La élite teme una explosión social

El Maleconazo. (Karel Poort)
Ya pasó en el 94, con el llamado 'Maleconazo', y hoy puede suceder en todo el país, desde el Cabo de San Antonio hasta la Punta de Maisí. (Karel Poort)

Es casi increíble que el pueblo de Cuba pueda sobrevivir en estos días de empeoramiento del panorama económico, político y social, sumado a la pandemia de covid-19 que está azotando el mundo.

Dentro de toda esta tormenta y penurias, vemos cómo la dictadura recrudece el principal mecanismo de control que ha utilizado y utiliza muy eficientemente, que es el control sobre lo más importante para la sobrevivencia: la comida. El pueblo se ha acostumbrado a los apagones y a la escasez de agua, y ahora tratan de sacarle los pocos centavitos que las familias envían a sus parientes en la Isla vendiendoles los productos necesarios para subsistir en una moneda extranjera inaccesible a la población.

El nivel de desesperación de la élite es claramente visible. La pandemia los ha cogido por sorpresa y, aunque le ha permitido forzar al pueblo a estar encerrado en sus casas y mantiene así un mejor control de la población, les ha supuesto una gran pérdida económica, al tener que cerrar sus puertas a su mayor y único ingreso de capital fuerte y súper bajo costo como lo ha sido el turismo internacional. Cuba no posee ningún otro renglón económico que pueda mantener no solo los niveles básicos de subsistencia de la población, sino también el pago de sus astronómicas deudas.

Las reservas de productos alimentarios de la más baja calidad que pueden proveer o comprar en el mercado internacional cada día se reduce más y el nivel de la hambruna y el descontento entre la población es mucho más elevado y cercano a una explosión. Esto es algo que ellos saben y los tiene aterrorizados, pues les sería muy difícil de controlar. Ya pasó en el 94, con el llamado Maleconazo, y hoy puede suceder en todo el país, desde el Cabo de San Antonio hasta la Punta de Maisí.

Hoy, los cubanos cuentan con algo que no existía 10 o 15 años atrás y es que todos, especialmente los jóvenes, poseen un teléfono celular con cámaras de fotografía y video. Hoy la comunicación dentro de la Isla es mucho más fácil y rápida, así como la comunicación con el extranjero y, aunque la dictadura intenta controlarlo, siempre hay vías que permitirán saber si hay una explosión de gente saliendo a las calles de La Habana. Y si al mismo tiempo esto pasa en Santa Clara, Camagüey y Santiago de Cuba y comienza un alzamiento general en toda la Isla en el mismo día, sería imposible mantener el orden en toda la Isla. Además, es hora de recordar a todos los miembros del Ejército y de la Policía que ellos también son cubanos y que sus familias, hijos, madres, primos y demás están viviendo la misma situación de hambruna y desesperación que el resto de la población.

Creo que los supuestos grandes líderes de la dictadura están preparados para estos acontecimientos, pues no tengo dudas de que los descendientes de la familia Castro, que son unos cuantos, así como los actuales dirigentes de alto nivel y algunas pirañas de sus círculos de criminales tienen cuentas bancarias por todo el mundo, especialmente en paraísos fiscales donde esconder y lavar toneladas de dinero. Tienen, sin duda, muy bien planificadas varias rutas de escape de Cuba en caso de que se vean en peligro.

Hoy, el mayor problema que veo en Cuba es la división entre todos los grupos de la oposición, que no saben cómo ponerse de acuerdo. Aunque todos quieren y luchan por lo mismo, la libertad y la democracia de Cuba, no veo una figura nacional que pueda unir y liderarlos.

Esta división es usada por la dictadura para atacar individualmente a estos pequeños grupos y crear más divisiones y menos confianza en sus acciones. Recuerden que en la unión está la fuerza, que mientras más hilos se unan más fuerte es la soga y más difícil le es a la dictadura mantener el control y el poder sobre el pueblo.

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