Sale de la cárcel la espía Ana Belén Montes, contratada por EE UU pese a sus vínculos con la Cuba castrista

"El Gobierno de EE UU está infiltrado por espías cubanos", dice a '14ymedio' el agente del FBI que la investigó

A veinte años de aquel arresto, es imposible saber qué piensa hoy Ana Belén Montes, si ha cambiado su perspectiva sobre Cuba o si estaría dispuesta a reanudar a toda costa su apoyo al régimen. (Collage)
A veinte años de aquel arresto, es imposible saber qué piensa hoy Ana Belén Montes, si ha cambiado su perspectiva sobre Cuba o si estaría dispuesta a reanudar a toda costa su apoyo al régimen. (Collage)
14ymedio

07 de enero 2023 - 20:20

La Habana/Peter Lapp, el agente del FBI que arrestó a Ana Belén Montes, la espía estadounidense al servicio de Cuba, la vio por última vez en 2004. Cuando le colocó las esposas, ella tenía 44 años y él 31. Han pasado veinte años y ella recobrará su libertad este domingo, pero Lapp no olvida el rostro inexpresivo de Montes, su silencio cuando la trasladaron a prisión e incluso la ropa que traía puesta aquel 21 de septiembre de 2001, unos días después del ataque terrorista a las Torres Gemelas.

"Fue el momento más importante de mi carrera", recuerda Lapp, que había pasado diez meses investigando a Montes. La mujer llevaba 17 años preparándose para aquel momento, ensayando su reacción. "No le pudimos sacar ninguna declaración que la incriminara durante el arresto".

Cuando Montes fue detenida, Lapp acababa de estrenarse como padre y –al igual que el resto de los estadounidenses– aún estaba conmocionado por los atentados del 11 de septiembre en Nueva York. La guerra de EE UU contra Afganistán estaba a punto de estallar y los espías cubanos trabajaron más duro que nunca para entregarle a Fidel Castro los planes militares de la Casa Blanca en Medio Oriente.

Montes, que se desempeñaba como analista principal de la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA), casi lo logra.

Lapp no se atreve a imaginar cuántos compañeros suyos hubieran muerto en Afganistán e Irak si no hubieran impedido que el dossier sobre la guerra llegara a La Habana. "Montes creía que, después de atacar Afganistán, íbamos a invadir Cuba", asegura Lapp. "Eso no iba a suceder, pero ella pensaba que sí".

Lapp no se atreve a imaginar cuántos compañeros suyos hubieran muerto en Afganistán e Irak si no hubieran impedido que el dossier sobre la guerra llegara a La Habana

El arresto de Montes fue un duro golpe para Castro, que estimaba mucho a la espía e incluso la había condecorado en secreto. "Castro iba a pasarle esa información a su gente en Afganistán. Con los datos que Ana estuvo a punto de enviarle, se hubiera enterado del nuevo estilo de guerra que estaba a punto de lanzarse. Por suerte, actuamos a tiempo".

"Castro perdió a una de sus mejores agentes y en el momento más crítico", argumenta Lapp. Junto con la compleja situación internacional, Cuba estaba en plena crisis económica, sufriendo aún los efectos del Período Especial y sin el respaldo soviético. Sin embargo, su servicio secreto seguía siendo uno de los más eficientes del mundo.

"No hay que pensar en el número de agentes con los que cuenta Cuba", aclara Lapp, "sino en el tipo de personas que reclutan. Los espías cubanos no son tantos como los que tenía la KGB rusa, son muchos menos que los de la Inteligencia china y no se comparan, claro, con la CIA, pero su calidad sigue siendo significativa".

Expone Lapp que las personas que La Habana busca están bien formadas, como Montes. Trabajan por su afinidad con el régimen, no por dinero –como sí lo hacen, opina el ex agente, los rusos y los alemanes–, nadie compite con Cuba a la hora de buscar simpatizantes. Gente que, según espetó Montes a Lapp durante sus conversaciones, sienten una "empatía visceral" por lo que Cuba representa.

"Es cierto que también 'compran' espías o los chantajean, pero la mayoría de la gente que trabaja para Cuba es, digamos, idealista", dice Lapp. "Los reclutadores cubanos son especialistas en localizar a individuos como Montes, verdaderos creyentes en Castro".

Antes de trabajar en la DIA estadounidense, siendo ya una recluta de la Inteligencia cubana, Montes voló a Madrid y de ahí a Checoslovaquia. "Dijo que se iba de vacaciones", sonríe Lapp. En Praga, su contacto cubano le entregó el pasaporte falso con el que viajó a La Habana a recibir instrucciones.

"Ella se había caracterizado por su postura radical contra EE UU durante la universidad, en particular por nuestra política con El Salvador y Nicaragua", cuenta el ex agente. Cuando fue contratada por la DIA no cuestionaron su ideología. "Tenía todo el derecho del mundo a estar en desacuerdo con el Gobierno. Esa tolerancia forma parte de lo que hace grande a nuestro país".

Que sepa Lapp, Montes solo envió su formulario de solicitud a la DIA. "A ellos les pareció una candidata extraordinaria: era muy inteligente, era mujer, hablaba con fluidez el español y tenía ascendencia hispana. Para su momento, era la agente ideal. Nadie la iba a descartar por su ideología".

Desde el arresto de Montes, los servicios secretos cubanos se han renovado, pero su prioridad sigue siendo Estados Unidos. "No puedo calcular cuántos espías cubanos hay aquí. Pero sé que están activos y con un excelente sistema de comunicación. Nos tienen en la mira".

"La inteligencia cubana tiene el departamento M-1, enteramente dedicado a Estados Unidos", explica el ex agente. "Dentro de él está el M-1-1, enfocado en la Casa Blanca, el Departamento de Estado y el Congreso, sin discriminar entre demócratas y republicanos. Puedo garantizar que el Gobierno de EE UU está infiltrado por espías cubanos, ya sea dentro de la Administración o en contacto con sus miembros".

Cuando se encuentra a uno de ellos, hay posibilidades de desmantelar todo un segmento de la red, como ocurrió en 2001 con Ana Belén Montes

Cuando se encuentra a uno de ellos, hay posibilidades de desmantelar todo un segmento de la red, como ocurrió en 2001 con Ana Belén Montes. "Su arresto fue un gran éxito para nosotros y un fracaso de la Inteligencia cubana", indica Lapp.

Durante la Administración de Obama, se planteó la posibilidad de entregar a Montes a La Habana a cambio de la devolución de Joanne Chesimard, quien asesinó a tiros a un policía en Nueva Jersey, en 1973. Chesimard, que había sido miembro de las Panteras Negras, logró escapar de su prisión y huir a Cuba, donde vive hasta hoy como asilada bajo el nombre de Assata Shakur.

"Sin embargo", recuerda Lapp, "los cubanos no quisieron y tampoco creo que las agencias estadounidenses de inteligencia hubieran apoyado una negociación como esa".

Las cosas han cambiado. Montes es, por ahora, una mujer libre, aunque siga bajo supervisión judicial de EE UU. No tiene pasaporte. Está sujeta a reglas relativamente estrictas. "Pero eso no significa que no pueda conseguir un pasaporte falso y acabar en Cuba. No creo que suceda. Creo que se quedará en EE UU y pasará algún tiempo con su madre, que ha sufrido tremendamente su traición", supone Lapp.

El hermano y la hermana de Montes son, ambos, agentes retirados del FBI. Toda la familia quedó muy impactada. "Por eso sé que no la veremos en Cuba, por lo menos hasta que su madre, que vive en EE UU, muera".

A veinte años de aquel arresto, es imposible saber qué piensa hoy Ana Belén Montes, si ha cambiado su perspectiva sobre Cuba, si estaría dispuesta –muerto Fidel Castro y fuera de la arena política su hermano Raúl– a reanudar a toda costa su apoyo al régimen.

"Cuando nos encontramos en los interrogatorios, ella conocía mejor que nadie, por su trabajo, las violaciones de derechos humanos en la Isla. Su actitud, a pesar de reconocer los fallos del Gobierno cubano, fue afirmar que dependía del pueblo cubano rebelarse y cambiar su régimen. Un criterio que, francamente, es cínico".

"No la he visto desde 2004", rememora el ex agente. "Fui a Texas a verla. No fue una buena experiencia para ninguno de los dos. Traté de ser profesional, pero fue difícil mantener la frialdad con ella. No podía dejar de pensar en lo que hubiera desencadenado en Afganistán. Una mujer así, bien educada, inteligente hubiera salvado muchas vidas. No sé si podría volver a hablarle. No sé, si decido buscarla, si ella me recibirá bien".

Peter Lapp tiene previsto este año publicar su visión sobre el caso de Ana Belén Montes. En su libro –Queen of Cuba– ofrecerá detalles sobre la captura de la espía, la red en la que se movía y el agente cubano que la reclutó. El texto está aún bajo revisión del FBI, por la cantidad de información confidencial con la que Lapp trabajó para narrar su historia.

"Va a ser una vida difícil la que le espera a Montes", asegura Lapp. "Los medios de comunicación la tienen en la mira. No es para menos. Ana es una mujer rara y única, inspirada por Castro, y que saldrá de la cárcel a vivir de nuevo entre nosotros".

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