El 'apartheid' de Abel Prieto

Abel Prieto retorna al cargo de ministro de Cultura. (EFE)
La autora reprocha a Abel Prieto su artículo del pasado 18 de julio en 'Granma'. (EFE)

Estimado señor Prieto, si la intención de su artículo publicado el 18 de julio de 2019 en el periódico Granma era una recomendación para que el público escuchase al señor Fernando Ortiz y se nutriese de su obra -como bien deja plasmado en su última frase, aunque utilizando otras palabras-, soy de la opinión que no tenía la necesidad de insultar a una figura de la intelectualidad cubana, fuese esta de su agrado o no y de atacar a todos los cubanos en general dividiéndonos en tipos o sectas, según su propia definición de "cubanidad externa" y de "cubanía".

Nos advierte usted de que existen "rumberos y divertidos, que dominan un picante repertorio de cubanismos, disfrutan el ron, el dominó, un buen tabaco, el café fuerte, ríen con los chistes de Pepito, lloran con un bolero y llevan siempre al cuello una medalla de la Caridad del Cobre. Son practicantes activos de la cubanidad externa; pero están esencialmente ajenos a la cubanía". Y además de esto, los llama previamente "anexionistas".

Nos muestra de esa manera en su artículo una descripción detallada de ciudadanos de nuestra patria que, al parecer, para usted no representan lo que tienen que representar habiendo nacido en Cuba

Nos muestra de esa manera en su artículo una descripción detallada de ciudadanos de nuestra patria que, al parecer, para usted no representan lo que tienen que representar habiendo nacido en Cuba. Aun si, advierte, y según mi interpretación de la cita anterior extraída de su texto, realizan actividades humanas iguales o parecidas al resto de los que sí ejercen la "cubanía".

Es tenebroso pensar que los fascistas descalificaban en el siglo XX de la misma forma a los judíos, proclamando pública y macabramente que aun si los judíos eran seres humanos, no eran "iguales" a ellos.

Para esconder un poco más sus irrespetuosos calificativos, no se atreve a llamarlos malnacidos, ni anticubanos, sino que los descalifica con improperios un poco más elaborados pero igualmente escandalosos, concluyendo, con otras palabras, que hay personas que ejercen la "cubanidad externa" y no la "cubanía".

No por puro gusto se escuda usted, pícara y voluntariamente, detrás de los pensamientos de otros intelectuales que menciona en el texto, como Elías Entralgo o el propio Ortiz, además de utilizar copiosas injurias contra el señor Cabrera Infante para justificar el lanzamiento sin escrúpulos de sus propias y abominables conclusiones, citadas más arriba.

Me pregunto por qué será que se atreve usted en su artículo a denigrarnos de tal manera, a todos los cubanos, por pensar unos diferente de los otros. Sospecho que seguramente en el contexto internacional actual no se atrevería usted a lanzar un comunicado público contra los boricuas, afirmando que algunos lo son y otros no, a menos que sufriese usted algún problema neurológico severo.

Basta con ver el resultado de algunas frases irrespetuosas que no tuvieron buena acogida por la ciudadanía puertorriqueña, que, a diferencia de su atrevida y desmesurada carta pública, estaban contenidas en mensajes privados de su mandatario y que provocaron una protesta masiva que terminó con su rápida demisión.

Sospecho, además, que su atrevimiento viene de su gran sentimiento de impunidad derivado de su cargo y a su posición o estatus actual

Sospecho, además, que su atrevimiento viene de su gran sentimiento de impunidad derivado de su cargo y a su posición o estatus actual, y que, por razones evidentes, este sentimiento se encuentra estrechamente ligado a la cobardía de los actuales gobernantes cubanos de reprimir a palos cualquier protesta pacífica de ciudadanos contra cualquiera de sus intocables fieles al partido, que, siguiendo las pautas del artículo 4, cuarto párrafo, de la nueva constitución, empuja y alienta a combatir por todos los medios a cualquier cubano contra cualquier otro que se oponga al orden dictado por el Partido Comunista aunque dicha oposición sea pacífica, portando un discreto cartel en la acera, o escribiendo un artículo de prensa.

Señor Prieto, como dicen los que bien saben de las injusticias de esta vida, el carcelero es valiente en el mundo de los presos.

Espero que su artículo le sea de mucho mejor provecho a usted que al resto, y que, al releerlo, no le produzca nunca el mal gusto que nos produce y que nos producirá a todos los que tendremos la miserable mala suerte de encontrarnos con dicha página vergonzosa y de leer sus públicos pensamientos segregacionistas en el futuro.

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