Cosas de hombres

Yoani Sánchez

18 de junio 2008 - 21:42

En ese Centro Habana de guapos* y reyertas donde nací, aprendí que hay algunos límites que una mujer nunca debe transgredir. Me he pasado la vida infringiendo esas risibles reglas del machismo, pero hoy –y de forma exclusiva- voy a acogerme a una de ellas. Precisamente, a una de las que más me desagrada. Esa que advierte: “una mujer necesita un hombre que la represente y que saque la cara por ella cuando otro la agrede o la calumnia”. Al sentirme atacada por alguien con un poder infinitamente superior al mío, con más del doble de mi edad y además -como dirían mis vecinas de la infancia- por un “macho-varón-masculino”, he decidido que sea mi esposo, el periodista Reinaldo Escobar, quien le responda.

Me refiero a los criterios descalificatorios que Fidel Castro ha expresado sobre mí en el prólogo del libro “Fidel, Bolivia y algo más”. Ni siquiera tan “magna” embestida me hace abandonar la premisa de no entrar en el ciclo de la réplica y la autodefensa. Siento decirle que sigo concentrada en un tema llamado “Cuba”.

Dejémosles a Reinaldo y a Fidel el lance de la pelea. Yo seguiré en mi “mujeril” labor de tejer, a pesar de los chismes del solar, sobre el deshilachado tapiz de nuestra sociedad civil.

¡Los guapos de mi barrio sabrán que “algo” aprendí de ellos!

*No confundir a un guapo cubano con un hombre apuesto o galán. Eso podría costarnos una bofetada y, en el peor de los casos, una puñalada aclaratoria.

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