo castrista está compuesto mayoritariamente de ancianos blancos y obesos, algunos de ellos militares que acompañaron a Fidel Castro en la gesta de la Sierra Maestra.

Un número creciente de jóvenes cubanos, en la Isla y en el exilio, continúan manifestándose, demandando el final de la tiranía

En la búsqueda de caminos hacia el porvenir, los cubanos se preguntan: ¿cuál ha sido el detonante de las protestas de miles de compatriotas en numerosos puntos del país? Además de lo que todo el mundo reconoce –el hambre, la arbitrariedad y la corrupción imperantes–, es indudable que Cuba entró en una nueva etapa con la muerte del dictador Fidel Castro.

Es el renacimiento de la sociedad civil, a pesar de las medidas del Gobierno, y una nueva generación que no quiere ser como el Che ni quiere abandonar la Isla, y que se opone a cara descubierta, sin el menor clandestinaje, al estado de cosas, como lo hicieron los polacos de Lech Walesa, el electricista y líder sindical de Solidaridad, y los checos de Václav Havel, el dramaturgo que organizó a artistas, poetas y músicos contra su Gobierno marxista.

Ambos son modelo para la oposición cubana, cuyos autores intelectuales encabeza José Martí, que defendía la libertad a toda costa y escribió que "la dictadura es una misma en sus diversas formas". También son guías Mahatma Gandhi, que derrotó al imperio británico, y Martin Luther King, que acabó con la segregación racial en el sur estadounidense.

Todos ellos tienen muchas cosas en común y pusieron en práctica una estrategia de resistencia pacífica que, precisamente por ello, se extendió a la población en general. Eso le ha negado al Gobierno cubano la excusa de una oposición violenta y su discurso internacional de que estos jóvenes de los barrios más humildes son asalariados de los yanquis.

En este escenario, acaba de aparecer una reacción entendible, debido a la desesperación y la falta de conocimiento, por un lado de la naturaleza del castrismo y por otro, de cómo los centroeuropeos y otros lograron llegar a la libertad.

A pesar de las declaraciones del Movimiento San Isidro, de José Daniel Ferrer, de Cuba Decide y de líderes religiosos de todas las confesiones, oponiéndose a la violencia y a un levantamiento armado, en las últimas horas han surgido jóvenes en el exterior que dicen estar preparando varias embarcaciones pequeñas con armas para "liberar a Cuba".

Todos ellos tienen muchas cosas en común y pusieron en práctica una estrategia de resistencia pacífica que, precisamente por ello, se extendió a la población en general

A esos jóvenes, muchos que actúan de buena fe, hay que pedirle escuchar a la Unión Patriótica de Cuba, que estudien cómo sin derramar sangre cubana el Movimiento San Isidro y la canción Patria y Vida han puesto a la defensiva como nunca antes a la Plaza de la Revolución. Naturalmente, muchos de esos jóvenes no son agentes de la Seguridad del Estado, como no lo eran los que muchos años atrás iban a la Isla en operaciones comando que resultaban en algún cañaveral incendiado y con frecuencia eran interceptados y ultimados en el momento de desembarcar.

Recordemos que el segundo jefe de una de las organizaciones más conocidas por ese tipo de acciones declaró al Miami Herald que por años se había infiltrado en la Seguridad del Estado, que había trabajado de doble agente, que las autoridades conocían de antemano los pormenores de cada desembarco y que cuando la diáspora no aportaba recursos para la compra de embarcaciones y de armas, los fondos provenían del Gobierno cubano.

El mensaje, como han reconocido los dirigentes más preclaros y valientes de la oposición, es que, al igual que en Europa Central, es la dictadura quien se beneficia de la violencia y el uso de las armas en su contra.

De llegar ese puñado de jóvenes con su iniciativa a la Isla, seguro el régimen dirá que son agentes de la CIA, asalariados del imperialismo, y los encarcelará, aseverando que el movimiento de opositores en Cuba es parte de tal desatino. Ojalá que esto no suceda, no solo para salvar esas vidas, sino también para negarle excusas a Raúl Castro y a Miguel Díaz-Canel en su campaña de descrédito dentro del país, en la Unión Europea y en la prensa internacional.

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