¿Qué quieren realmente los cubanos?

 A las puertas de 2018 se vaticina por primera vez en seis décadas un castrismo sin ningún Castro. (EFE/Archivo)
A las puertas de 2018 se vaticina por primera vez en seis décadas un castrismo sin ningún Castro. (EFE/Archivo)

La República de Cuba se enfrenta a muchos cambios naturales que transforman la fisonomía del régimen. La muerte del líder carismático muestra la doctrina sin rostro soportada por familiares y testaferros pero desprovista del otrora Comandante en Jefe Fidel Castro. A las puertas de 2018 se vaticina por primera vez en seis décadas un castrismo sin ningún Castro. El actual presidente iniciará un proceso de transición interna para dejar al frente de la Presidencia a algún allegado, mientras observa atento desde su magno puesto de Secretario del Partido Comunista de Cuba. Algunos apuntan las posibles disputas internas por el poder entre partidarios del actual vicepresidente Díaz-Canel y el Canciller Rodríguez Parrilla sumado al recelo de unas Fuerzas Armadas que verán a civiles entrar en puestos reservados tradicionalmente a líderes militares.

En el campo opositor retornan viejas estrategias y se consolidan nuevos proyectos. Rosa María Payá enarbola la lucha de su padre y fortalece su postura alrededor de la convocatoria de un plebiscito para consultar al pueblo que desea para su futuro. Eliécer Ávila encabeza la iniciativa de la oposición desde las estructuras del régimen y se presenta a las elecciones del Poder Popular. Ambos sondean los deseos de cambio del pueblo cubano. Ante el escenario nacional se impone la pregunta sin ataduras ideológicas, la pregunta pragmática: ¿Qué quieren realmente los cubanos?

Sin datos a la mano que nos permitan dar una respuesta acertada podemos vislumbrar varias posibilidades. Entre las prioridades de cambio se encuentran los que piden elecciones libres, un retorno a la democracia, respeto a los derechos humanos y libertad de expresión; y los que reclaman cambios sustanciales en el sistema económico, garantías al sector privado, marco legal seguro a la inversión, espacios a la exportación y libre mercado. Naturalmente están quienes plantean ambas reformas al mismo nivel. Lo que queda claro es que hasta ahora tantos cambios económicos como políticos a la altura de las demandas no se lograrán con el régimen actual.

No nos debe asustar el hecho de encontrar al final del camino que el pueblo de Cuba prefiera mantener el régimen actual si este accede a reformas económicas

Pero el cubano de a pie, dentro y fuera de Cuba, ¿qué tienen en sus mentes? Tanto en Cuba como en el sur de Florida los cubanos son entes apáticos, espectadores sin criterio claro que ni siquiera se preocupan por el cambio. Dentro de la Isla las mayorías prefieren la emigración o la lucha como camino al cambio económico personal. En Florida, casi provincia rebelde de Cuba, existen grupitos opositores, grupitos de defensores y miles de indolentes, un fenómeno raro que no pretendo explicar.

Cabe preguntarse si desde la oposición se está enfocando bien la cuestión cubana. ¿Qué debemos priorizar en el discurso? ¿El mensaje radical antisistema y la denuncia frontal contra las violaciones flagrantes de los derechos humanos, o debemos concentrarnos en lo que quieren las masas? Un carro, una casa y una buena mujer se imponen por encima del legítimo reclamo de libertades civiles. ¿Deberíamos hablar más de la prosperidad económica que de la democracia? El pueblo cubano entiende mucho más de temas prácticos (casa propia, salarios dignos, acceso a bienes materiales, autos a precios justos) que de temas excelsos y elevados como los derechos humanos. Llevar el discurso simple y directo a las masas es uno de los 11 principios de la propaganda. ¿Acaso la oposición está teniendo en cuenta el cumplimiento de tales principios?

La realidad actual, más allá de la especulación, es que no sabemos estadísticamente qué quiere el pueblo cubano en las dos orillas. Por mínimo pragmatismo u oportunismo deberíamos hacer un esfuerzo por definir el enigma y sobre el diagnóstico reencauzar los métodos. No nos debe asustar el hecho de encontrar al final del camino que el pueblo de Cuba prefiera mantener el régimen actual si este accede a reformas económicas. A fin de cuentas, el 70% de los cubanos solo conocen la gestión de los Castro. ¿Qué proponemos de manera tangible los opositores que nos hace una mejor opción que el régimen? Lamentablemente, a esta altura del campeonato, hay más preguntas que respuestas.

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