Dilemas del futuro

Segunda jornada del itinerario de pensamiento Abriendo Espacios. (14ymedio)
Segunda jornada del itinerario de pensamiento Abriendo Espacios. (14ymedio)
Reinaldo Escobar

13 de octubre 2015 - 17:10

La Habana/Unos 40 cubanos se reunieron el pasado fin de semana en Miami para hablar del país del futuro.La economía, el trabajo, la propiedad y la seguridad social fueron los temas de la agenda en esta edición de un "itinerario de pensamiento" que surgió bajo la iniciativa del proyecto Convivencia en Pinar del Río y que encontró otro espacio de confluencia, esta vez con la participación de cubanos de la diáspora en Florida.

Pero más allá de los datos de una nota informativa, vale la pena detenerse, o mejor peregrinar, sumergirse, en los pozos de pensamiento desde donde fueron abordados los más complejos problemas de la realidad nacional. Allí convergieron dos corrientes, una de raíz liberal, esgrimiendo, casi que enarbolando, las razones del mercado y la libertad, y otra más preocupada por el aspecto social, poniendo por delante la protección a los desfavorecidos. He dicho que convergieron, no que pugnaron, porque muy por encima de la pasión política o la tendencia filosófica, estaba Cuba, como una madre adolorida clamando el auxilio de sus hijos.

Y aunque emoción y razón no suelen mezclarse en los entornos académicos, allí todos razonaron, todos se emocionaron. Unos pensando en la Cuba que perdieron, otros en la que nunca lograron alcanzar. De la nostalgia y la frustración salieron los mejores hilos de esta trama.

¿Qué país podemos construir? Esa es una pregunta que solo se puede responder de forma cabal cuando termine –de uno u otro modo– el espejismo en que vivimos. Pero el ejercicio profético resulta imprescindible si no se quiere llegar "al día después" con la alforja vacía de proyectos.

¿Qué país podemos construir? Esa es una pregunta que solo se puede responder de forma cabal cuando termine –de uno u otro modo– el espejismo en que vivimos

En más de una ocasión, mientras se discutía un asunto puntual, como el álgido problema de las propiedades confiscadas o la presumible arrolladora entrada de empresas extranjeras, o la necesidad de estimular la natalidad, ambas tendencias promovían sus diferentes puntos de vista. Donde unos advertían que la nación no puede quedar hipotecada para satisfacer demandas de indemnización, otros priorizaban el irrestricto respeto a la propiedad bajo las normas de un Estado de derecho. Donde algunos proponían medidas proteccionistas para evitar que se asfixie la iniciativa de los pequeños emprendedores nacionales, otros exponían que la solución es estimular a los emprendedores y no regular la competencia. Allí donde unos reclamaban ofrecer subvenciones a las mujeres que tuvieran más hijos, otros aspiraban a una prosperidad que favorezca la multiplicación de la familia.

Tanto unas como otras propuestas fueron debidamente anotadas y hasta matizadas, evitando la rivalidad, pero sin buscar ni siquiera un consenso, porque en este itinerario de pensamiento lo que se propuso fue un inventario de propuestas, sin pretensiones de complacer a un eventual electorado, sin partidismos ni populismos.

Quedan muchos temas pendientes, la educación, la salud, los asuntos jurídicos, la cultura, la ciencia y la tecnología, entre otros. Si el espíritu de los encuentros precedentes se mantiene, tanto en la Isla como fuera de ella, en esa nación transfronteriza donde los cubanos viven y sueñan se habrá dado un paso de enorme importancia. Se habrán compilado el pensamiento, las soluciones, los asideros de las discusiones del futuro. Los dilemas que no tenemos hoy, pero que inevitablemente tendremos mañana, cuando haya libertad para tener dilemas.

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