Cocheros sin control

Un hombre con un caballo. (14ymedio)
Un hombre con un caballo. (14ymedio)

A todo lo largo y ancho de la Isla circulan incontables coches, carricoches, arañas y grandes carromatos, tirados por uno o dos caballos. Algunos de ellos llegan a cargar hasta 15 o 20 personas, en lo que constituye un verdadero abuso contra esos equinos y bajo la impunidad de que no existe una Ley de protección animal en el país.

Para colmo, a los conductores de estos armatostes no se les brinda ni exige ningún conocimiento vial sobre leyes del tránsito. Los cocheros no pasan prueba alguna para conducir sus vehículos tirados por caballos y transportan pasajeros por cualquier calle, avenida o carretera del país, muchas veces sin la pericia y conocimiento para hacerlo sin peligro para la vida de los clientes.

Después de décadas de descontrol, se ha anunciado que a partir de este mes se exigirá una matrícula a coches y volantas, con el objetivo de inspeccionar, identificar y registrar todos los vehículos de tracción animal. La tardía medida incluye la obligación de portar una acreditación de mayoría de edad para el conductor, el uso de ruedas de goma o revestidas de ese material y el empleo de anteojeras para el caballo y de un aditamento para recoger sus excretas.

La medida no incluye obligaciones para proteger a los animales

La medida llega, además, en un momento en que la peligrosa circulación de estos transportes ha provocado lamentables sucesos, como el ocurrido en la carretera a Las Tunas el 23 de diciembre del pasado año, en el que fallecieron cinco personas por la colisión de un camión, un auto y un vehículo cuyo cochero iba completamente ebrio.

Según la nueva legislación, estos medios de transporte también deben contar con mecanismo de frenado, la posibilidad de inmovilizar totalmente el vehículo y un sistema de luces. Sin embargo, en tan detallada lista de exigencias no se dice ni una palabra sobre el compromiso de proteger a los animales y no sobrecargarlos o golpearlos. Se le deja así las manos libres a los maltratadores para continuar con el abuso.

Las calles y caminos cubanos seguirán siendo el escenario de la irresponsabilidad y el desprecio a la vida de los caballos, algunos de los cuales son golpeados hasta la muerte por sus dueños. Cuando esto ocurre, venden su carne a precios exorbitantes en el mercado ilegal y, si acaso, pagan una insignificante multa por la desaparición del equino. Todo sin que autoridad alguna se preocupe, ni siquiera la Policía Nacional de Tránsito.

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