Para los agentes Fernandos

El doctor Carlos Leonardo Vázquez, el agente 'Fernando'. (Captura)
El doctor Carlos Leonardo Vázquez, el agente 'Fernando'. (Captura)

Cuando era niño quería ser médico. Quería salvar vidas. Quería ayudar a mucha gente en Cuba. Y quería que no fuera verdad lo que mis padres me decían: "Los médicos son esclavos en Cuba".

Con el tiempo me di cuenta que siendo un librepensador era prácticamente imposible ejercer tan noble profesión en la tierra que apresó Fidel Castro. Sabemos cómo los comunistas impiden a muchos estudiar esta carrera por manifestar opiniones contrarias al proceso impuesto en Cuba. Y pa' que no me cogieran de susto me hice biólogo, mi gran amor innato.

Hoy siento una mezcla de respeto y gratitud inmensas por las personas que se dedican a la medicina, una admiración que no puedo comparar casi con nada. Saber que su labor es salvar vidas los convierte, para mí, en héroes de la humanidad.

Hace un tiempo leí un artículo maravilloso en BBC News sobre un médico del Scripps Mercy Hospital de San Diego, Estados Unidos. Como sus pacientes en la sala de urgencias no le veían el rostro con el equipo de protección personal, y para reconfortarlos, el terapista respiratorio Robertino Rodríguez decidió colocar sobre el equipo una foto suya esbozando una sonrisa.

Me avergüenzo cuando veo a mis compatriotas escenificando papeles tan miserables, pues la labor de agente de la Seguridad del Estado es una auténtica encomienda para convertir seres humanos en monstruos que no conocen de amor

La iniciativa de Rodríguez fue imitada por cientos de médicos y enfermeros, que incluso hasta se colocaron fotos de dibujos animados para animar a los niños internados contagiados con el virus de Wuhan.

Así son los médicos que quiero para Cuba.

Hoy 2 de noviembre de 2021 miro en Facebook el video del doctor-agente, o agente-doctor, Carlos Leonardo Vázquez González, el agente Fernando.

Durante ese incómodo material que solo refleja lo bajo que se puede caer, experimenté un conjunto de sensaciones, una mezcla de pena, frustración, miedo y deseos de seguir haciendo bien para Cuba.

Pena, porque el doctor Carlos Leonardo es cubano. Me avergüenzo cuando veo a mis compatriotas escenificando papeles tan miserables, pues la labor de agente de la Seguridad del Estado es una auténtica encomienda para convertir seres humanos en monstruos que no conocen de amor.

Frustración, porque conozco a otros médicos en Cuba con alto porcentaje de probabilidades de ser agentes de la Policía política, ejerciendo cómodamente su trabajo, y en cambio sé de tantos médicos expulsados por no querer servir al aparato represivo.

Vencemos al odio con el amor, y siempre les recordamos a todos esos agentes Fernandos que aún hay espacio para ellos en el bien

Miedo, porque cuando vi la aguja al final del material, la famosa aguja con la que inoculan el VIH, la famosa aguja con la que arruinan vidas, pensé en Ariel Ruiz Urquiola; pensé en su hermana Omara, a la que casi matan con un tratamiento adverso; pensé en Oswaldo Payá y en esos médicos que escribieron la causa de muerte que la Seguridad del Estado les ordenó escribir.

Pensé en mis amigos disidentes y activistas cubanos que son tratados por esos médicos-agentes, esos que el juramento no es hipocrático, sino fidelista. Mis amigos corren peligro en Cuba. Oro por ellos siempre.

Pero también me acompañó la idea de seguir poniendo mis fuerzas y mejores pensamientos en mi amada patria, que viene sufriendo desde hace varias décadas el peso de una ideología para nada cubana. Para mi Cuba, todo lo bueno del mundo.

El agente Fernando ha tirado por la borda más de 25 preciosos años de su vida. El agente Fernando está dispuesto a violar cualquier principio ético porque debe todo a la Seguridad del Estado. El agente Fernando no pasa de ser un talento servil, un esclavo del comunismo; lamentablemente, una mala persona.

Para él también pedimos todo lo bueno del mundo. Vencemos al odio con el amor, y siempre les recordamos a todos esos agentes Fernandos que aún hay espacio para ellos en el lado del bien.

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