Cuidar las ruinas, la tarea de muchos damnificados del tornado

Según datos oficiales, en la capital cubana unas 3.780 viviendas fueron dañadas por el evento climatológico

La casa de María Elena López estaba frágil mucho antes de que la furia del tornado se cebara en la ciudad más poblada de la Isla. (14ymedio)
La casa de María Elena López estaba frágil mucho antes de que la furia del tornado se cebara en la ciudad más poblada de la Isla. (14ymedio)
Luz Escobar

06 de febrero 2019 - 01:28

La Habana/María Elena López lleva más de una semana "con los nervios de punta". Atrincherada en la parte trasera de su vivienda en Luyanó, La Habana, vio cómo el 27 de enero las paredes se rajaron y por el techo entró la lluvia a raudales. Cinco días después, un arquitecto dictaminó que su casa debe ser demolida por los daños que sufrió aquella fatídica noche.

López vive en la calle Quiroga 169 y el pasado viernes contó a 14ymedio las causas de una tristeza que comenzó mucho antes de que soplaran aquellos vientos de 300 Km/h que ese último domingo de enero torcieron la vida de miles de habaneros.

López pasó años reclamando una vivienda, entre trámites y postergaciones. Finalmente logró que le otorgaran un local estatal que pudo poner a su nombre, encargar los planos para una reforma integral y solicitar un subsidio para comenzar las obras. Sin embargo, las ráfagas del vendaval destrozaron sus planes.

La ayuda para la reconstrucción que solicitó demoró tanto, que esta voluntariosa habanera se plantó frente a la oficina del Instituto de Vivienda de su municipio. No se movió hasta lograr la madera y los obreros para apuntalar la fachada del deteriorado local. "Ellos terminaron el trabajo el miércoles y el domingo pasó el tornado", recuerda.

Esa casualidad le salvó la vida. "Si no llego a reclamar como lo hice, la casa se nos hubiera venido abajo esa noche con todos nosotros dentro", calcula.

Según datos oficiales, en la capital cubana unas 3.780 viviendas fueron dañadas por el evento climatológico y 372 de ellas sufrieron derrumbes totales. La casa de López estaba frágil mucho antes de que la furia del tornado se cebara en la ciudad más poblada de la Isla.

Ahora, la pelea es por preservar el espacio. La mayoría de los propietarios afectados prefieren no moverse del lugar. El vandalismo y el temor a "perder por no comparecer" hacen que se mantengan entre las ruinas, mientras esperan que las autoridades evalúen los daños. Es una tarea de paciencia y de nervios, donde el que se cansa puede llevar la peor parte.

Así, cobijados en la sombra que proyecta el único muro que queda en pie de una casa, bajo algún árbol de la acera o protegidos en el portal de un vecino, los damnificados del tornado aguardan por una inspección gubernamental que ponga en números el daño que sufrieron y les facilite la compra de materiales de construcción a precios preferenciales.

Aunque el servicio eléctrico está prácticamente restablecido en las zonas más afectadas, el inventario de los destrozos apenas acaba de comenzar. Especialmente aquel que detalla los daños sufridos en la infraestructura doméstica, muy difíciles de calcular porque incluyen no solo las afectaciones arquitectónicas sino también la pérdida de electrodomésticos, de útiles hogareños y de pertenencias personales.

"Me pueden dar una ayuda para comprar cemento pero quién va a ayudarme a comprar un refrigerador, el colchón que perdí y la ropa que no sé a dónde fue a parar", lamentaba una madre de dos niños este lunes en Luyanó. "Todo esto me costó años de trabajo y lo he perdido en unos pocos minutos", reflexionaba.

El Gobierno ha advertido que implementará una bonificación para la compra de materiales de construcción equivalente al 50% del importe, pero la actuación oficial en otras ocasiones despierta la suspicacia. El tradicional desabastecimiento de acero, arena y ladrillos, hace temer a los damnificados del tornado que la solución pueda postergarse por meses o por décadas.

Con 64 años y el cansancio de quien ha transitado por un camino difícil, María Elena López asegura que cinco días después del tornado, a su casa "no ha venido nadie [del Gobierno]". Un arquitecto que inspeccionaba una vivienda cercana accedió a evaluar sus daños. "Vino y me explicó todo". El veredicto fue como un cubo de agua fría: "hay que demoler".

"El viernes por la noche se presentó aquí un militar, me puso la mano en el hombro y me dijo, no se ocupe que su casa se la vamos a hacer, pero yo no sé ni cómo se llama", lamenta.

"¿Después que demuelan a dónde voy?, cuestiona con un hilo de voz López, que teme que deba comenzar desde el principio ese camino burocrático que conoce muy bien. "Tengo que levantar la casa completa pero me dicen que los papeles del subsidio que una vez me otorgaron pero nunca me dieron están vencidos", asegura.

Cerca de su vivienda, el Gobierno instaló la Oficina de Trámites para los damnificados de esa zona de Luyanó. El lunes por la tarde eran muchos los que llegaban para obtener los documentos que les permitan acceder a un crédito. Algunos salen complacidos, otros se quejan de la burocracia, porque cuando "no falta un papel, falta un cuño".

En el local abundan las caras largas, los gestos nerviosos y las miradas que no se pierden ningún gesto de los empleados estatales que rellenan los formularios. A la atmósfera cargada por la impaciencia, se le suman la preguntas que quedan sin respuestas y que nadie sabe evacuar. "¿Cuándo comenzarán a reconstruir las casas?". "¿Se podrá acceder con este subsidio a los materiales de construcción que se venden en las tiendas en pesos convertibles?" “¿Todos los materiales que se enumeran en la lista, realmente están disponibles?”.

En la improvisada oficina, una jubilada se acercó este lunes a la mesa de los funcionarios que anotan los datos de los más afectados. "Tengo hijos en el extranjero pero no quiero llamarlos para esto", cuenta la mujer. "Llevamos días en que no podemos cocinar ni hacer nada, por suerte los de la iglesia nos traen comida a diario".

En un bolsillo de la bata de casa, la única prenda que salvó del tornado, la mujer lleva un tenedor y una cuchara, lo poco que le queda de lo que una vez fue su cocina, su casa y su hogar.

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