“Esta es la 38 vez que he estado en Cuba, pero también puede ser la última”

Turismo

Un especial de seis reportajes en un medio canadiense refleja el desencanto de los turistas de ese país con la Isla

La caída del turismo ha dejado hoteles medio vacíos y calles desiertas
La piscina de este gran hotel de cinco estrellas está vacía, a excepción del barman, que está sin hacer nada. / EFE
14ymedio

19 de enero 2026 - 09:53

Madrid/El mensaje con el que el Ministerio del Turismo cubano intentó tranquilizar a los canadienses el pasado viernes no ha podido frenar un especial de uno de los principales medios de Québec titulado Cuba en peligro. Se trata de una serie de seis breves reportajes realizados sobre el terreno por la periodista Nora T. Lamontaigne para relatar un fin de semana en la Isla. 

La reportera viaja con la idea clara: el 42% de los turistas que recibe Cuba son quebequenses, por tanto, sus conciudadanos adoran el país. Sin embargo, pronto empieza a comprobar que el futuro pinta mal. El hotel Paradiso, en Varadero –elegido por muchos canadienses– es donde va a pasar dos días en régimen de todo incluido. Allí hay unas 300 de las 794 habitaciones ocupadas, según le cuenta la recepcionista, que admite que la semana anterior fue aún peor. 

La piscina de este gran hotel de cinco estrellas está vacía, a excepción del barman, que está sin hacer nada. “Hay que admitir que hay un ambiente extraño en este hotel medio vacío. El entretenimiento nocturno se cancela y los restaurantes a la carta cierran algunos días de la semana”, afirma. Las tumbonas de la playa son gratis y apenas hay esperas en la cocina del restaurante. 

La periodista, que afirma que ha visto a algunos mosquitos que han sobrevivido a los esfuerzos de fumigación que se realizan en todo Varadero, deja frases brutales. “La escasez de alimentos en el hotel es omnipresente, como ha sido durante años en Cuba. En el Paradiso, no busque papas fritas ni carne de res: espere peras enlatadas para el postre.

Aunque, como me han dicho varios turistas, ‘no vamos a Cuba por gastronomía’”.

Peor todavía: la semana anterior a su visita, el agua estuvo cortada dos días. La reportera preguntó preocupada a Miguel, organizador de las excursiones en barco, cómo pensaba que evolucionaría la situación si se concretaba el fin de las entregas de petróleo venezolano. “¿Ha tenido algún problema desde que vino aquí? No, ¿no? Eso es todo”, “Tranquila, aquí no pasará nada”, añadió la recepcionista, observada a poca distancia por su jefa. La periodista admite que, pase lo que pase, los hoteles serán los últimos perjudicados, al contrario que para la población en general. 

Un camarero le dice, subrayando con un gesto las comillas: “Sí, sí, ‘tenemos electricidad’”, pero en privado le reconoce que solo la tuvo tres horas el día anterior. 

“Nunca he visto a Varadero tan vacío”, le dice Claudia Reyes, una agente de viajes cubana que vive en Toronto, y a la que conoce en un ómnibus turístico. Los canadienses siguen, señala, apostando por el país por el sol, la playa y los precios tan económicos, a pesar de todo. Otra turista le cuenta que es su séptima vez en la Isla. “La playa sigue siendo hermosa y los cubanos siguen siendo tan acogedores”, dice. 

A pesar de que muchos llegan con temor por la presencia de los mosquitos que pueden contagiarles alguna enfermedad peligrosa, el humor reina entre los turistas canadienses. "¡Bueno, un cazamoscas!", afirma una, despreocupada. Uno de sus amigos cree haber visto aviones fumigando y se siente seguro, pero otros dos que iban a viajar con ellos, cambiaron de idea en el último momento y optaron por un crucero. 

En una rueda de prensa en Montreal, Lessner Gómez Molina, director de la Oficina de Turismo de Cuba, aseguró que el país es seguro para los turistas. “Cuba está operando con normalidad. Todo sigue igual”, dijo el funcionario, que afirmó que gracias al petróleo que llega de otros países, entre ellos México, servirá para cubrir el verano. Ese fue el mensaje que divulgó el Ministerio pocos días después en Facebook, donde agradecía también el apoyo de los canadienses al sector en Cuba.

Nora T. Lamontaigne también pasó por el Iberostar Selection La Habana, más conocido como Torre K en Cuba, donde vio a “más empleados que visitantes en el vestíbulo y el bar panorámico”, la misma impresión que 14ymedio cuando lo visitó poco después de su inauguración

La periodista ha completado el especial con varios textos que ilustran la vida diaria de los cubanos. Uno de ellos –titulado Cóctel y caza de moscas– está dedicado a las arbovirosis que han sacudido en los últimos meses de 2025 especialmente a la Isla y cuyas secuelas aún forman parte de la vida de muchos ciudadanos que enfermaron con alguno de los virus. Habla para ello con Nara Miranda Lorigados, que junto a sus dos hijos adolescentes pasó semanas enredada entre dengue, hepatitis, chikungunya y otros virus no identificados.  

“Lo único que podías hacer era beber mucha agua con la esperanza de que la fiebre se calmara”, dice. “Pensé que la gente estaba exagerando cuando describía sus síntomas, pero abrí los ojos una mañana y descubrí que no podía moverme”, recuerda la artista, que además está en proceso de curación de un cáncer. Todavía hoy, señala, siente dolores en los tobillos, algo que no la exime de tener que luchar cada día con los cortes de luz y agua. “En la mañana de nuestra entrevista, la electricidad se cortó a las 10 a.m. Ya no es una sorpresa, solo causa irritación”, admite la reportera.

En su casa, donde se cocina y cena con una linterna, hay un sinfín de bidones y botellas de agua debajo de las camas y el fregadero, para que no falte en caso de necesidad. “Durante una crisis, si ahorras agua, puedes durar tres días. Realmente vivimos en la incertidumbre. Nunca se sabe cuándo se cortará el agua o la electricidad”, le cuenta Nara Miranda.

Sobre este asunto habla también en un texto más, para el que entrevista a otra habanera, Maday García, que tuvo que invertir 100.000 pesos en un tanque para almacenar agua. Según la reportera, el suministro de agua no había entrado en su casa durante las dos semanas anteriores a conocerla y temía por sus reservas, cada vez menores. “Ya he tenido una crisis nerviosa debido a los cortes de agua. Sin agua, es imposible vivir”, afirmó.

También conversó con un taxista que lamentaba la falta de combustible – “¡Sin gasolina, no puedo hacer nada más que parquear!”, le dijo– y con un médico que le habló de la reutilización forzosa de agujas o la escasez de bisturís y termómetros. Además, constata cómo “las bolsas de basura se acumulan en las calles de La Habana, especialmente porque los recolectores de basura no tienen suficiente gasolina para pasar regularmente”. 

La periodista también dedica un breve reportaje a hablar de la decadencia de Coppelia y sus productos, cada vez más caros para un peor sabor. Pero también ha elaborado una nota positiva para hablar de Cirabana, un circo social que da clases a distancia a niños cubanos gracias -en parte– a la tecnología que ofrece un quebequés. 

“Nuestro objetivo es que los niños se olviden por un momento de todos los problemas en su familia y en su país”, dice Carlos Manuel Capetillo Reinoso, uno de los directores. Aunque las carencias son evidentes en el edificio y los materiales, la periodista constata que el proyecto ha servido para ofrecer a los jóvenes una alternativa distinta al boxeo y la música. 

El bonito proyecto, en todo caso, no motivará demasiado a los canadienses a regresar a la Isla. Este 2025, a falta de conocer los datos de diciembre, llegaron a Cuba 1.629.787 visitantes internacionales, un 19% menos que en el mismo período de 2024. El plan tenía previstos 2,6 millones de visitantes, pero el ministro de Economía, Joaquín Alonso, dijo ante el Parlamento que el año cerraría con alrededor de 1,9 millones, el 73% de la meta. 

Los canadienses representaron el grupo mayoritario, con el triple de viajeros que el siguiente –cubanos en el exterior–, pero apenas llegaron a 664.621 hasta noviembre, frente a los 780.111 del mismo mes de 2024, un 85%. A estas cifras pone voz Joanne Caron, pasajera del vuelo de Air Transat junto a la periodista canadiense. “Esta es la 38ª vez que he estado en Cuba, pero también puede ser la última”.

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