"Un ser adoctrinado habla de tedio"; una selección de poemas de Lina de Feria

La poeta y ensayista Lina de Feria ha recibido este viernes el Premio Nacional de Literatura de Cuba. (En24)
La poeta y ensayista Lina de Feria recibió en diciembre el Premio Nacional de Literatura de Cuba. (En24)

Hace cinco años, la editorial Betania publicó Los cristales que te hincan, una obra de la poeta y ensayista Lina de Feria, premio Nacional de Literatura de Cuba este diciembre.

El poemario, dividido en dos partes, "sigue hablando de las obsesiones de una de los escritoras más importantes de la Isla de Cuba desde finales de los sesenta hasta el presente, continúa y amplía muchos de sus resortes escriturales (ausencia de comas, sintaxis enrarecida y pindárica en ocasiones, metaforización de elementos opuestos y/o distantes, referencialidad cultural, forcejeo con el lenguaje, intuición gnoseológica…). Esas obsesiones funden en un mismo cuerpo discursivo La Habana y sus líneas ruinosas con América, Sevilla, Madrid", reza el prólogo, de Yoandy Cabrera.

Feria, nacida en Santiago de Cuba en 1945, está considerada una de las voces femeninas más importantes de la literatura en Cuba. Graduada en Filología en la Universidad de La Habana, trabajó como redactora y editora de varios medios de prensa y revistas. En 2008 fue galardonada con el Premio Nicolás Guillén por su libro Ante la pérdida del Safari a la jungla. Tras años olvidada por el oficialismo, el premio le supuso un reconocimiento largamente esperado por muchos.

14ymedio presenta una selección del poemario editado por Betania, cuya edición digital es gratuita

XVIII

Irrumpo entre los moradores de la casa
y va cogiendo su lugar
el cuadro mustio de forma importante.
El polvo acuchilla todo
y pienso en la soledad de la fama.
Un ser adoctrinado
habla de tedio
por tantas consignas repetidas
y yo me escurro hasta el patio vecino
viendo las grandes hojas del árbol
junto al musguillo de la acera
pero impenenitente cruzo la calle urbana
con mi jabita de nylon
hasta la bodega
donde compro una caja de cigarros.
al volver me tropiezo con la muchedumbre
donde soy el esquife hundido
en mi propio pensamiento.
Me detengo en el parque
donde veo que el banco es inseguro
recordando el pasado
y un filtrillo de luz me corroe
el mismísimo corazón.
Quisiera estar menos desnuda
Bajo las nubes altas e inalcanzables.

IV

Gira el silencio
y gira también el vientre prometido
la consecuencia de que todo duela.
A veces en una caverna
hay una luz que difumina al hombre
y lo deja hipnotizado en su soledad.

V

En la circunstancia
una especie de adormecimiento
en la que se alivian las tensiones.
Patio de casa
donde llovía a cántaros
sobre el rostro del huésped
no hay noche plena
cuando la media luna
soporta los bordes del insomnio.
En la desnudez de la infancia
tropieza tantos años pernoctando
en el vuelo de los columpios
que a veces una mano
es frágil andamio para sostenerme.
Todo parece una ilusión de magos
pero la realidad es otra:
allí en los parques
alguien llora de miedo.

X

Si a las tribunas sube la palabra
yo siento la oquedad
y el gran escándalo de mi silencio
como torpe manera de aquel ciego
tratando de mirar el bosque irrefrenable.
No hay forma de erradicar la pobreza del mundo
y un pleamar de hueso solo
recupera su cuerpo
su desdicha.
El avariento carcome su molienda.

XIII

A veces lo abrillantado
es una fórmula engañosa
y en el espíritu vibra
una especie de oquedad sin límite
que trasciende nuestros ojos
hasta la tristeza.
el ritornello de la noche
impone una sequoia pálida:
en el furgón se hacina la pobreza
huyen las ratas hacia las aguas turbias
donde no cae llovizna transparente.

XX

A Lichy Diego
Ya no esplende el gallo
sino que la rémora de la muerte
lanza sondas sobre los que se fugan a otra vida.
La especie vuelve a repetirse
y no se detiene el nacimiento
Pero el gallo ya no esplende.

Bethoven

Pero Bethoven está armonizando
y el cielo detenido
como si el mundo de las mareas
sufriera un cuerpo desnudo.
Extraña sabiduría
que perpetúa lo estelar.
Se pueden inducir minas secretas
y en el entorno lo implosivo
lame
como el cervatillo
la hoja.
Yo no soy otra cosa que la nada
y en el borde del acantilado
los pértigos se subvierten.
Allí una mínima siembra
me acoge en lontananza.
La armonía me eleva
por los cuatro costados
y cuando miro
el goteo de la sangre de la flor
palpo la vida
como lo posible
y río desbocado hacia la noche.

No hay descanso en el hondón americano

Cuidadosamente juega la esperma
de la vela con el fuego que yace.
Las seguras puertas detienen el
emboque de la vida. Precipitados todos
a las contingencias del minutero,
se detienen las nubes, más el silencio
no gobiernan el descanso en el
Hondón americano. Los
supraestelares globos finalizan
un viaje imposible. La gente
ya no aplaude sino descascarándose
como cigarras muertas, todo lo retrotraen
a Lovecraft y su pez mutante.
Los trenes son los del invento genético
en los que la velocidad no llevan
vellocinos de oro sino cajas cerradas
para la experimentación.
El mundo sigue acanalándose:
retorciendo el Big Ben a una hora
inventada.

El malecón

¡Oh la pupila insomne
y el párpado cerrado
ya dormiré mañana
con el párpado abierto!
Rubén Martínez Villena

En la fachada
el estiércol del hueso rueda sobre la acera
como montoncito final de la calle.
Flamea el carnaval de Portocarrero
mientras que no hay manera
de recordar un ápice de sus ojos
o de su pintura del carnaval.
Extraña conciliación del tiempo
para dejarme exhausta
en las nuevas fiestas de hoy día.
¿Será que se repite la consecuencia múltiple
de los ciclos?
En este 8 de agosto de 2013
creo que va a consumirse mi vida
por las farolas rotas
el jardín agotado
y el gato a solas.
Recibiré el lema de la vieja palabra
con bordes de mataduras y agonías
donde silenciosamente desapareceré.

Apenas jugar

No me gustan los títulos colgados, las cenefas. Imparte el mar su porción de sequedad de los tributos de los barcos hundidos y los hombres presienten que el destino es solo la confusión. No hay peor ciego que el jerarca infinito. Por las calles de Santa Amalia los cuerpos se mezclan en laronda de la oscuridad. Hay quien solo bebe agua de las cataratas del Victoria y luego su mirada de Leopardo inhibe el crecimiento del espacio. Apurar a los astros es condenara cien años de prisión a un hombre. La libertad se mide por el tiempo en que nacemos continuamente. Si existieranlos frijoles mágicos podría embellecerse el mundo. Quiero apaciguar la sangre que me nutre y granear de soles mis silencios. Estoy fatídica y entra el jaque a la muerte.

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