Cientos de cubanos visitan el buque español 'Elcano' en el puerto de La Habana

En la cubierta del velero se siente una brisa de libertad: "Va pa' Miami"

El buque escuela español 'Juan Sebastián de Elcano', atracado en el puerto de La Habana, este sábado. (14ymedio)
El buque escuela español 'Juan Sebastián de Elcano', atracado en el puerto de La Habana, este sábado. (14ymedio)
Juan Diego Rodríguez

16 de mayo 2022 - 17:27

La Habana/"¿Quién es el último para el barco?", gritaba la mañana de este sábado una joven acompañada de dos niños. En la larga cola algunos llevan sombrillas y otros cruzan la acera para refugiarse del fuerte sol de mayo, mientras esperan poder conocer el buque escuela de la Armada del Reino de España, Juan Sebastián de Elcano, que tocó tierra en la mañana del pasado jueves en el puerto de La Habana.

Subir a un barco no es poca cosa. A pesar de vivir en una Isla, muy pocos cubanos tienen una embarcación y en caso de contar con alguna no pasa de un pequeño bote sin motor o una vieja cámara de camión inflada. La prohibición de utilizar yates o barcos para disfrutar de un paseo por el mar sigue en pie para los nacionales tras décadas impuesta.

Así que la apertura de Elcano a la curiosa mirada de los visitantes fue todo un suceso en una ciudad que una vez tuvo un puerto vibrante donde marineros, comerciantes y bucaneros moldearon la identidad de la Villa de San Cristóbal de La Habana. Desde entonces mucho ha pasado y ahora los barcos son vistos como el camino para escapar del país.

"Tremendas velas, esto sí coge velocidad de aquí hasta Miami", bromeaba un muchacho que logró subir al buque tras más de dos horas en la fila. "Después que marqué podía haberme ido a Coppelia y hacer la cola para tomarme un helado, regresar y todavía no me hubiera tocado el turno", comentaba.

A la embarcación, de cuatro mástiles, subieron primero los empleados de la Aduana para sacarse fotos con los marineros españoles. Risas, selfies y bromas iniciaron la jornada de este sábado en un buque que en las noches era el único punto iluminado en una bahía semioscura y una ciudad también en penumbras.

La policía controló la larga fila desde temprano y tampoco faltaron los vendedores que querían aprovechar la aglomeración para ofrecer rosas, caramelos, galletas dulces y cuanto producto pudieran proponer en medio de una zona en la que, hasta hace un par de años, los clientes más apetecibles eran extranjeros, pero ahora los comerciantes deben conformarse con vender sus baratijas en pesos cubanos.

Tras largas horas de espera, los primeros grupos empezaron a subir al Elcano y así siguió fluyendo un río de gente, poco a poco, hasta la imponente estructura que relucía y en la que ondeaban la bandera española y la cubana. Cuando el sol bajó un poco, ya en la tarde, la mujer con los dos niños que marcó en la cola antes del mediodía logró subir al buque.

"Salimos de Cartagena en España, pasamos por Cabo Verde, fuimos a Puerto Rico y de allí vinimos para acá", explicó a 14ymedio un marinero español. "De aquí vamos para Miami y después nos vamos para Santander, en eso vamos a tardar unos 28 días", apuntó el hombre mientras una risa nerviosa recorría entre los que escuchaban su explicación. "Va pa' Miami, asere, pa' Miami", repetía un joven que fue junto a varios amigos a la visita guiada.

Aunque el barco está en la bahía habanera, sobre su cubierta se sienten ciertas brisas de libertad. "Esto es territorio español, aquí es diferente y se siente", afirma una mujer que ha subido con una bebé en brazos. El marinero describía cómo es trepar a lo más alto del mástil cuando se está en medio del mar. "Te da un respeto que te cagas, mires donde mires solo hay agua", advierte.

La gente, pendiente de sus explicaciones, observaba los cabos, los nudos, acariciaban los bordes de la proa como si estuvieran sobre el lomo de un animal. Los niños hacían preguntas a sus padres. "¿Y han traído toda la comida?", le soltó un adolescente al guía español. "Aquí en La Habana no hacemos carga de alimentos pero en Miami sí que vamos a hacer una carga grande", respondió.

Su aclaración levantó una secuencia de comentarios. "¿Qué van a cargar aquí, si aquí no hay nada", "por suerte, porque esto está en candela", "mejor, mejor se abastecen allá", se escuchó decir a varios del grupo que seguía las explicaciones del marinero. "Tenemos internet por wifi pero no es muy buena", aclaró el hombre. "Ah, están como los cubanos con Etecsa", comentó uno y estallaron las risas.

"En otros barcos de la Armada va mucho mejor porque las antenas están en la parte más alta pero aquí no, hay mucha pérdida de señal con los aparejos y las velas. Aquí se pueden mandar mensajes, llamar, pero ver Netflix es casi imposible", reforzó el hombre. Así continuó por la cubierta, mientras los cubanos lo seguían con los ojos como platos y ese gesto en la boca del que está saboreando una experiencia con la que ha soñado mucho.

El recorrido terminó y le tocó el turno a otro grupo de los que esperaban en la cola. La fila siguió creciendo a las afueras del barco. No todos los días los cubanos pueden volver a sentir que están sobre las aguas, sobre su mar.

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