La prueba discreta de internet en los móviles desató las frustraciones

Un joven conectado a la red wifi en La Habana. (EFE)
Un joven conectado a la red wifi en La Habana. (EFE)

Una joven hablaba por teléfono en una cafetería y en la mesa vecina alguien escuchó la conversación. En pocos minutos todos en el lugar estaban con la mirada pegada a sus celulares para la prueba de acceso a internet desde los móviles que habían oído comentar en aquel diálogo privado. La Empresa de Telecomunicaciones de Cuba no dijo una palabra, pero a las 11 de la mañana del pasado martes miles de clientes en todo el país sabían que era el momento que habían esperado por años.

Ni la página oficial de Etecsa, el monopolio estatal de comunicaciones, ni su servicio de atención al público revelaron que se hacían ensayos para la conexión a la web; solo los sitios de periodismo independientes y las cuentas privadas de las redes sociales destaparon el asunto. Así, con dos décadas de retraso y rodeados por el secretismo institucional, los cubanos se asomaron a la gran telaraña mundial desde sus celulares. La experiencia fue apasionante pero los problemas técnicos generaron más frustración que esperanza.

Una congestión que impedía abrir páginas webs, continuos cuelgues que hacían incluso perder la señal de datos a los teléfonos y no permitían visualizar las imágenes en las aplicaciones con contenido multimedia fueron algunas de las dificultades que más sufrieron los sedientos internautas que esperaban desplegar velas en el mundo virtual y apenas pudieron chapotear en la orilla de la WWW.

Ni la página oficial de Etecsa, el monopolio estatal de comunicaciones, ni su servicio de atención al público revelaron que se hacían ensayos para la conexión a la web

“Llevo 20 minutos y no he podido abrir un solo sitio digital”, se quejaba un muchacho que había sabido de la “prueba piloto” a través de un amigo que trabaja en Etecsa. “Dijeron a los empleados que no contaran nada pero todo el que tiene un socio pasó la voz”, cuenta. Al final del día, logró “entrar en el Messenger de Facebook y escribir un par de mensajes”, además de leer “la mitad de un artículo, porque no se cargó completo”, de un periódico en Florida.

El decepcionado joven tenía solo nueve años cuando en febrero de 2011 el cable submarino Alba-1 unió a Cuba con Venezuela. En aquel momento la mayoría de los usuarios de Etecsa pensaron que internet estaba a la vuelta de la esquina pero los malos manejos y el temor del oficialismo a que los ciudadanos se volcaran activamente en la red de redes retrasó la conectividad.

Tras eso llegó un largo período de ocultamiento y evasivas. Las voces oficiales aseguraban que el Gobierno iba a optar por el “uso social” de las nuevas tecnologías pero mantuvo unas tarifas para la navegación web que no guardan relación alguna con los salarios nacionales. Nacieron también las llamadas zonas wifi, un último intento de retardar la llegada de la web al espacio privado, pero que al menos resolvieron los apetitos de comunicación y los imperativos de contacto que tenían millones de personas.

La política de conectividad se ha centrado en demorar ese momento en que el cliente esté a solas, en la intimidad de su casa o en un recóndito paraje lejos de las áreas de acceso inalámbrico, frente a una pantalla con la que puede interactuar y a través de la que puede publicar o hacerse oír. Pero los argumentos de Etecsa se fueron acabando, el viejo pretexto del embargo estadounidense dejó de convencer a sus clientes y las exigencias de tener internet en los móviles pasó a ser un clamor.

“Nos han pedido que defendamos la Revolución en las redes sociales pero a esta velocidad es muy difícil”

Al final, la torpe empresa estatal -una de las más ineficientes del mundo- ha anunciado que antes de que se acabe el año habilitará el acceso a la web desde los celulares del servicio prepago. Los usuarios postpagos y algunos privilegiados funcionarios o periodistas oficiales ya llevan meses disfrutando de esa posibilidad, pero sus opiniones sobre la calidad de la navegación son muy negativas.

“Es desesperantemente lenta”, cuenta una joven graduada de periodismo que trabaja en un medio local beneficiado con una cuota de móviles conectados a la web. “Nos han pedido que defendamos la Revolución en las redes sociales pero a esta velocidad es muy difícil” , asegura. El uso fundamental que ha hecho de la conexión esta profesional de la información se reduce a “intercambiar mensajes por WhatsApp e intentar dos frustradas videoconferencias en IMO”.

Después de la experiencia de ayer, malograda por la lentitud y por los problemas técnicos, ahora los clientes aguardan por que Etecsa se pronuncie de manera transparente sobre el calendario de implementación del servicio y las tarifas de los paquetes de datos. Quieren  también garantías de funcionamiento ya que “por algo tan malo no voy a pagar como si fuera realmente acceso a internet”, subrayaba una mujer este martes en la oficina de Etecsa.

El monopolio estatal de comunicaciones está en problemas. Tiene millones de clientes cansados de esperar y muchos de ellos se asomaron este 14 de agosto a la red a través de sus móviles. Quieren repetir la experiencia con más eficiencia y con toda libertad.

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Yoani Sánchez

Soy licenciada en Filología, amante de la tecnología, la literatura y el periodismo. Vivo en La Habana y trato cada ... []

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